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viernes, 10 de octubre de 2014

Entrevista

Despacito y a Compás

Cristina Hoyos, Las Mujeres y el Baile Flamenco

Por Gabriel Vaudagna Arango

 

Invitada por el Ministerio de Cultura de la Nación, Cristina Hoyos llegará a Buenos Aires para inaugurar una muestra fotográfica de Antonio Gades y brindará una conferencia ilustrada, en la que también bailará, con entrada gratuita

 

Cristina Hoyos ha preparado especialmente para esta ocasión, la conferencia ilustrada Mis Antecesoras, El Lado Femenino del Baile Flamenco que tendrá lugar el lunes 27 de octubre en el Teatro Margarita Xirgu. Si bien al cierre de la presente edición de esta revista todavía no se había definido la manera en que serían entregadas las entradas, la información será publicada inmediatamente en el sitio de internet y en la fan page de Facebook de Balletin Dance.

Asimismo se expondrá la muestra fotográfica Flamenco en Argentina con obras de Oscar Balducci -fotógrafo de Antonio Gades- que se ofrecerá por un mes desde el 28 de octubre en la casa del Bicentenario de la ciudad de Buenos Aires, antes de partir con rumbo a Sevilla, pues han sido donadas en su totalidad al Museo de Baile Flamenco que dirige la propia Hoyos.  

En diálogo exclusivo con Balletin Dance (ver recuadro) la genial bailarina, que conserva la tradición del baile flamenco dignificándolo constantemente con su hacer, actualizado, sin ofrecerlo como a una pieza antigua, se explayó en torno a la coyuntura del género. 

Antiguamente las bailaoras cantaban y tocaban los palillos, como las míticas Carmen Amaya o Antonia Mercé “La Argentina” ¿por qué se perdió esta tradición?

Si, así es. La verdad, no lo sé por qué se ha perdido, todas estas bailaoras -Antonia Mercé, Encarnación López, Pilar López- empezaban bailando clásico español, donde es habitual tocar los palillos y después adaptaban el flamenco en sus espectáculos e introducían la castañuela, como estaba más valorado el cante, luego cantaban un poquito para tener algo más y engrandecer sus repertorios. 

¿Es cierto que en la actualidad las bailaoras sólo quieren ser catalogadas como bailaoras y no como bailarinas con una preparación en otras danzas?

Sí, bueno, hoy en día las bailaoras están muy preparadas también, pero no tienen la base extremadamente clásica, ni tampoco la que tenían las bailaoras que hemos nombrado anteriormente, ésas eran bailarinas que adaptaban en sus espectáculos el baile flamenco. Pero hoy en día, la bailaora empieza a bailar flamenco de muy pequeñita sin hacer clásico español. Se suelen preparar, porque técnicamente todo ha ido avanzando y hay que estar habilitada, entrenar el cuerpo y saber otras cosas. Algunas sí desarrollan las castañuelas. Pero hoy en día se le dice bailaoras a las que comienzan a bailar flamenco.  

¿Qué diferencias encuentra entre la forma de baile flamenco de su generación y la de ahora?

El flamenco ha ido evolucionando, como decía antes, las bailaoras están muy preparadas y se hace mucha más técnica. Quitando a Carmen Amaya que era especialista en zapateo, las bailaoras de entonces zapateaban muy poco y puedo decir que estaban menos preparadas en ese sentido, hoy en cambio se acercan mucho más a la forma de bailar de los hombres, zapatean más, hacen más vueltas, hay más virtuosismo que antes. 

¿Qué es lo más importante a la hora de bailar?

Lo más importante es que el baile para ti sea lo principal, que ames el baile por encima de todo y hagas del baile tu forma de vida. Y entonces a partir de allí, lo más importante es bailar y bailar flamenco y allí viene un camino, bailar, ensayar mucho, trabajar mucho y adquirir tu propia forma de bailar tu propio estilo. Y allí puedes destacarte por encima de otros, porque has elegido y encuentras esa forma de bailar que te dará algo especial. 

¿Cómo se vive el vacío del escenario, ahora que está bailando menos?

Lógicamente tengo una edad y bailo menos, estoy casi retirada aunque no del todo, porque yo dije que me voy a retirar como he llegado: despacito y a compás. Entonces si hay un espectáculo con un argumento en donde pueda desarrollar un baile más pausado, más de acuerdo a mi edad, lo bailaré, pero no voy a ponerme a medirme con una jovencita que baila con otra fuerza. Así que lo que hago es ayudar a los jóvenes, montar algún espectáculo, dirigirlo, hacer la coreografía, hacer algunos cursillos especiales y entonces sigo vinculada al baile.

¿Qué es lo que echa de menos de bailar?

Lo que más echo de menos serán los nervios que se pasan cuando uno sube al escenario, esos nervios de tener un debut, de hacer ciertas cosas. Eso se echa de menos. Por lo demás no, porque estoy vinculada al baile y sigo haciendo cosas.

Reviendo su carrera ¿tiene una mirada crítica sobre su trabajo, o es dura consigo misma?

Yo creo que en mi vida profesional he hecho cosas muy bonitas, que he tratado de dignificar el baile flamenco. Todos los espectáculos que he hecho tienen una dignidad grande y he tenido la suerte de que casi todo ha gustado muchísimo. Siempre llevamos buenos bailaores y bailaoras en mi ballet, muy buenos cantaores y guitarristas. Mi carrera ha estado bastante repleta de muchas cosas y de éxitos, ha sido una carrera que me resulta buena y bonita. 

¿Cuál ha sido su búsqueda en el baile flamenco?

