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jueves, 10 de julio de 2014

Entrevista

Palabras Danzadas

Por Daniel Sousa

Laura Falcoff es una de las críticas de danza más reconocidas del país. Sin embargo, pocos saben que se inició como bailarina de danza moderna, dirigió su propia compañía, coreografió para Hugo Midón y este mes reestrena una de sus obras con el Ballet Contemporáneo del Chaco  

De tanto leer su firma en entrevistas y críticas de danza publicadas en el diario más vendido del país, Laura Falcoff se ha convertido en la periodista que todo director de un espectáculo de baile aspira a tener en su platea el día del estreno. Son casi treinta años de trabajo dedicados a ver y difundir esta rama del arte tan sacrificada y al mismo tiempo tan soslayada por los grandes medios de comunicación.

De la Opera de París al teatrito independiente más alejado del centro de Buenos Aires, Falcoff ha visto cientos, miles de obras de danza de todos los géneros, y las analiza en sus comentarios con la minuciosidad de un orfebre. Sin embargo, hay un aspecto de su vida que pocos conocen y es que ella misma es bailarina y coreógrafa, que supo tener su propia compañía de danza en La Plata, que trabajó codo a codo con Hugo Midón y, después de un impasse, retomó con fuerza el trabajo como maestra y coreógrafa en el año 2004.

Nacida en el seno de una familia formada por una docente y un abogado, no había antecedentes artísticos entre sus afectos más cercanos. Sin embargo, “mis padres eran muy lectores y les interesaba mucho la danza -comenta Falcoff-. Recuerdo que fuimos a ver compañías como las de José Limón y Katherine Dunham cuando estuvieron en Buenos Aires. Había en mi casa una atmósfera de mucho interés por el baile”.

Comenzó estudiando danza moderna cuando tenía ocho años. “A esa edad, otras nenas aprendían ballet clásico, pero mi madre fue siempre muy de avanzada, no se guiaba por las convenciones de la época, entonces eligió la danza moderna para mí”.

Ya en la pre-adolescencia se inició en la danza clásica. Se casó joven y se mudó a La Plata, donde siguió formándose en la escuela del Teatro Argentino en la época anterior al infausto incendio de 1977. A los 17 años empezó a dictar clases de iniciación a la danza para niños, actividad que extendió luego a los cuerpos docentes que trabajaban con ellos. En 1982 fundó su propio grupo de danza, con el que trabajó casi un lustro. Para entonces ya había incursionado también en la técnica Graham (con Carlos Fabri) y en el folklore, y más tarde en el contact improvisation.

Escribir le gustó desde siempre, admite. Por entonces la editorial Ricordi publicó un libro suyo titulado Bailamos. Experiencias integradas de danza y música para la escuela, con herramientas útiles para los docentes en las clases de iniciación al movimiento. Un amigo le avisó que en el diario Página/12 necesitaban una periodista con conocimientos de danza, y allí fue. Trabajó para esa publicación durante cinco años. “Fue un camino no previsto, que me fue absorbiendo de una manera impensada”, reconoce. Paralelamente, daba clases en la escuela de Hugo Midón, para quien hizo también coreografías de algunos de sus espectáculos. De Página/12 pasó al diario Clarín (donde todavía trabaja), y comenzó a escribir para las revistas del Teatro Colón y del San Martín. Su actividad como maestra y coreógrafa se redujo casi por completo, hasta 2004. 

¿Qué la decidió a volver?

Un compositor, Mariano Etkin, me propuso hacer la coreografía de una obra que se estrenaría en el CETC (Centro de Experimentación del Teatro Colón). Formaba parte de un ciclo llamado En Claves, que reunía a artistas de distintas vertientes. Entonces invité a dos bailarines del Colón, María Eugenia Padilla y Rubén Gallardo, y creé una obra para ellos. Ese trabajo me hizo dar cuenta de que no quería dejar de lado esta actividad que me gusta tanto y que había quedado tan relegada en mí.

Dos años después de esa rentrée, junto con su hija Camila Villamil, bailarina de tango, formada también en la técnica contemporánea, se animó a crear una obra de cámara dedicada enteramente al dos por cuatro, una de sus aficiones. Anoche. Un Baile de Tango reunió sobre el escenario a seis bailarines (Camila incluida) para recrear la mágica atmósfera de una noche de milonga.

