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viernes, 10 de enero de 2014

Provincias | Tierra del Fuego

En el Fin del Mundo

Por Agustina Llumá

Hace casi dos décadas que Estela Erman perfecciona su personal método de trabajo corporal en escuelas de la Patagonia Argentina. Hasta allí viajó esta cronista para observar de primera fuente ese desarrollo

Tres horas y media tarda el avión en recorrer los 3048 kilómetros que separan a Buenos Aires de Ushuaia, la ciudad más austral de nuestro país y del mundo. Segundo puerto en importancia de la Argentina, desde allí parten todos los cruceros que llegarán a la Antártida, repletos de turistas de todo el globo.

El final del continente y de la Cordillera de los Andes que pareciera enmarcar todos los paisajes mirando hacia los cuatro puntos cardinales, con sus picos nevados de un blanco incandescente. Lagos y ríos de heladas aguas cristalinas, bosques sufrientes por causa de los castores que se han transformado en plaga, el Canal Beagle, callecitas curvas con pendientes más o menos empinadas y la danza, cientos de niñas que estudian ballet. El último fin de semana de noviembre obsequió a esta cronista una máxima de hermosos 17 grados centígrados para recorrer bajo el sol austral las virtudes que ofrece el Parque Nacional.

El fin del mundo tiene que ser a la vez el principio de otro mundo, pensó Estela Erman cuando deseó conocerlo y vivirlo. Y en esa búsqueda espiritual que la guía desde su regreso a nuestro país, el “universo cósmico” -como suele decir-, la premió con una asistencia técnica que llegó de manos del maestro Rodolfo Lastra Belgrano cuando dirigía el área de danza de la Secretaría de Cultura de la Nación. La ucraniana Tatyana Kobzeva comenzaba a impartir clases en la ciudad y había solicitado ayuda al organismo nacional.

Desde entonces, Estela Erman viene desarrollando su particular método de trabajo corporal (ambas hablando ruso), que pronto se difundió por toda la Patagonia.

El espectáculo

El lunes 25 de noviembre, feriado nacional, se realizó El Cascanueces en La Noche Mágica de Navidad en la Casa de la Cultura Enriqueta Gastelumendi. Con coreografía y dirección de Estela Erman y destinado al público infantil, estuvo interpretado por las alumnas del Estudio Coreográfico de Ushuaia que dirige Tatyana Kobzeva y se mostró en el marco del programa La Navidad Solidaria. La entrada consistía en un juguete, y todos ellos, luego de ser revisados y restaurados, se donaron durante las fiestas a los niños internados en el Hospital Regional de Ushuaia.

La obra basada en El Cascanueces, sobre música de Piotr Ilich Tchaikovsky, está diseñada para ser bailada por niños (de hasta 14 años) y para ser mostrada a niños. La cantidad de participantes en escena puede variar de acuerdo a las características de la ciudad donde se realice, con diversas escenas de cuerpo de baile y mucha participación de solistas, que permite el lucimiento de cada uno de los pequeños. La puesta se completa con una escenografía móvil, inmensas telas que provocan diferentes efectos (muy característicos de Erman) y constantes proyecciones que ambientan aún más el escenario.

Más allá de tratarse de niños sobre el escenario, la metodología de trabajo traspasa los lineamientos de una producción profesional, con seriedad, respeto y también diversión y placer en las actuaciones.

El actor Sergio Planas, como Drosselmeyer relató junto a Clara (Valentina Hudecek en esa función, con voz en off de la propia coreógrafa imitando a una niña) la historia argumental a la audiencia, que de esta manera consiguió seguir el relato sin dificultades. De las niñas solistas, Juana Lucas se destacó como Princesa Caramelo (con un histrionismo fuera de lo común, que promete una carrera futura sobre tablas). El resto de las pequeñas fueron Florencia Weinert, Selena Liao, Rosario Melazzini (en la Danza Española), Agustina Ferreyra (Danza Árabe), Lourdes Valencia (Danza Rusa) y Carolina Hudecek (Príncipe Cascanueces).

Con escenas breves, en las que todo el tiempo se cambiaba el clima de la puesta, la obra se hizo muy amena para los pequeños que provenían de diversas escuelas primarias públicas y privadas, que se mantuvieron expectantes en todo momento.

