Carla Pedicone
martes, 10 de abril de 2012

Danza árabe

En La Primavera de la Vida

Por Eliana Gissara

Con 20 años, Carla Pedicone se destaca como una de las revelaciones del bellydance: una combinación del “estilo argentino” y el frenesí de las grandes divas de Egipto

 

Comenzó a los seis años con clases de piano y danza en una academia de San Pedro, Jujuy, su ciudad natal. "Veamos cuánto dura esto", le dijo su madre a Norma, la directora, antes de iniciar su primera clase de jazz. Doce años más tarde abrazó a sus profesoras de flamenco, jazz y danza árabe para probar suerte en Buenos Aires, la gran ciudad.

¿Por qué decidió venir a Buenos Aires?

Desde muy chica tuve ganas de irme a estudiar a Buenos Aires. De hecho para mi cumpleaños de quince, le pedí a mis padres viajar una vez por mes para estudiar con Saida y poder rendir sus exámenes. Y así empecé a viajar 22 horas en colectivo para tomar clases por dos días y volver. Era un viaje larguísimo pero lo disfrutaba como nada. Finalmente, cuando terminé la secundaria, decidí irme a vivir allá y fue sin duda un gran cambio a nivel personal. Tener la familia lejos no es fácil, pero por suerte ya conocía mucha gente y me ayudaron a adaptarme más rápido.

¿Qué fue lo que le atrajo de la danza árabe?

En un principio iba a aprender danza árabe como cualquier otra danza, me gustaba pero no más que las otras. Me acuerdo que un día caminando por la plaza de mi ciudad vi un escenario armado, y conocí a quien luego sería mi maestra durante muchos años, Virginia Lazcano. Ella estaba bailando con una panza de 7 u 8 meses de embarazo, la vi y me encantó, al poco tiempo estuve tomando clases con ella. Eso me marcó mucho y hasta el día de hoy agradezco haberla visto.

 

En sus visitas a Buenos Aires, Carla no dudó ni un instante dónde iba a estudiar. “Cuando vi a Saida en la tapa del CD de Mario Kirlis dije: tengo que conocer a esa bailarina. Así como la mayoría de las adolescentes llenan su cuarto con fotos de cantantes y actores de Hollywood, yo empapelé mi habitación con sus fotos. Le escribía mails todo el tiempo y soñaba con conocer su escuela, tanto que llegó a pensar que estaba loca… ¡y creo que algo de razón tenía! Con el tiempo se transformó en mi referente y ejemplo a seguir. Hoy la admiro como el primer día o más, pero tengo el placer de conocerla como persona, maestra y directora”, cuenta la joven bailarina que no sólo recibió su diploma de profesora sino que también fue elegida por Saida para integrar el Ballet Rakkasah en el escenario del Teatro Astral, luego de finalizada la gala show de fin de año de la primera bailarina.

 

Egipto, antes y después

“El viaje a Egipto me cambió la cabeza. Tenía 17 años y muchas ganas de conocer el mundo. Aprendí muchísimo, era increíble ver en vivo y en directo todo lo que en algún momento leí y estudié de libros y apuntes. Conocer la cultura de su gente, sus costumbres, sus formas, tomar clases con distintos maestros, sin duda influyó mucho en mi danza. Volví a Argentina con otra perspectiva y aún más apasionada e inspirada”.

¿Qué es lo que siente cuando sale al escenario? ¿Qué es lo que más le gusta bailar?

Cuando salgo al escenario me siento completa, siento que es ahí donde quiero estar el resto de mi vida. ¡Me gusta bailar todo! Amo los temas árabes clásicos, me gustan mucho también las fusiones. Me apasiona la música y hoy en día agradezco a mis padres que no me dejaron abandonar mi carrera de piano, ellos insistieron para que me reciba de maestra. Me costó bastante y sin duda eso también influyó mucho, la música tiene un valor muy especial en mi vida. Es lo que me mueve, me transporta y me inspira.

En 2010 Jillina la convocó para su espectáculo Bellydance Evolution. ¿Cómo fue su participación?

Mi participación en Bellydance Evolution fue otra de las cosas que me marcaron para toda la vida. Trabajar con Jillina es sin duda un lujo, se aprende a cada instante. Compartí la gira por Estados Unidos, Venezuela y Argentina. Jillina fue súper exigente y me enseñó muchísimo. No podía creer estar bailando y tener a mi lado a Sharon Kihara, Kaeshi o Paul Dinletir. Fueron semanas de ensayar 8 o 9 horas diarias, tener la cabeza sólo en eso y trabajar mucho la energía en grupo. Bellydance Evolution me enseñó demasiado, entre tanto, la disciplina y la importancia del trabajo en equipo. Sin duda una experiencia inolvidable que espero repetir pronto.

Una agenda cargada

Actualmente, Carla se encuentra en Estambul, Turquía, dictando seminarios y shows en distintos festivales. A lo largo de los últimos tres meses visitó Italia, Francia, España, Alemania, Dinamarca, Rumania y Grecia, en una gira que se reparte entre trabajo, estudio y vacaciones. “Este tipo de viajes enriquecen mi carrera universitaria, licenciatura en Turismo; cada lugar visitado fue ideal para estudiarlo. Pero también tuve el privilegio de compartir escenarios y cruzarme con increíbles maestros como Mayodi, Raqia Hassan, Amir Thaleb, Munique Neith, Mo Geddawi, Mohamed Shahin, Soraya, Aziza, Amara, Ahmed Refaat y Mohamed Kazafy”.

“Dando clases, tomando clases, aprendiendo, enseñando, estoy disfrutando de lo más hermoso que me regala el mundo de la danza: la posibilidad de traspasar fronteras haciendo lo que amo, conociendo lugares increíbles y encontrando personas maravillosas y talentosas”.