Jillina
domingo, 10 de noviembre de 2013

Danza árabe

Apostar por la Diferencia

Por Eliana Gissara

Con 20 años de trayectoria en la danza oriental, Jillina vuelve a arriesgarse en la mixtura de su troupe Bellydance Evolution, con una versión de Alicia en el País de las Maravillas, que estrenará en 2014

 

Hay artistas que son reconocidos por su técnica. Están los atrevidos, los vanguardistas, atemporales a su época. Otros son los disciplinados, trabajadores incansables y rigurosos que persisten en ser, cada día, mejores en lo suyo. Y, por supuesto, también están los artistas que marcan quiebres, rupturas en el estado del arte, para dar lugar a una nueva experiencia para los sentidos.

Jillina reúne todas estas características, pero si de definir se trata, lo suyo es la innovación, la apuesta por lo diferente. En una danza con un marcado sesgo individual, la bailarina estadounidense fue en busca de la comunión del grupo para llevar al escenario un estilo moderno, conocido mundialmente como bellydance. Mahmud Reda se había aventurado ya a la noción de conjunto desde el folklore egipcio, en la época de oro de la danza oriental. Pero en el nuevo milenio, Jillina se volcó por el raks sharqui actual, fusionado y camaleónico. Con Miles Copeland como productor integral, convocó hace más de diez años a las bailarinas más destacadas del momento para formar las Bellydance Superstars y, al frente de la dirección artística, supo plasmar originalidad en cada espectáculo. Tarea poco sencilla en este género.

Esa misma curiosidad está ahora puesta en Bellydance Evolution, la nueva troupe que la tiene como productora, coreógrafa y performer desde 2009. “Nos acercamos a las formas de arte ancestral desde una visión moderna. Incluimos estilo clásico egipcio, tribal fusión, raks sharqui moderno, danza contemporánea y hip hop teatral”, explica Jillina en diálogo con Balletin Dance.

De gira en Brasil, la bailarina realizó un alto en los ensayos para adelantar lo que será su próxima producción: Alicia en el País de las Maravillas. El título marca un antes y un después como directora: por primera vez Jillina realizará una versión de una obra ya consagrada. “En las otras dos producciones había reunido dramaturgos para crear una historia original, pero en este caso decidí recrear este clásico a través del lente de la danza de Medio Oriente, fusiones del mundo y hip hop”.

La compañía, que debutará en San Diego (California, Estados Unidos), estará compuesta por doce bailarines orientales y cuatro de danza tribal que deberán aprobar un riguroso casting. “Esta vez vamos a convocar también a una figura masculina de tribal y continuaremos, como lo hicimos anteriormente, con el programa de residencia que contempla la participación de bailarines locales en determinados momentos de la gira mundial”. El desafío es doble, por un lado seleccionar a unos pocos por medio de castings virtuales, a distancia. Asimismo, una vez elegidos, la producción se encarga de enviarles videos con información y dinámicas del rol para el cual fueron elegidos. Una semana antes de la función realizan junto a la coreógrafa un entrenamiento intensivo, para después ajustarse a todo el grupo.

“No somos la primera compañía de bellydance en hacer shows con argumento pero sí somos el primer elenco que realiza giras por todo el mundo con un repertorio definido. En la actualidad, casi todos los shows de bellydance son de tipo showcase, presentaciones individuales con bailarinas solistas. La diferencia está en que, desde su gestación, he pensado esta troupe de acuerdo a los fundamentos del ballet clásico, en el cual una historia es contada a través del movimiento y de la música”.

 

La evolución del estilo

Quien ha seguido la carrera de Jillina puede notar cierta continuidad a la hora de verla bailar. Esta bailarina no se ha caracterizado por transformaciones en su estilo o alteraciones en la estructura de sus coreografías. De líneas netas, intención en las caderas y vibraciones agudas, llevó su danza a más de cuarenta países incluido el desafiante Egipto, donde se la ha reconocido como una de las más importantes performers de la década. Versátil, se animó a bailar shaabi en el cierre del tradicional festival “Ahlan Wa Sahlan” acompañada por una orquesta de más de veinte músicos.

Jillina se piensa a sí misma como una bailarina y directora que “maduró en estos años”. Y agrega: “Personalmente disfruto bailar todos los estilos pero hacer clásicos de Um Kalthoum son mis favoritos. Hay mucho lugar para la emoción y la expresión en este estilo de tarab”, reflexiona.

“Disfruto la evolución en esta forma del arte y aliento a los bailarines a ser innovadores en sus creaciones, apelar a la fusión pero siempre con buen entrenamiento detrás y una sólida base en danza de Medio Oriente”.

El ensayo en Brasil ya está por reanudarse y la charla va alcanzando su fin. Holanda será el próximo destino, en una gira intensa que la llevará junto a Bellydance Evolution a 28 ciudades en poco más de un mes. “Viajar por el mundo me permite conocer bailarines con diferentes backgrounds. Por ejemplo, el estilo de los bellydancers de Argentina es muy definido y puedo reconocer si alguien es de allí enseguida, por la posición erguida de los brazos, giros agudos y flexibilidad. En cambio, el estilo ruso mantiene cierta esencia del egipcio, con giros más intensos y una fluida técnica de cadera. ¿Qué elijo yo? Es muy difícil autodefinirme, amo el estilo egipcio, tanto el clásico como el moderno, pero también disfruto explorar otras fusiones del movimiento que nos brinda este arte”.