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lunes, 10 de marzo de 2014

Nota de tapa

Milongueando a los 40

Por Daniel Sousa

 

Silvia Toscano estrena un espectáculo de tango que intenta ser una reivindicación de los bailarines de la generación intermedia, a los que hoy les cuesta conseguir trabajo. Narra historias de mujeres intensas, con mucho por ofrecer todavía. María Nieves hará una participación especial

La recorre de pies a cabeza un entusiasmo contagioso. No de esos entusiasmos desbocados, que emergen a borbotones, sino uno que en el fondo no está exento de miedos e interrogantes, pero que en un punto la revela convencida de estar haciendo lo que debe, lo que le gusta y considera oportuno. Anuncia, describe, pinta con palabras, se deja llevar por sus sueños, Silvia Toscano… Y de pronto detiene la pelota y se retrae, desnuda su vulnerabilidad de artista, se permite dudar sobre el camino emprendido, aun sabiendo que volvería a abrazar desde el minuto cero el proyecto que tiene entre manos.

Desde el jueves 13 de marzo y por sólo cuatro funciones mostrará en Hasta Trilce (Maza 177) una nueva obra que nace como una reivindicación de los bailarines de tango de la generación intermedia, que supieron brillar sobre los escenarios en tiempos no muy lejanos y a los que hoy les resulta difícil mantenerse en el candelero. “Desde hace unos años vengo viendo que para los espectáculos de tango se convoca a bailarines veinteañeros, con toda su energía puesta a full en el escenario, o a bailarines de más de sesenta, que peinan canas y trasmiten su experiencia. Pero hay toda una camada intermedia, los cuarentones y cincuentones, que estamos sin trabajo. Me siento casi como una adolescente: no soy ni chica ni grande, y no cuadro en ninguno de los dos grupos. Tal vez a los hombres no les pasa tanto porque son menos y son más convocados, pero las mujeres, las bailarinas, estamos metidas en nuestras casas con la energía intacta y con la experiencia que traemos de haber trabajado quizás veinte o veinticinco años arriba de un escenario”.

 

¿A qué atribuye que las dejen de lado?

El tango que se vende últimamente es demasiado for export, un tango con muchísima técnica y con chicas y chicos que más que bailarines parecen modelos. No sólo en el tango se da esto, es el reflejo de una sociedad que se mueve en ese sentido. Hoy se busca a la parejita perfecta, con el cuerpo y la técnica perfecta. Sin embargo, el tango es un baile popular que, si bien tiene que apoyarse en una buena técnica de danza clásica, no se sustenta solamente con eso. Los de arriba de cuarenta conservamos la energía pero quizás los cuerpos ya no son tan esbeltos y las caras no están tan frescas. Lo extraño es que los chicos jóvenes nos buscan como maestros. El comentario que más escuchamos es “hace mucho que no te veo en el escenario”. Y bueno, aquí estamos, intentando este rescate. Mis amigos me llaman “la Muscari del tango”.

Para darle vida a las historias de Imágenes de un Amor…Tango, Silvia convocó a veintidós artistas, nada menos. Cuatro parejas que vienen trabajando juntas desde hace tiempo (Verónica Gardella y Marcelo Bernadaz, Genoveva Fernández y Andrés Cejas, Karen Digiovanni y Luciano Cáceres, Noelia Coletti y Pablo Giorgini) y un amplio grupo de bailarines que se unieron para la ocasión: Elina Roldán, Julio Bassán, Virginia Porrino, Susana Rojo, Emiliano Alcaraz, Angela Toñanez, Pedro Zamín, Luciana Pontoriero, Paulo Bidart, Cristina Fontana, Mariano Balois, Ernesto Candal y Diego Mohammad. Invitada de lujo: la gran María Nieves.

 

¿Cómo fue que logró sumar a María Nieves al proyecto?

A María la conozco desde 1988, cuando comencé a bailar en el ballet de Juan Carlos Copes. En septiembre pasado nos encontramos en el banco, yendo a cobrar por nuestro trabajo como jurados en el Mundial de Tango. “¿En qué andás, Cachorra?”, me preguntó. Y le conté que hacía mucho que no me subía a un escenario y tenía ganas de armar algo. “Seguro que vas a convocar a los pibes jóvenes que andan a los saltos”, se quejó de antemano. Entonces le conté la idea y ahí nomás me dijo “yo quiero estar”. Este año cumple ochenta y hasta ahora seguía bailando tangos muy moviditos, pero en esta obra va a hacer algo más tranquilo en pareja con Ernesto Candal.

 

Los estilos de baile dentro del elenco son muy disímiles. ¿Cómo logró armonizarlos?

Es algo que busqué adrede. Es un elenco muy ecléctico en cuanto a estilos de danza y a apariencia física. Con esto quiero mostrar un tango popular, parecido al común de la gente que va a estar sentada en la platea. La diversidad enriqueció mis ideas. Tengo gente con mucho escenario encima, y otros con mucha milonga. Confío en que esa misma diversidad va a atraer a públicos diferentes.


POSTALES DEL ALMA

El disparador de la obra es una reunión de mujeres que se cuentan, siempre en el lenguaje de la danza, las historias de amor que alguna vez protagonizaron. Hay momentos de alegría, de emoción y de tristeza, como en la vida misma. La coreógrafa y directora (también fotógrafa y asesora de imagen) eligió darle a esas postales la estética de los años ’50, de los que rescata “el glamour y el sello femenino que tuvieron”.

“Trabajé mucho las imágenes porque considero que el espectador no se lleva a su casa quién hizo un paso más o un giro menos, sino fotos que le quedan guardadas en el corazón”, cuenta Silvia, que durante tres años codirigió el Festival Cambalache. “Siempre me gustó trabajar la danza desde la emoción más que desde lo acrobático, y ésta no ha sido la excepción”.

La selección musical, junto con temas del repertorio popular, intercala poemas en la voz de Horacio Ferrer. El diseño de vestuario y la producción general también corrieron por cuenta de “la Cachorra”, apodo que la identifica desde los años ’80, cuando bailaba con Roberto Reis, a quien en las reuniones de amigos después de las funciones en Taconeando lo llamaban “el cachorro” por ser el más joven del grupo.

 

En tantos años de carrera usted dirigió espectáculos para la Columbia y para Japón, y trabajó en Tango Argentino en 2011.  ¿Cómo es encarar un proyecto de esta envergadura sin un productor detrás?

Con un productor que asuma los gastos la vida es color de rosa (risas). Ya no sé qué más vender. Primero vendí mis vestidos, después los zapatos, el equipo de iluminación de mi estudio de fotografía. Me metí en este proyecto con alma y vida. Sueño con poder mostrarlo en el Mundial de Tango y llevarlo a una sala más grande. Soy consciente de que es un elenco numeroso pero es la gente que necesitaba para lo que quería contar. Me siento muy feliz de haberlo logrado.


 
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