Las escuelas

Al Estudio Coreográfico de Ushuaia se le sumaron rápidamente dos escuelas en Río Grande, ciudad ubicada a 236 kilómetros. La de Mónica Romano y la de Natalia Lasalle. Estas tres instituciones de Tierra del Fuego trabajan anualmente codo a codo, para desplegar todas las actividades que propone Erman.

Todas siguen la misma metodología, guiadas por la propia maestra que viaja cuatro veces durante el año, para certificar la implementación de la técnica, montar las coreografías que serán protagonizadas por jóvenes bailarines franceses (en el estreno) y tomar exámenes a fin de año. Además una vez al año se realizan viajes intensivos de estudio y confraternización a Francia y a Parque Leloir (Buenos Aires).

El método

Estela Erman, fue la primera argentina en estudiar en la Escuela del Teatro Bolshoi de Moscú, donde se graduó (ver Balletin Dance Nº 222, julio de 2013). Luego, su vida profesional se consolidó en Europa donde la marcó fuertemente su trabajo junto al coreógrafo francés Joseph Lazzini. De él tomó su estilo, que la identifica, y que sentó las bases de su metodología de enseñanza.

Las particularidades del método son la combinación del trabajo corporal y el mental, para desplegarlo en la actuación escénica. De esta manera consigue que los pequeños (a muy temprana edad) logren una conciencia corporal sorprendente. Erman sistematizó su enseñanza que comienza a los 2 años de edad (varias criaturitas asisten a clase con pañales) por lo que entrada la adolescencia las niñas están terminadas de formar y listas para continuar (seguramente en la ciudad de Buenos Aires) con una carrera profesional. Las clases están estructuradas con un breve inicio de concentración, a través de una meditación guiada que varía de acuerdo a la edad de las alumnas, luego se suceden una serie de ejercicios (con diferentes grados de complejidad en la medida en que avanzan los años de estudio) que comienzan en el suelo, sentadas, de rodilla y luego de pie en el lugar, para finalizar las clases con variaciones con desplazamientos en las que el factor lúdico es primordial, y se incluye aquí alguna breve improvisación.

El acompañamiento musical, seleccionado minuciosamente por la propia creadora, juega un rol primordial, que acompaña a cada uno de los ejercicios. La preparación física contempla ejercicios de espalda (fundamentalmente) con especial hincapié en el souplesse derrière o cambré y arabesques (que otorgan a todas sus alumnas una postura característica del torso, con las costillas levemente hacia adelante), trabajo de cabeza y port de bras.

Los cursos de las más pequeñitas, integran canto en algunas coreografías, y diferentes juegos para desarrollar, desde los inicios, el aspecto expresivo. Todo se acompaña de una concentración asombrosa por parte de las niñas, una rigurosa disciplina lograda a base de un equilibrio perfecto entre una cuota de afecto y un trabajo formal. El uniforme diseñado expresamente, consiste en mallas enteras de diferentes colores de acuerdo al curso de cada alumna.

Todas las interesadas son bien recibidas en estas clases, quienes han sido bendecidas con el don de Terpsícore, aprobarán año a año hasta recibirse. Quienes no, podrán optar por continuar las clases en los diferentes talleres, que brindan además una posibilidad de inclusión social, con niños de variadas capacidades.

Por otro lado, las alumnas reciben ortodoxas clases de ballet. Aquí las exigencias son justamente las que requiere esta técnica, y aunque no todas están capacitadas para desarrollarse profesionalmente en el mundo del ballet, todas son bienvenidas a la hora de desear completar su actividad artística. Resultó sorprendente para esta cronista el grado de compromiso y concentración adquirido por las estudiantes. Sin tener una clase marcada de antemano, la maestra llegada de la ciudad de Buenos Aires, solamente marcó una vez cada paso (pasos complejos) y a un sólo lado. Baste decir el tiempo musical con el que debía hacerse que todas habían comprendido lo que debía realizar.

Al fin de cuentas, el lenguaje o el método, no es más que una excusa, como dijera la propia Erman, para adentrar a las niñas en el maravilloso mundo del arte “viéndolas desarrollarse en un ámbito de amor y conocimiento, que las ayuda a mejorar su calidad de vida en pos de un mundo mejor”.


 
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