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sábado, 10 de mayo de 2014

Flamenco

Melisa Maciuk una Santa de Zurbaran

Por Gabriel Vaudagna Arango

 

Radicada hace un tiempo en Sevilla, Melisa Maciuk fue convocada en abril del año pasado por Eva La Yerbabuena para integrar el proyecto Las Santas de Zurbarán y por estos días prepara sus maletas para una larga estancia en Japón donde dictara cursos y bailará en un tablao. Momentos antes de partir dialogó con Balletin Dance

 

La bailaora argentina comenzó sus estudios en Buenos Aires, luego viajó a España en varias oportunidades hasta que decidió que su vida estaba más asociada a la Madre Patria que aquí. Ganó un concurso de baile flamenco en Huelva y obtuvo una beca en la Fundación Hereen para estudiar durante un año, lo que la determinó para radicarse en Sevilla donde realiza shows en tablaos y en teatros, dicta cursos de baile y no para de estudiar.

¿Qué diferencias observa entre los profesores argentinos y los españoles?

Bueno, te encontrás de todo en todos lados… La diferencia en los profesores no tiene que ver con la nacionalidad, tiene que ver con su experiencia como docente y sus ganas de enseñar. Acá podes llevarte sorpresas buenas como no tan buenas, profesores que miran el reloj, que compiten con el alumno, que se preocupan por enseñarte y los que te lo dan todo, que son los menos. También puede ocurrir en Argentina, no?

¿Qué diferencias encontró en las clases y en la forma de enseñar el flamenco?

Si bien no estudié con mucha gente en Argentina, pienso que allá se puede tener una muy buena base para luego buscarse la vida… en cambio, en Sevilla esto es más difícil de conseguir. Acá uno puede venirse con una base sólida y pulir la técnica, profundizar y desarrollar su baile. Por lo general, no hay buenas metodologías de enseñanza, son contadas con una mano. La forma de enseñar depende mucho del profesor, no hay una única manera, ni acá ni allá. Técnica, coreografías, por bulerías, etc. Pero sí que hay una energía distinta y eso se siente. Acá se llega a entender más el por qué y cómo se hacen las cosas, las intenciones, el sentido, siempre hay guitarra y buen cante acompañando las clases y creo que eso es importantísimo. También hay clases de cante para bailaores, palmas, que es más difícil de encontrar en Argentina.

¿Y qué diferencias ve en el flamenco?

Una pregunta compleja… No se puede negar que acá estamos en su lugar de origen, sumergidos en una cultura maravillosamente encantadora. Hay arte en ellos, al hablar, al andar y eso naturalmente lo trasmiten al flamenco. El flamenco acá es gusto, sentido, aire… más que efectismo, tal vez esa sea la diferencia. Sobretodo el cante marca mucho la diferencia, naturalmente.

El contexto no puede dejarse de lado, si pienso en Buenos Aires, pienso en caos, stress, ansiedad y eso se puede llegar a transmitir mediante el arte, porque hablamos de expresión, del ser humano. No somos iguales, no tenemos la misma energía, por lo tanto es difícil llegar a hacerlo como ellos, se podría parecer, dentro de nuestras posibilidades, viviendo acá y bebiendo de esta energía. 

¿Cómo logró insertarse en el ambiente sevillano para bailar y dar clases siendo argentina?

No ha sido fácil insertarme, tampoco me he insertado mucho, pero he logrado actuaciones esporádicas en sitios de acá. En estos años fui conociendo gente del mundillo, poco a poco y con perseverancia van saliendo cosas. Tuve un grupito de alumnos que he disfrutado mucho, pero con mis idas y vueltas fue difícil mantenerlo. Hay mucha demanda y gustos, si uno se lo propone lo puede hacer, además de que prácticamente no hay clases para niveles iniciales.  

¿Cómo se le dió la posibilidad de dar clases en Moscú y ahora en Japón?

Las posibilidades están, sólo hay que saber verlas, llegar a ellas y no dejarlas pasar. Básicamente: enviar currículum, contactar, audicionar, etc. Luego te conocen, te recomiendan y te llaman de otros sitios.

 

¿Cómo ve el flamenco hoy después de tantos años de estar allí?

Cuando uno empieza a estudiar normalmente lo hace por una base tradicional, o por lo menos sería lo mas recomendable para mi. Cuando empecé tenía muy claro que esto es un proceso, que lleva tiempo y que tenía y tengo que respetarlo, es un mundo infinito, no se puede dejar de aprender.

Como todo ser humano que va cambiando y evolucionando lo mismo ocurre con el arte. Porque el flamenco es un arte y entonces se vincula con un lugar de origen, con una cultura y con una época determinada. Luego de algunos años de estar acá me di cuenta que yo misma fui cambiando, tanto de pensamiento como de gustos. Asimismo el flamenco puede atravesar cambios con el tiempo, naturalmente, porque el mundo se va transformando y la evolución no se puede evitar, pero hay algo que no puede cambiar para mí, a pesar de todo, y es su esencia. Sin ésta dejaría de ser flamenco. Entonces no ha cambiado mi pensamiento respecto a él en estos años, porque lo que vine a buscar todavía sigue vivo. 

¿Cree usted que hay un “algo flamenco”? ¿Se puede poner en palabras?

Sí, creo que lo hay. Ese “algo” esencial que lo distingue e identifica. Ponerlo en palabras... me recuerda a: “eso” que va entre paso y paso. ¿Cómo se puede definir? Hay un “sentido flamenco” que está vinculado naturalmente con el cante. Creo que ese “algo” se entiende o no, se siente o no.

¿Usted cree que el “algo” que identifica al flamenco es el sentido?

“El sentido”… podría ser que sí. Aun sigo preguntándomelo.
 
¿Cómo reemplazaría esa palabra “algo” para explicar el sentido?

¿Un significado? ¿una lógica? Ese “sentido flamenco” que hay que conocer, descubrir, que puede ser natural o costarte años, toda una vida, o no llegar nunca. Tal vez no hay una palabra. Tal vez no haya una respuesta. No todo se puede explicar. 

¿Cómo fue trabajar con Eva la Yerbabuena en el espectáculo Santas de Zurbarán?

Fue una sorpresa para mí, yo no bailaba, desfilaba, era una de las Santas de Zurbarán, el espectáculo lo llevaba Eva, en el espacio Santa Clara de Sevilla y fueron cuatro días. Hemos compartido muchas horas juntos, con toda la compañía y durante las funciones. Y fue un sueño cumplido porque fue alucinante ver lo profesionales que son, cómo llevan a cabo los espectáculos, el trato, la organización. Ella nos hablaba con total naturalidad integrándonos al grupo. Ciertamente fue un momento fuerte para mi, verla a ella (qué hace antes y después de subir al escenario, cómo trata a los compañeros), me gustó mucho hacerlo. Ver con Eva su propio espectáculo y que ella dijera de otras bailaoras ‘qué buena que es’, estar con la Yerbabuena era muy fuerte. Ella es una de mis mayores inspiradoras y mi máxima referente y conocerla como artista y en lo personal fue muy maravilloso. Fue un antes y un después.

 


 
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