Inicio arrow Mayo 2014 (Año 21 - Nº 231) arrow Carlos Acosta
Narrow screen resolution Wide screen resolution default color green color orange color

Suscripción (impresa)

Suscripción individual a la edición impresa

 

Balletin en Facebook

Seguinos en Facebook

Balletin en Instagram

 Seguinos en Instagram

Balletin en Twitter

Twitter
Carlos Acosta Imprimir E-Mail
viernes, 10 de octubre de 2014

Internacionales | Cuba

Carlos Acosta: entre Londres y La Habana

Por Mercedes Borges Bartutis

Carlos Acosta no sólo pertenece al ballet cubano, ni a la cultura cubana. Este “mulato de oro” es la inspiración de cientos de niños de la Isla grande del Caribe, que sueñan con ser bailarines, pero ser bailarines como Carlos Acosta. Así que cuando se conoció la noticia del próximo retiro de la danza clásica al final de la temporada 2015-2016, de este descomunal intérprete, muchos en Cuba se pusieron tristes y con razón

Junior, sobrenombre que todavía la gente le dice, nunca se ha dejado confundir por la fama, nunca ha dejado de vincularse con su país; incluso cuando muchos intentaron convertirlo en un “artista independiente” del Ministerio de Cultura cubano, Acosta insistió en demostrar que le interesaba su país. Para ello volvió siempre que pudo a las ediciones del Festival Internacional de Ballet de La Habana.

Entre sus acciones más rotundas, de los últimos años, están su gira nacional con un espectáculo hermoso por toda la Isla, y traer a La Habana al Royal Ballet del Londres en pleno, con funciones en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana y el Teatro Karl Marx, un coliseo de unas cinco mil capacidades, en una de las mayores demostraciones de amor por su patria.

Su proyecto más reciente fue el espectáculo Cubanía, un intento de llevar la cultura cubana al Covent Garden. La crítica lo recibió dividida. Para algunos fue demasiado organizado, demasiado limpio, con un perfeccionismo que no hace a la pieza de ningún favor, dicen que le falta la espontaneidad, algo que define la vida callejera. Para otros fue un gran divertimento.

Acosta confesó públicamente: “El espectáculo cumplió su objetivo: es divertido, popular, es un show de verano para que la gente lo disfrute”, declaró el bailarín, y agregó que “al final terminamos con la conga usual de Tocororo, que es lo que se quería para atrapar a gente más joven, con otra visión y romper un poco con el estilo del clasicismo de ese teatro”. Con esos argumentos llegó este agosto a La Habana. Defendiendo su espectáculo de la mirada incisiva de la crítica londinense.

En este verano, considerado uno de los más agresivos de los últimos años, Carlos Acosta decidió casarse en La Habana. La boda fue “discreta” en cuanto a número de asistentes. Solo los amigos, que llegaron de muchas partes del mundo, y para algunos invitados necesarios. Carlos se cuida mucho de las miradas indiscretas, anda por La Habana con un bajo perfil, y después de los festejos del matrimonio, se fue a Varadero de luna de miel.

Acosta siempre tiene planes y Cuba permanece incluida en ellos. Algunos se han malogrado y otros se mantienen latentes hasta que puedan alcanzar su consolidación. Tras dejar a un lado el proyecto de crear una academia en el espacio de lo que hubiera sido la escuela de ballet, perteneciente al complejo de escuelas de arte de Cubanacán, Carlos se ha concentrado en organizar su retiro. Lo hará con una versión de Carmen para el Royal Ballet de Londres, compañía donde es bailarín principal invitado desde hace once años.

En declaraciones exclusivas al diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Acosta comentó: “con Carmen voy a despedirme de los escenarios del mundo en el repertorio clásico, pienso girar por Nueva York, presentarme en el Metropolitan Opera House, y en algunos escenarios de Londres, por supuesto, y en otros donde he bailado en varias ocasiones, como el Bolshoi. Toda esa temporada sería como decir adiós al repertorio clásico y entonces espero en ese momento tener mi compañía creada”.

Una compañía de ballet con un repertorio de corte neoclásico y  contemporáneo, con bailarines cubanos, y asentada en La Habana, donde piensa radicarse. La idea es genial y estimularía el desarrollo del ballet en Cuba.

Sin embargo, tiene el peligro de encontrar muchos tropiezos. En La Habana sólo ha vivido y vive el Ballet Nacional de Cuba. Los otros intentos de consolidar alguna compañía clásica en la capital de la Isla han fracasado. Pero crucemos los dedos para que los planes de Carlos Acosta se den, pues sería un estímulo grande para los jóvenes que se gradúan de la Escuela Nacional de Ballet y que no miran el ballet clásico como la única opción, en el desarrollo de sus carreras. Sería, además, una puerta diferente en el abanico de estéticas de danza que conviven en el país.

Cargando a sus espaldas un abultado equipaje de premios y condecoraciones, en muchas partes del mundo, Acosta tiene colaboradores dentro de Cuba, decididos a apoyarlo plenamente en sus proyectos. Pero se ha cuidado de expresar a través del periódico más importante, que desea tener su compañía en La Habana y quedarse a vivir en Cuba. Son declaraciones de gran peso, cuando generalmente los artistas de la Isla son protagonistas de un éxodo permanente.

Dividido entre Londres y La Habana, Carlos Acosta con 41 años, está pensando dedicarle a Cuba todos los años de ausencia, está pensando dedicarse el tiempo que no ha podido compartir y disfrutar con los suyos. Ya no volverá a Los Pinos, el humilde barrio de donde su padre lo sacó para que estudiara ballet. Ahora, una casa enorme acogerá el torrente de ideas y proyectos que rondan su cabeza. Ha trabajado duro, lo ha hecho bien, le ha salido espectacular. Atrás quedarán las operaciones de tobillo, terapias, lastimaduras, recuperaciones y cientos de dolencias. Hoy, es la inspiración de muchos bailarines jóvenes que sueñan tener una carrera similar a la suya. Sólo que Carlos Acosta hay uno solo: ese despampanante mulato de oro, que por más de veinte años ha dejado con su arte, un poco de Cuba en todas partes.

 


 

 

 
< Anterior