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viernes, 10 de enero de 2014

Internacionales | Cuba

Malakov Nuevamente

Por Mercedes Borges Bartutis

 

“Estoy feliz de bailar para el público de este país” señaló Vladimir Malakov el mes pasado en su segunda visita a Cuba

Llevar un proyecto artístico a Cuba desde el exterior, no siempre resulta tarea fácil. Las condiciones económicas de la Isla, a veces limita la posibilidad de que los artistas puedan llegar cubriendo la mayoría de sus gastos y sin recibir retribución alguna por su actuación. Vladimir Malakov quería mucho volver a Cuba a regalar su baile a la gente, después de comprobar durante su visita en 2010, la calidad del público cubano y el amor que siente por el ballet, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el proyecto no encontró respaldo en un inicio, más allá de que Malakov y su manager, el chileno Paul Seaquist, habían tocado algunas de las principales puertas de la danza en Cuba. Finalmente, el programa de la visita de Malakov encontró refugio en Holguín, en el seno del grupo Co danza, que dirige Maricel Godoy.

Vladimir Makalov estuvo en Cuba por segunda ocasión. Este artista nació en Ucrania, estudió en la Escuela de Ballet de Teatro Bolshoi de Moscú, y en 1986, justo cuando la Glasnov y la Perestroika de Mijail Gorbachov comenzaban a inundar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Vladimir Malakov se convirtió en el Bailarín Principal más joven del Ballet Clásico de Moscú. Pero los fuertes cambios que convirtieron a Ucrania, su tierra natal, de nuevo en un país independiente, no influyeron en los inicios de la carrera profesional de Malakov, quien confesó en entrevista con esta reportera:

“En ese período fue muy difícil para mi, el hecho de enfrentarme a grandes cambios en el orden político; cambió de forma radical la Unión Soviética y se estaba empezando a transformar en Rusia. Pero en el momento en que asumí la categoría de primer bailarín, todavía no se estaban efectuando las transformaciones más importantes; era un poco contradictorio porque las puertas estaban al mismo tiempo cerradas pero abiertas y había un gran desconocimiento de cómo proceder en un montón de cosas. Sin embargo, el cambio político no afectó para nada mi carrera, amén de que recién comenzaba.”

Transformado en uno de los artistas más cosmopolitas y cotizados en el mundo actual del ballet, este simpático ucraniano tiene muchos amigos cubanos y latinos en general, uno de ellos es José Manuel Carreño. Sobre su experiencia en el American Ballet Theatre, en un momento donde las principales figuras venían de procedencias diversas, este artista comenta:

“Muchos de esos artistas son mis grandes amigos. Poder conocer a bailarines latinos fue una gran suerte. Entré junto con José Manuel Carreño al American Ballet Theatre, y compartí escenario con él en muchas ocasiones. El contraste entre nosotros dos era muy fuerte, y al público le gustaba. Era como un Café Olé, suerte de café con leche. Por un lado estaban los elementos de un bailarín europeo, ruso, y por otro, el de un latino, cubano, como Toto (José Manuel Carreño), éramos muy diferentes en estilos, pero a la vez nos complementábamos en varias cosas. Lo que pasaba en el escenario, cuando bailábamos juntos, era casi mágico. Es un período de mi carrera que recuerdo con mucho cariño.”

La visita a Cuba de Vladimir Malakov ha tenido una gran repercusión, tal y como se esperaba. A este bailarín lo han comparado con Rudolf Nureyev, por sus condiciones técnicas, y el nivel de virtuosismo alcanzado dentro del mundo del ballet. Y como Nureyev, Malakov desarrolló una carrera meteórica y llena de triunfos en Occidente. Tal como Nureyev, quien comandó por muchos años la Ópera de París, Vladimir Malakov también se dedicó a dirigir un gran proyecto: el Ballet Estatal de Berlín, formación que unió a otras tres agrupaciones y se convirtió en la compañía más grande de Alemania. Desde 2004, Malakov ha sido el responsable del esplendor, que ha llenado de éxito al ballet, en la capital germana.

“Cuando decidí dirigir en Alemania, fue difícil y mucha gente me decía que siguiera bailando y me olvidara de dirigir. Pero entendí que debía tratar. Había bailado en casi todo el mundo y quería probar algo nuevo. Para mi fue determinante el cambio de bailarín a director. Fue un desafío, pero aprendí algo nuevo dentro del ballet.”

Sorprendentemente, en febrero de 2013, Malakov no renovó su posición en el cargo, y decidió dejar Berlín para aceptar la tentadora oferta de dirigir el Tokio Ballet, un lugar donde aman a este artista profundamente. En agosto de 2014, asumirá la dirección de una compañía en la cual es idolatrado, no sólo por los bailarines, sino por el público y la crítica, que lo miman constantemente.

“La primera vez que fui a Japón fue en 1985. Todavía era estudiante del Bolshoi. Quedé literalmente hechizado por ese país, por su cultura, pero sobre todo por Tokio, una ciudad que me fascina. Y, en verdad, allí la gente me quiere mucho. Estoy feliz de comenzar una nueva etapa de mi vida en Japón.”

Malakov ofreció dos presentaciones en el Teatro Eddy Suñol de Holguín, y se encontró con un número importante de bailarines y artistas cubanos, que compartieron con este ídolo de la danza masculina. El bailarín fue nombrado, huésped ilustre de la ciudad de Holguín, un punto de gran movimiento cultural en el oriente cubano. Malakov confesó su alegría de estar bailando de nuevo para el público cubano:

“Hasta ahora no había podido materializar este proyecto, por lo complicado de mis horarios. Hace dos años comenzamos, junto a mi manager, Paul Seaquist, a organizar todo, y finalmente, lo hemos podido concretar, dando una mano al público cubano. Y no porque sea en diciembre, finalizando el año, estoy diciendo un adiós a Cuba; todo lo contrario, estoy diciendo un hola, vamos a volver, y un hasta luego.”

Entre los muchos proyectos que ahora tiene Malakov en Cuba, está apoyar el Festival Internacional de Danza que tendrá lugar en Holguín, con un premio que llevará su nombre, y que estará destinado a estimular el desarrollo de la interpretación masculina en América Latina.

 


 
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