Inicio arrow Mayo 2014 (Año 21 - Nº 231) arrow Agustina Galizzi
Narrow screen resolution Wide screen resolution default color green color orange color

Suscripción (impresa)

Suscripción individual a la edición impresa

 

Balletin en Facebook

Seguinos en Facebook

Balletin en Instagram

 Seguinos en Instagram

Balletin en Twitter

Twitter
Agustina Galizzi Imprimir E-Mail
jueves, 10 de julio de 2014

Nota de tapa

El Regreso de una Artista Consagrada

Por Daniel Sousa

 

Casi no bailó profesionalmente en la Argentina, Agustina Galizzi. Apenas graduada en el Teatro Colón se radicó en México, donde desde 2009 es Primera Bailarina de la Compañía Nacional de Danza. Vuelve en agosto al país para actuar en la Gala del décimo Aniversario del Ballet Metropolitano de Buenos Aires organizada por la Asociación Arte y Cultura 

De entre los talentosos bailarines argentinos radicados en otras latitudes, el de Agustina Galizzi es un caso singular. Primera bailarina de la célebre Compañía Nacional de Danza de México desde el año 2009, antes de radicarse en tierra azteca se desempeñó durante dos años como refuerzo del Ballet Estable del Teatro Colón. Tuvo un paso fugaz por el Ballet Argentino de Julio Bocca, y como integrante del Ballet Metropolitano se presentó también en Córdoba, en una oportunidad. Pero la del 13 de agosto en el Teatro Nacional Cervantes será su primera gran actuación profesional en Buenos Aires, ya como una artista consagrada.

“Es una emoción enorme volver a actuar en mi país, no alcanzo a explicarlo con palabras -admite desde Playa del Carmen, donde disfruta de unas breves pero merecidas vacaciones-. Desde que me fui, hace catorce años, nadie ha visto lo que he hecho. Es muy importante para mí que me vean mis maestros, mi familia. Bailar en mi ciudad es algo impagable". 

¿Por qué fue que se radicó en México?

En ese momento yo me había graduado en el Instituto Superior de Arte del Colón y en la Argentina no había posibilidades de trabajo. Me encontré en la disyuntiva de comenzar a estudiar otra carrera o hacer las valijas e irme a probar suerte en otro lado. Lo hice y me fue bien, por eso me quedé. 

¿Con qué compañía se encontró?

La Compañía Nacional de Danza de México es una compañía muy grande, que me recibió con los brazos abiertos. Lo primero que me llamó la atención fue el repertorio increíble que tenían. Por eso decidí quedarme. En 2009 me convertí en Primera Bailarina y he interpretado todo el repertorio desde entonces. Hoy somos apenas dos los argentinos, Analía Barruque (también egresada del Colón) y yo, pero cuando llegué éramos ocho. 

¿Con qué roles se siente más cómoda?

Lo que más me gusta bailar son los ballets de (John) Cranko. 

¿Cuál es el elemento distintivo de la Compañía Nacional mexicana?

Como cualquier otra compañía latina tiene un alma muy particular, que es consecuencia directa de esa entrega absoluta que tenemos los latinos al bailar. No somos fríos, para nada; nuestras interpretaciones tienen una intensidad muy especial. 

Y en su caso particular, ¿qué característica personal la ayudó a escalar tan alto en la danza?

Mi tenacidad, sin duda. Siempre me han dicho que cuando bailo, aun cuando lo hacía en roles pequeños o secundarios, sobresalgo dentro del grupo. La pasión y la vocación que siempre tuve explotaron en algún momento.

Antes de desembarcar en Buenos Aires, Agustina participará de la II Gala Internacional que se realizará el 9 de agosto en el Teatro del Lago de Frutillar, Chile. “Para mi carrera es algo muy importante y emocionante a la vez -comenta-. Si bien anteriormente compartí escenarios con Marianela (Núñez), con Thiago (Soares) y con Luis (Ortigoza), ésta será una ocasión muy especial. Son personas maravillosas y estar al lado de ellos me conmueve y me ayuda a crecer”.

En Chile, Agustina interpretará el pas de deux del tercer acto de Cenicienta, música de Sergei Prokofiev y coreografía de Ben Stevenson, y el pas de deux de Mona Lisa, una creación del israelita Itzik Galili sobre música propia y de Thomas Höfs. En Buenos Aires sólo bailará esta última obra. La acompañará en escena el cubano Roberto Rodríguez, también Primer Bailarín del elenco azteca.

Permanecerán en nuestro país apenas tres días. “Es una visita muy breve, no podremos hacer otras presentaciones. Es que acá estamos preparando Sueño de una Noche de Verano, que estrenaremos en septiembre (en ocasión del 80º aniversario del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México). Incluso, no me querían dejar ir a la gala de Buenos Aires, pero finalmente conseguí el permiso”, explica. 

Sus padres han sido dos grandes bailarines y actualmente maestros y coreógrafos de bien ganado prestigio, Cecilia Mengelle y Mario Galizzi. ¿Qué representó ese antecedente familiar en su carrera?

Fue difícil, muy difícil al principio. Me formé con mi papá en el Instituto y la confianza que nos tenemos, claro, es muy grande, por eso siempre había entre nosotros muchas discusiones y berrinches de ambos lados. Fue complicado aprender a llevarnos bien, aunque finalmente lo logramos. Además, siempre estuvo presente en el entorno esa cosa de que ‘ella baila porque es la hija de…’. Estas cuestiones fueron un factor decisivo al momento de optar por irme de la Argentina. 

¿Le pasó lo mismo con su madre?

No, la verdad que no. El peso mayor era el de mi papá. Si bien mi madre se mantuvo siempre un poco al margen de todo, igualmente me ayudó mucho a lo largo de mi carrera… Bah, en realidad los dos me ayudaron.

En el año 2010, Agustina envió una carta pública a sus colegas del Teatro Colón solidarizándose con ellos por la crítica situación que la compañía atravesaba en aquel momento. “Aunque nunca fui parte del Ballet Estable, me crié y gradué allí, con un sueño que fue pertenecer a sus filas. Y aunque no fue así, hoy y siempre sentiré que el Teatro Colón es mi segunda casa”, afirmaba.

“Para mí el Colón es un lugar maravilloso, no tengo palabras para explicarlo. Es parte de mí, es mi casa -refirma ahora, en diálogo con Balletin Dance-. Me da mucha tristeza lo que le pasa allí a la gente. Acá, en México, o en cualquier otra compañía del mundo, se hacen quizás 250 funciones en el año, y en el Colón eso no ocurre. Con todas las posibilidades que tienen de tener una gran compañía, el Colón no avanza”, señala. 

¿Se arrepintió alguna vez de haberse marchado?

No, para nada. Pero me hubiese gustado que mi país me diera la oportunidad de quedarme y mostrar aquello de lo que soy capaz.

 


 

 

 
< Anterior   Siguiente >