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Ediciones 2007 - Junio 2007
domingo, 10 de junio de 2007

Soez, Obseno y Pornográfico

Por Diego Llumá

El Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) multó a Tinelli por el baile del caño. Al día siguiente que Nazarena Vélez lamió ese objeto alegórico y desnudó su imponente torso ante una audiencia de varios millones, los diarios se hicieron eco de la sanción dispuesta contra la productora Ideas del Sur y contra todos los programas que repitieron el tape durante el horario de protección.

La polémica -que alimentó el impulso publicitario del programa- puso sobre la mesa la doble moral del establishment y de buena parte de la sociedad argentina. "Había niños en el estudio", se escandalizaron. "Es de mal gusto, procaz y soez", descubrieron. "El del caño es un género prostibulario", se horrorizaron. Y, sí. Es cierto todo.

Acariciar un caño con énfasis onanista, lanzar palabras gruesas o hacer chistes groseros es parte del lenguaje cotidiano de un espectro amplio de la ciudadanía. En los medios es un recurso fácil, chabacano, inmediato e incluso demagógico.¿Pero qué otra cosa se suponía que hubiera en un programa de entretenimientos nocturno de la TV comercial actual? ¿No es, acaso, lo que se ve y escucha todo el tiempo por radio y televisión?.

Lo soez -y, con variantes, lo que es considerado obsceno- ha sido siempre materia prima de humoristas y comediantes. Lo que hoy son juegos de ingenio y de sutiles sugerencias, escandalizaban a las audiencias cincuenta ó cien años atrás.

Hay padres que llevan a sus hijos como público a programas para adultos, en un horario en que los niños deberían estar durmiendo. El universo prostibulario, con sus tentadoras e irreales mujeres bailarinas en excitantes cuevas pecaminosas, seguirá fascinando a las audiencias e inspirando a artistas.

El presente informe de balletin dance revela el complejo mecanismo de producción televisivo en su cruce con la danza. Esta industria, recurre a cantidad de artistas y técnicos que desarrollan una labor digna y ajustada a las condiciones del medio. El programa Show Match es una cruza de negocio, vodevil y modernidad massmediática, enraizado a una conciencia colectiva particular: la de éste tiempo en ésta latitud. Al juicio estético -y hasta el ideológico, político o académico- pendiente en torno a estos productos no se deberían anteponer esquizofrénicas morales públicas.

 
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