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sábado, 10 de mayo de 2014

Internacionales | Vietnam

Las Marcas de un Pueblo

Por Eliana Gissara desde Hanoi, Vietnam

Las marionetas acuáticas, un espectáculo que combina danza, teatro, canto y música, llevan inscriptas las tradiciones de las antiguas aldeas vietnamitas y reflejan su más auténtica forma de entender el mundo

La historia de los pueblos vive en su danza. El devenir deja allí sus huellas, quiénes son, qué quieren, qué buscan. Se trata de una identificación que carece de palabras y hasta puede esquivar el tiempo. Donde no hay letra hay movimiento. Captarlo es el mayor desafío de las personas.

Las marionetas acuáticas están en el corazón de la cultura vietnamita. Su origen se remonta hace más de mil años en los interminables campos húmedos de arroz que hay desplegados en el norte y centro de la vieja Indochina. Allí, los pobladores armaban muñecos de bambú de distintos tamaños y colores para defender la cosecha de arroz de los animales salvajes. Con los años esas figuras fueron convirtiéndose en los sellos de cada familia y de cada aldea. Noventa millones de personas hoy que conforman cincuenta y cuatro etnias. De ahí reside su tradición: una alianza entre la naturaleza, la supervivencia y la espiritualidad.

En Vietnam no hay casa familiar sin una marioneta. Para este pueblo el respeto por los antepasados, las familias y su lugar de pertenencia, son determinantes en la relación que establecen con el mundo y sus pares. Por eso, las marionetas actúan como un puente entre la vida de los granjeros y los pescadores en su atmósfera natural. El origen autóctono de estos elementos fue plasmado con los años en un espacio con características muy particulares, para que las marionetas de las distintas familias interactúen entre sí. Una especie de estanque artificial con agua castaña, más bien espesa, enmarcada en una pagoda o templo. Sobre el agua aparecen y desaparecen las marionetas, que bailan y se desplazan al ritmo de la música.

En la actualidad, este escenario natural fue recreado en teatros céntricos, perfectamente acondicionados para los espectadores, con un destacado lugar para una pequeña orquesta de instrumentos musicales típicos y recitadores. En tanto, las personas que mueven las marionetas con varas se encuentran en el escenario de agua, sumergidos hasta la cintura, tras un doble fondo.

Los temas de las obras son de lo más variados. Siempre inician con un saludo simbólico al arte y luego interpretan los quehaceres de los trabajos manuales en el campo y los ríos: el arado de la tierra, el cultivo, la caza, la pesca. También hablan sobre leyendas de pueblos invasores y cantos espirituales ligados a la naturaleza. Sobre el final, nunca falta la danza de los cuatro animales sagrados: el dragón, el unicornio, la tortuga y el ave fénix.

Así, las marionetas conforman un instrumento de mediación con el mundo. En una nación signada por las guerras (franceses, japoneses, chinos y estadounidenses) el cuerpo propio quizás exprese otro significado ligado más bien a la lucha que al arte. Por eso, el arte de los vietnamitas vive en las marionetas, la extensión de un cuerpo que en definitiva es ajeno al propio. 

 

Festival de Hue

Del 12 al 20 de abril, el Festival de Hue celebró la danza y la música de la región del sudeste asiático, con la participación de más de doscientos artistas de Camboya, Indonesia, Filipinas, Singapur, Tailandia, China, Japón y Corea, entre otros. Además, la edición de este año presentó a artistas de Latinoamérica en el marco de un intercambio cultural Asia-América promovido por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Vietnam.

Así, participaron solistas y grupos como el compositor musical Osvaldo Montes (Argentina), Río en Caribe (Cartagena, Colombia), La Colmenita (Cuba), Los Andes (Chile), Umbral dúo de guitarras (Uruguay) y Sururu Na Roda (Brasil).

El festival, que se realiza cada dos años en la antigua capital real de Hue, se desarrolla en escenarios al aire libre y patios de palacios imperiales. Durante nueve días se exhibieron también instalaciones de arte callejero, artes plásticas, orquestas en vivo y una feria de turismo. El lema de este año fue “Retener tradiciones pero encontrar nuevas formas de expresión”.

 


 
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