Ya en 2012, una ex alumna la invitó a crear una pieza para un festival de espectáculos infantiles. Así nació Mundodanza, obra para la que convocó a seis bailarines del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. “Anduvo fenómeno, así que después del festival la reestrenamos, y este mes vuelvo a hacerla con el Ballet Contemporáneo del Chaco y, con el elenco original, en vacaciones de invierno, en la Usina del Arte, aquí en Buenos Aires”, se entusiasma. 

Siendo usted crítica de danza, ¿esto la condiciona de algún modo al momento de crear una coreografía?

La verdad que no. Yo relativizo mucho la crítica. Cuando escribo asumo un compromiso muy fuerte conmigo misma. Siempre tengo presente que esa crítica que hago surge de algo que vi una sola vez, y que si era la segunda función seguramente fue peor que la primera. Es cierto que en los años en que escribía en Página/12 nos empujaban a que hiciéramos críticas muy ácidas. Quizás inconscientemente absorbí parte de ese estilo de hacer crítica. La crítica es un género muy difícil, hay que ser muy claro, tener en cuenta que uno escribe para un público que seguramente no vio la obra. Permanentemente me hago preguntas sobre este género, cada vez que veo algo me planteo cómo encararlo. Por eso lo relativizo en relación a mí misma y a los otros críticos. Por otro lado, siento que tengo una mirada sobre la danza, de alguien que hace danza, y eso es un plus muy importante. Una persona me preguntó una vez si habiendo visto tanta danza yo tomaba cierta distancia de lo que estaba viendo, y no, todo lo contrario: por ser alguien que hizo danza toda la vida, puedo disfrutar de un bailarín maravilloso mucho más que alguien que no está acostumbrado a ver danza. Cuando una obra me gusta mucho quizás voy a verla una segunda vez para disfrutarla plenamente. Eso no lo haría nunca un crítico que no tiene una formación de danza. Para ellos es un trabajo del que sí pueden tomar distancia. Ahora, la felicidad que produce la admiración por un artista o por una obra bien estructurada, no la siente alguien que no está en esto. 

Sus tres hijos son artistas en distintas ramas. Evidentemente, han heredado de usted ese apasionamiento…

Sí, a los tres les gusta la danza. Soledad (Villamil) es actriz y cantante, Nicolás (Villamil) es músico y compositor, y Camila es coreógrafa y bailarina. Con ella estamos más mano a mano en esto, pero todos disfrutan por igual. Seguramente tenga que ver que desde muy chicos han ido mucho a ensayos conmigo porque a veces no tenía con quien dejarlos. Afortunadamente, eso no los alejó del arte sino que, por el contrario, los acercó. 

Su trabajo más reciente, Todos o ninguno, se estrenó en una plaza. ¿Cómo nació la idea?

Presenté un proyecto en el festival Ciudanza y me lo aprobaron. Es una pieza para siete bailarines, que el mes pasado repetimos con buena repercusión en la Casa del Bicentenario. En Ciudanza me interesó como espacio el Parque Los Andes, por el que paso habitualmente. El parque tiene caminos muy largos y mi intención fue que la obra tomara un recorrido extenso. Empezaba en un punto y terminaba muchos metros más allá. Trasladarla a la Casa del Bicentenario implicó adaptarla a un recorrido más corto, pero que igualmente pudimos cumplir.

Por estos días Laura Falcoff viaja a Resistencia para ultimar los detalles del estreno previsto con la compañía oficial de la provincia. Hasta el mes pasado, el elenco era dirigido por una ex integrante del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, Mariela Alarcón, quien asumió ahora como directora de la Casa de las Culturas. La reemplaza al frente de la compañía Erica Ferrazzano.

“Me siento muy feliz de poder hacer Mundodanza con ellos porque es un grupo precioso, que ya trabajó con Carlos Trunsky, Alejandro Cervera, Leonardo Cuello. Es una compañía relativamente nueva, con doce bailarines muy entregados, lo que me permitió armar dos repartos para que puedan llevarla por muchos lugares”. 

Una obra de danza contemporánea para chicos no es una propuesta habitual…

Es cierto. Pero Mundodanza tiene muchas pinceladas de humor y tanto los chicos como los grandes se divierten mucho. Lo que vivimos en la temporada 2013 en Hasta Trilce fue maravilloso y sé que en el Chaco se va a repetir.

 


 

 

 
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