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viernes, 10 de enero de 2014

Flamenco

De Farruco a Buenos Aires

Por Laura Lifschitz

Marcela Rodríguez presentará su nuevo espectáculo Sakay Bari: Flamenco a partir del 4 de enero, en el Centro Cultural Borges. En diálogo con Balletin Dance, la argentina recientemente bautizada por los Farruco cuenta cómo esta experiencia marcó una bisagra en su carrera

Con la cantaora gitana Argentina Cádiz, el guitarrista y cantaor gitano Emilio Romero, el bailaor Darío Oliva y Daniel López en el bajo se ofrecerá un espectáculo de puro flamenco con alguna pincelada sorprendente.

Su  nuevo espectáculo tiene un nombre en caló, la lengua de los gitanos ¿Qué hay detrás de esa elección?

El espectáculo se llama Sakay Barí que significa “ojos grandes”. Durante mi último viaje a España, en agosto de 2013, tuve la oportunidad de compartir muchísimo con los Farruco. Ellos me explicaron que una bailaora tiene que tener un apodo. “Tú bailas con los ojos, con la mirada, con la cara, tienes mucha expresión”, me decía la Farruca. Faraona me decía que tenía que llamarme Sakay, que son “ojos”, mientras Farruca me decía: “Tiene que llamarse ‘barí’ (grande), porque eres muy grande cuando bailas”. Entre las dos salió mi nombre.

¿Cómo está estructurada la obra?

La obra comienza con las raíces del baile, pasando por los cantes y bailes de ida y vuelta, para terminar con algo modernizado. Ahora se fusiona el flamenco con la salsa y la rumba más salsera o los boleros, que a la gente le fascina. Como esta nueva dinámica no se ve en los espectáculos de puro flamenco decidimos incluir este nuevo diálogo con lo latinoamericano, aunque en nuestro caso será apenas una pincelada y un modo de final de obra a pura celebración.

¿Esta modalidad de la fusión es algo local o es un cambio también implementado en España?

Se da también en España. Pero con el flamenco hay que ser muy cuidadoso. No se puede hacer cualquier cosa, tiene su técnica. En mi caso, yo hice muchos años de otras disciplinas. Por eso me animo a fusionar. Estuve muchísimo tiempo con Moira Chapman, con Laura Roatta en su compañía. Pero no puedo alejarme del flamenco. Por ello tengo la necesidad de la mezcla, sin que se pierda la raíz.

¿En este espectáculo hay un hilo argumental?

Ya tengo muchos espectáculos armados en estos años: Sentires, Alma, Camelando, La Verónica, Un Amor Flamenco, Evolucionarte Flamenco y Al’ Aire Flamenco. A veces hay una línea dramática, en otros, como éste, se trata de una galería de cuadros, con un acento totalmente gitano con su ritmo y su fuerza. La primera parte trabaja con lo más antiguo, con palos como la toná, seguiriya, algo muy profundo e interpretativo. Luego están, los cantes de ida y vuelta, guajiras, con bulería, el abanico, la bata de cola, lo más identificado con el flamenco, que es más suave para bailar. En el final estrenamos un cuadro por marianas, que antiguamente lo bailaban los gitanos húngaros. Ellos llamaban “marianas” a las monas para que se pusieran a hacer monadas y así la gente les tiraba monedas con las que ellos vivían. Es un cuadro que comienza con esa situación y pasa por distintos tangos de diferentes zonas. Y para finalizar está la fusión de bolero, salsa, muchos pies y festejo.

¿Existe el baile flamenco puramente técnico?

En el flamenco no se concibe alguien puramente técnico sin transmisión, aunque exista. Si no hay mensaje, no hay rol cumplido. Tiene que haber emoción, vibración. Eso es bailar. Aunque a veces cueste más. Por ejemplo, cuando voy a los tablados cuesta en un principio, por la situación de distensión, el lugar, el hecho de que es una reunión de gente. Pero no pasan muchos minutos hasta que se crea un ambiente mágico, de pleno goce.

¿Hay diferencias entre el flamenco que se baila socialmente con el flamenco de escenario?

Hay como una cosa rara en esto. En Sevilla, cuando sos muy técnico y estudiás la danza española completa, te dicen que eso no es flamenco. Podés hacer una vuelta de pecho bien prolija pero en Sevilla te dicen que le falta el aire. Ellos le dan mucha importancia al aire, a generar el movimiento desde otro lugar. Eso lo pude apreciar en mi último viaje, porque yo soy muy estudiosa y ellos te sacan un poco todas las estructuras. A veces por buscar el pellizco al paso, la gracia, la técnica, se pierde lo otro. Por eso este espectáculo, después de este viaje, es una bisagra y desafío, porque he avanzado mucho conviviendo con los Farruco, estando horas y horas en el estudio. Ellos respiran flamenco, no paran nunca, son incansables. Vivir todo el tiempo con las palmas, con el aire.

¿Y los Farruco qué dicen de la fusión?

A ellos les gusta mucho como bailo yo, y se sorprendían de cómo bailaba viviendo tan lejos. Hasta había movimientos que Faraona marcaba y lo hacía diferente. Ella decía: “Marcela, Sakay, estás haciendo otra cosa. Pero me gusta. Todo mundo a hacerlo como ella”. Cuando conversábamos ella decía que no le gustaba cuando se pasa, cuando se desvirtúa. Mientras esté el flamenco bien plantado, sí. Ella piensa así. En mi caso, tengo mucha información de todo y con todo eso hago creación. Yo necesito seguir siendo yo, pero cada vez estoy más flamenca. Y la fusión es cada vez más sutil.

El vestuario es imprescindible para el flamenco ¿Qué hay en el espectáculo?

Sí, claro. En el primer cuadro, que está relacionado con los tiempos de descanso en los lugares de trabajo, vamos a tener nuestra indumentaria de trabajo, con delantales como los de los herreros, para afianzar lo que estamos interpretando. En el cuadro de idas y vueltas estamos todos de blanco, bata de cola. Darío, mi compañero de baile, con traje. Para las marianas estamos totalmente de gitanos, colores, gasas, pañuelos. Darío tiene una faja de colores. Y el final es una sorpresa, hay un cambio importante, para salirse un poquito de la vaina.

¿Qué le dirías a quienes estén interesados en dedicarse al baile flamenco?

Que hay que estudiar la técnica: saber taconear, manejar el cuerpo, el pasaje del peso, tener el control de lo que hay que hacer. El ritmo, el compás: seguirlo es muy importante, porque cada palo tiene sus características. Y luego empezar a sacar la personalidad. Sin eso no hay nada, hay mera copia. Y el paso del tiempo es bueno, la madurez ayuda. Cuando ya sos un bailarín, cuanto más grande sos, mejor lo bailás. Es un largo camino, pero lo importante es ser uno bailando.


 
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