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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Danza española

Fragmentos

Por Gabriel Vaudagna Arango

Guadalupe Aramburu, una bailaora que despoja el discurso del flamenco para hablar sobre los sonidos del silencio dialogó con Balletin Dance sobre su búsqueda personal y la creación de su obra Fragmentos

A su regreso de una gira por Japón con el grupo Kaminos, y en medio de los ensayos de la muestra de sus alumnas de fin de año y su cierre en los tablaos porteños, la bailaora rosarina afincada en Buenos Aires cuenta en esta entrevista aspectos de la creación de Fragmentos, el Color del Silencio.

Como muchas niñas, Guadalupe Aramburu comenzó a estudiar danza clásica en Rosario “desde muy chiquita”. Pero fue a los ocho años, cuando junto a una amiga descubrió Las Cosas del Querer “y lo bailábamos a nuestras familias”. Con tal vocación, pronto comenzó a estudiar danza españolas en el Centro Andaluz y en Alma Flamenca. “En un principio lo tenía como un plan de hobby, pensaba que la danza pasaría por allí. Al terminar el secundario empecé a estudiar ciencias políticas pero a su vez, comencé a viajar a Buenos Aires a tomar clases con Alicia Fiuri y Néstor Spada. Años después me di cuenta que quería dedicarme a la danza, me fui a España a estudiar un tiempo y al regresar me anoté en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA), donde cursé varios años de carrera y en paralelo estudiaba flamenco”. 

¿Cuál es su búsqueda dentro de la danza?

Lo que pienso en relación a la búsqueda, es que sea lo más verdadera posible. Lo más autentico con mi persona, no con el flamenco como un ente abstracto. Bailar desde mí misma para acercarme al flamenco como lo veo yo, como mi lenguaje, más real. Es decir: el flamenco es mi lenguaje y trato que sea lo más verdadero y sincero posible. Si bien es una cultura que en la Argentina adoptamos, es patrimonio de la humanidad y es un lenguaje para todos. Entonces, intento que esa búsqueda no sea desde la forma, que sea verdadera… no sé qué es ser flamenco. Yo bailo y me emociona esto que hago. 

El año pasado debutó su compañía, con la que hicieron este año varias presentaciones, pero usted también trabaja en elencos de otros artistas. ¿Qué diferencias aprecia entre su trabajo personal y el de otros, en relación a esta búsqueda por la verdad?

Ambas cosas me generan mucho placer. Cuando el proyecto es mío, cuando estás haciendo la dirección en nuestro país terminás haciendo de todo: dirigir, producir, bailar, coordinar ensayos, hablar con el teatro, etc. y eso también agota. Aunque lo propio da mucho placer cuando lo ves realizado. O también cuando una propuesta que se dispara en mí luego se transforma en un trabajo grupal, como sucedió en Fragmentos. Para este espectáculo si bien la estética minimalista, el sonido y las formas que quería plasmar surgió de mí, lo fuimos construyendo con las bailarinas y los músicos. Fue como una rueda, proponer algo, verlos, probar, y volver a hacerlo para ir descubriéndolo.

Por otro lado, el trabajo en una compañía me genera mucho placer porque sólo me dedico a bailar. Ser un papel en blanco donde el coreógrafo plasme su idea. Yo bailo, disfruto desde ese lugar, siempre respetando mi propio bagaje. En el caso de la obra Kaminos, que venimos de actuar en Japón, la coreógrafa Clara Gianonni nos dejó en los solos hacer lo que cada uno quisiera, nos dio libertad, pero nos dijo sobre qué palos trabajar. 

El flamenco tiene dos líneas muy específicas de mayor difusión: por un lado, la reproducción del tablao en el teatro a mayor escala y por otro, una línea más teatral quizás siguiendo los pasos de Antonio Gades, más asociada a contar una historia con una cierta carga dramática donde el flamenco es un lenguaje. En el caso de Fragmento se puede ver una línea diferente, un flamenco despojado de toda dramatización pero que sin embargo no reproduce un tablao, donde la composición coreográfica tiene un valor mayor.

¿De qué manera fue producido o pensado y cómo respondieron las bailarinas que participaban del mismo?

Es como la confluencia de una par de ideas. Por un lado el concepto del flamenco entre comillas, ¿qué es flamenco? ¿y qué no lo es?. Mi pregunta es: ¿flamenco son los lunares, los volados, la peineta, todo eso (que me encanta)? Yo quería ir más allá, ir al despojo del flamenco. Quitarle los adornos. Me pregunto: ¿Es necesario, para bailar por alegrías, ponerse una flor en la cabeza? Confiar en que podemos construir un flamenco con el despojo absoluto, llegando a lo más central del flamenco, su esencia.

Esto me surge de pensar en algo minimalista, una música, una estética, el vestuario, que de alguna manera tiene algo muy lineal. Quería que todas las bailarinas seamos una, pero a la vez, ver las individualidades y lo pensé desde el trabajo coreográfico, incluso idear momentos muy fríos, momentos uniformes que simultáneamente rompan con las individualidades de cada una. Algunos detalles, quizás como grotesco, si me pongo una peineta que se vea y que represente el todo en un solo elemento. 

El discurso del flamenco está conformado por las peinetas, los lunares, los volados, el color, rojo, la fuerza, etc. ¿Podría decirse que Fragmentos es el anti-discurso del flamenco con un flamenco muy potente? ¿La ruptura del discurso del flamenco utilizando el mismo flamenco?

Esa era un poco la idea, buscábamos algo flamenco pero sin nada más. Sólo dos guitarras, dos cantes, no hay otros instrumentos. Con eso es suficiente. A pesar de que me gusten los otros instrumentos, pero buscaba el contraste y la fuerza desde el despojo. Recrear lo más primitivo del flamenco con una visión moderna, desde la danza y el vestuario, lo coreográfico más asociado al ballet o a las formas que recrea el ballet para luego romperlas. 

Las líneas y dibujos escénicos de esta obra no son tan frecuentes en el flamenco como en otras danzas ¿Cómo fue esta composición?

El bagaje que uno tiene es importante, antes pensaba que cada danza (o cada cosa) era por separado, hasta encontrarme con que todo estaba mezclado, que todo era parte de mí, el teatro, la danza contemporánea y el flamenco, las clases en el IUNA, la fotografía. Cuando armaba Fragmento veía fotos de las situaciones, desde allí pensaba líneas… Yo veo la vida en fotos, en imágenes, por ejemplo el bis de la obra era una foto de la feria. Después uno puede pensar que el color del silencio… la grafica o el mismo título pueden generar diferentes cosas, es una línea muy sutil en la cual está muy solapado lo que se quiere decir: esta idea del silencio.  

¿Volverá a escena Fragmento el próximo año?

Sí, planeamos hacer algunas funciones en el interior y seguro haremos funciones a partir de abril aquí en Buenos Aires. 

¿Quiénes forman parte de la obra?

Los músicos: Esteban Gonda, Aller Díaz Ferrer, Maxi Serral, Pájaro Ausina, Alvaro González, Moni Poblete y en baile Cintia Molina, Belén Moraña, Paz Vera, Agustina García y Lorena Espinosa.

 


 

 

 
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