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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Entrevista

Maximiliano Guerra y el Arte Infantil

Por Noelia Leiva

Un Circo Danzado, una obra de teatro infantil dirigida por Maximiliano Guerra, coreografiada por Gabriela Pucci, que apuesta a la danza como lenguaje circense, recorrerá espacios abiertos porteños con entrada gratuita, hasta fin de año. Busca ofrecer a los niños una propuesta cultural distinta a la televisiva, a la vez que fomenta la formación de nuevos bailarines

 

Una niña se sentía muy aburrida hasta que algo cambió: aparecieron payasos, un león, una pantera y, sobre todo, la magia. Esa invitación a sonreír es la bisagra para que empiece a rodar Un Circo Danzado: el Regalo, el espectáculo que dirige Maximiliano Guerra junto a Patricia Baca Urquiza en el que bailarines se ponen en la piel de personajes de fantasía.

Balletin Dance dialogó con Maximiliano Guerra y Gabriela Pucci sobre el trabajo en el escenario y el objetivo de trascender el formato tradicional del arte para llevar la obra a espacios abiertos de diferentes barrios porteños, con el aval de Mecenazgo, el Régimen de Promoción Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (una forma de financiar las actividades culturales, basada en un incentivo fiscal para las empresas porteñas que aportan a Ingresos Brutos).

¿Por qué optaron por un espectáculo infantil?

Maximiliano Guerra: El espectáculo surgió en 2007, cuando Patricia se lo encargó a Gabriela. Con situaciones casi irreales, como las de los cuentos, logramos que los grandes se entretengan y que para los chicos sea atractivo, porque son los mismos bailarines los que interpretan al león o a los payasos. Contamos con música creada especialmente, que es muy divertida, y que incluye mucho del repertorio clásico con la idea de dar información: si alguna vez lo vuelven a escuchar, lo podrán reconocer. Es increíble la respuesta de los chicos, para ellos son vacaciones del círculo televisivo, porque no ven en el teatro lo mismo que en la pantalla chica.  

Gabriela Pucci: Lo que más valoro del espectáculo es que no sólo el público sale lleno sino también quienes están sobre el escenario, que no siempre pasa. La propuesta fue hacer un espectáculo dinámico, con muchos colores, cambios de vestuario y de luces y una historia muy simple para que la puedan entender personas de 0 a 99 años.

MG: Nos pasaron cosas mágicas con esta obra, como que niños con autismo tuvieran reacciones de afecto. La danza es bárbara porque no te obliga a entender la palabra. Te sentás y recibís, tu conexión te hace armar tu propia historia. Permite que el público crea, de creer y de crear. 

Además de tener esa capacidad creadora, el público infantil es auténtico en sus devoluciones ¿Cómo lo trabajaron con el plantel?

MG: A través de la Fundación [que lleva su nombre, Maximiliano Guerra], juntamos a alumnos Premium PBU[1] de la Fábrica de Arte con el Ballet del Mercosur, con el objetivo de darles un instrumento más al contactarse con profesionales. Crecen un montón con este espectáculo porque la mayoría de las técnicas que ven en la escuela se puede aplicar al circo, como la danza árabe. Cuando yo era joven, lo clásico estaba de la Avenida Corrientes hacia acá y lo contemporáneo del otro lado, en el San Martín. Pero acá tratamos que no se acostumbren a hacer sólo clásico porque todas las danzas complementan y apoyan un espectáculo. 

En la obra hay momentos de pleno contacto con el público ¿Subyace un objetivo social en la obra y en ustedes como bailarines?

MG: Los ingleses mencionan a los artistas de la mejor manera, los “entretenedores”. Somos eso, consecuencias de un país, una sociedad, una cultura; pero también tenemos nuestras ideas. Creemos que por encima de todas las cosas el arte es sanador y que nuestra función es que la gente se vaya contenta, con una imagen en la memoria, para que vuelva a buscar otra.  

¿Queda por delante visitar barrios porteños?

MG: Sí. Por ejemplo, hace poco dimos una charla con Patricia y un vecino de Parque Centenario pidió que fuéramos a bailar ahí. Así van surgiendo distintos barrios. A mí me encantaría, aunque necesitamos que la Ciudad nos acompañe en la logística.

BULGARIA, VERTE OTRA VEZ

¿Cómo fue volver al Concurso Internacional de Ballet de Varna este año, que lo consagró como bailarín y ahora lo convocó como jurado?

MG: Es la segunda vez que voy y moviliza muchos lugares, mucha historia. Es fuerte darle la mano a alguien que tiene las mismas ilusiones que tuve yo hace 25 años, encontrarte con referentes de la danza y discutir con ellos sobre cómo se debe ejecutar una pieza. No me gusta ponerle números al arte pero esa fue la metodología para evaluar y traté de contemplar el vestuario, cómo se presentaban en escena, toda la performance. Me dio tristeza no ver representación argentina.  

¿Hubo alguien que lo haya sorprendido desde la técnica?

MG: La técnica no me sorprende más, que haga piruetas, esté en equilibrio, dé saltos… pero si además de eso te emociona y te hace vibrar, es otra cosa. Por eso es tan difícil encontrar medallas de oro en las competiciones. Los jóvenes creen que lo seguro es la técnica y eso es un error porque puede fallar. Lo que nunca falla es el alma. 


[1] Los alumnos Premium PBU (Patricia Baca Urquiza) son seleccionados anualmente mediante una audición y obtienen una beca (casi el 70 % del costo de las clases está bonificado) para cursar de lunes s sábados varias disciplinas de la danza, charlas especiales y preparación para concursos.

 
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