Mi búsqueda ha sido que todo fuera de calidad, siempre hacerlo bien y a la hora de salir a bailar que sea la mejor noche de todas. He tratado de hacer cosas lo mejor posible, que todo fuera estupendo, y que el espectador se emocionara mucho en su butaca. Porque hay que transmitir emoción con el flamenco, que el público salga contento y emocionado. 

¿Usted baila para usted o para el público?

Cuando salgo a bailar para el público, lo hago para el público. Pero siempre, indiscutiblemente, la primera que tiene que estar emocionada y contenta soy yo, para poder trasmitirlo. Eso es lo que hay que hacer, una tiene que ser la primera emocionada y contenta, es decir, una se tiene que decir: voy a salir a bailar, voy a disfrutar, voy ha hacerlo muy bien. Eso tiene que ser cada vez que se sube a un escenario. 

¿Usted es consciente de que es parte de la construcción histórica del baile flamenco?

Bueno yo he tratado… He puesto el Museo para elevar el flamenco a ese ámbito. Ese ha sido siempre mi objetivo, dignificar el baile flamenco al máximo y darle la categoría que tiene que tener. Es una manera de devolverle al baile lo que el baile me ha dado a mi. A mí el baile me ha dado todo, me ha dado lo máximo, el poder desarrollarme, el estar en un escenario, recorrer todos los países. El baile me ha dado a mí hasta el amor, porque he conocido a mi pareja a través del baile, y también grandes amigos. Lo que puedo hacer por el baile para elevarlo al máximo es justamente poner un Museo, podría haber creado una escuela, pues sí, pero hay muchas escuelas. 

¿El Museo de Baile Flamenco es su legado?

Bueno legado es el Museo y también dejo mi forma de bailar. Creo que he sido una bailaora que trató de ir con el tiempo a la vez de ir evolucionando. Tengo una forma de bailar propia, de cuerpo, de brazos. Hay muchas bailaoras que han tratado de seguir mi forma de bailar, eso es ir evolucionando con el tiempo. 

Usted presentará en Buenos Aires una conferencia sobre sus antecesoras, pero ¿quiénes serán sus herederas dentro del baile flamenco?

Ahora hay un abanico de gente joven que baila muy bien. Heredera no se, porque yo creo que cada persona que ha triunfado o ha tenido un ballet como yo, tienen su forma de bailar. Una trata de continuar, para que las demás sigan teniendo esa escuela, pero por supuesto que no se puede decir ‘aquella chica baila muy bien, es de la escuela de Cristina Hoyos’. Porque para llegar a ser alguien importante yo creo que hay que decir ‘se parece, pero tiene otra forma, se parece...’ Cada uno tiene que coger su manera y su forma para ser distinta.  


Testimonial

Por Gabriel Vaudagna Arango

Cuando la redacción de Balletin Dance me comunicó que entrevistaría telefónicamente a Cristina Hoyos porque vendrá este mes a Buenos Aires para realizar una serie de eventos, respiré profundo. Para mi Cristina Hoyos no es sólo una gran bailaora y artista, sino una mujer increíble.

Acto seguido Pablo Enriquez, productor del evento junto a Cecilia Rosseto (quien donó las fotografías), se comunicó conmigo para darme toda la información sobre los acontecimientos, que incluyen la muestra de fotografías y la conferencia sobre el baile flamenco.

Recuerdo que la primera vez que vi a Cristina Hoyos, fue al cruzarme con ella por la calle en Montevideo, donde presentaba Arza y Toma, allá por el año 1999. La veo del brazo de su compañero y bailaor de toda la vida, Juan Antonio, caminando por la Calle 18 de Julio del centro de la capital uruguaya, y le digo: ‘perdone, usted es Cristina Hoyos’. Cuando lo confirmó, le expliqué que había viajado desde Buenos Aires para verla actuar y que quería hacerle una entrevista para una revista. Inmediatamente me preguntó si ya tenía mi entrada para esa noche, puso su mano en el bolsillo: ‘toma este ticket’. Quedé paralizado en medio de la plaza, me citó a las cinco de la tarde para la entrevista, y siguió camino a su hotel donde descansaría hasta entonces.

Pasó el tiempo, vi su espectáculo, me enamoré de varias de sus obras que presencié luego en Montevideo, en Buenos Aires y en Sevilla.

Años después, en 2007, caminaba por la calle Sierpes de Sevilla con una colega bailaora hablando del espectáculo Romancero Gitano que la Compañía del Ballet Flamenco de Andalucía con dirección de Cristina Hoyos, había estrenado la noche anterior en el Teatro Maestranza. En medio de la peatonal atiborrada de gente, casi al punto de chocarnos frente a frente, estaba ella, con un pañuelo en la cabeza y un manto color crema que cruzaba su espalda, caminando del brazo de una amiga. Una vez más le dije ‘Cristina, soy de Buenos Aires, he venido a verte, anoche asistí al estreno de tu obra’. Otra vez el destino la revelaba ante mi, en su cotidianeidad, despojada y simple. Mi amiga nos tomó una fotografía, la saludé y cada uno continuó con su andar.

Varias veces más me la he cruzado, y el azar contribuyó a que pueda verla actuar en variadas ocasiones. Cristina Hoyos es de esas bailaoras que dan amor en el escenario, que no busca el efecto, que hace que uno quiera seguir bailando, quiera seguir viéndola, disfrutando y emocionándose a cada instante por su flamenco.

Al contraer la responsabilidad de entrevistarla el mes pasado, comencé a temblar, debo confesar que estaba más nervioso que si hubiera estrenado una obra. Era un mediodía soleado en Buenos Aires y desde mi casa, con mi ordenador [computadora] encendido, volví a hablar con ella, quien en un cálido día de verano, desde su Sevilla, se hizo un tiempo para contarme coloquialmente, sobre su baile, sus ideas, y opniniones.

 


 

 
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