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martes, 10 de diciembre de 2013

Nota de tapa

Laborde Baila el Malambo

Por Daniel Sousa

La fiesta máxima de los zapateadores tendrá lugar entre el 7 y el 12 de enero en el sur de la provincia de Córdoba. Además de las destrezas de piernas en los estilos norteño y sureño se verán conjuntos de danzas, cuadros históricos y costumbristas, y delegaciones extranjeras. El último campeón, Sebastián Sayago, repasa su camino hasta la consagración

“De pie se ha puesto la Argentina, y se abre al mundo fraternal. Son los hijos de esta tierra, pura selva y raíz, que comienzan a bailar…”. Cuando el próximo 7 de enero el himno escrito por Carlos Yarán vuelva a atronar en el Parque Nacional del Malambo, la ilusión de decenas de zapateadores llegados desde los cuatro puntos cardinales será puesta en juego una vez más. Durante seis días y sus noches, las delegaciones provinciales, siempre numerosas, alterarán el ritmo cansino al que se mueve Laborde, un pueblo de apenas seis mil habitantes en el sur de la provincia de Córdoba, donde se consagra cada año, desde 1966, al malambista más virtuoso del país.

Claro que el festival es más abarcativo y contempla también otros rubros en competencia: pareja y conjunto de danzas, grupo y solista de canto e instrumental, recitador gauchesco. Un menú rico y variado, signado por el estricto respeto de los cánones tradicionalistas por sobre la proyección y las influencias de otros estilos de música y baile. No por nada Laborde se jacta de ser “el más argentino de los festivales”.

Si bien la máxima atracción es siempre el contrapunto entre los aspirantes a Campeón Nacional (que deben superar los 20 años), las categorías arrancan desde los nueve años (Infantil) y contemplan también a los adultos (en el apartado Veterano compiten los mayores de 38). Tal vez sea la competencia en cuarteto, de un vistoso despliegue coreográfico, el rasgo menos ortodoxo de la fiesta grande del malambo.

Para la edición 2014 se anuncian las presentaciones de Facundo Toro, Los Cuatro de Córdoba y La Callejera, entre otros números que, junto con los concursantes, animarán las veladas a cielo abierto. El inicio de las actividades volverá a marcarlo el desfile de todas las representaciones provinciales, con sus trajes típicos, desde la plaza Olmos, por la calle Sarmiento, hasta el Parque del Malambo. Los abonos para las seis noches se consiguen a 300 pesos.

En un lapso de entre dos y cinco minutos (dependiendo de cada categoría), con el único respaldo de sus músicos en vivo, los zapateadores saldrán a dejar el alma en escena después de un año entero de privaciones, sacrificio y esfuerzo. La entrega y la perseverancia de los malambistas, y particularmente la del Campeón Nacional 2012, el pampeano Rodolfo González Alcántara, llamaron la atención de la periodista y escritora Leila Guerriero, que le dedicó un libro a esta singular fiesta popular (Una Historia Sencilla, editorial Anagrama). Lo presentará el sábado 11 de enero en el marco de las actividades culturales y de formación que la comisión organizadora programa en cada edición.

Como ya es costumbre, actuará la academia de danzas del festival, llegarán delegaciones extranjeras, y funcionarán el paseo de los artesanos y el patio de comidas criollas.

 

TIERRA DE CAMPEONES

“La primera vez que viajé a Laborde fue en 1996, cuando tenía once años”, le cuenta a Balletin Dance el santiagueño Sebastián Sayago, ganador de la última edición del festival. “Había participado de uno de los primeros Pre-Laborde que se hicieron en mi provincia y salí segundo en la categoría Infantil. Yo ya bailaba desde los cuatro años. Un tío por parte de mi madre, Juan Ramón Sayago, profesor de danzas, me inculcó todo esto. Siempre que se ponía a practicar yo me sentaba a verlo mientras tocaba un bombito. De a poco, de tanto verlo, me fue llevando. Un día mi tío me dijo que le gustaría presentarme a Pablo Sabalza (campeón 1991) para que me preparara y pudiera llegar al festival algún día. Cuando salí segundo en el Pre-Laborde, Pablo y su padre, Roberto ‘Piri’ Sabalza (campeón 1970), me invitaron a sumarme a la delegación provincial, aunque no pudiera competir. Fue así como conocí esta fiesta”.

Santiago es una provincia con mucha tradición de campeones en Laborde. Ya suman quince…

Siiii... Cuando llegué me sorprendí con la cantidad de santiagueños que figuraban en la galería de campeones. Aquella primera vez mía coincidió con una presentación que se hizo de todos los campeones juntos, desde Miguel Ángel Tapia (el primero, en 1966) hasta ese año. ¡Imaginate! Verlos a todos en persona fue algo fabuloso. Ahí nacieron mis ganas de llegar a ser como ellos algún día.

Después de aquel viaje iniciático, ¿cómo siguió su relación con Laborde?

Al año siguiente participé en Cuadro Costumbrista, al otro me presenté y perdí en la categoría Juvenil (de 14 a 16 años). Retomé ya en Juvenil Especial (de 17 a 19), como solista y en cuarteto. En 2002 salimos segundos, en 2003 fuimos terceros y en 2004 ganamos la mención especial. Pero nunca perdí las ganas. Yo soy así: no bajo los brazos, considero que es de un grande aprender a ganar y a perder.

¿El ambiente es tan competitivo como parece?

Y, sí... Ya mientras te estás preparando arrecian los rumores de cómo viene tal o cual aspirante. “Cuidate con aquel que está muy bien…”. Hay favoritismos, comienzan a circular nombres, arranca la competencia aún antes de subir al escenario. Pero como yo ya los conozco a todos y tengo buena relación, no lo sufro. Es más: durante el resto del año mantenemos el contacto.

¿Cómo fue el día en que vio los afiches de la edición 2014 con su imagen?

Estaba tan ansioso, tan impaciente... Le preguntaba a uno y a otro cuándo iban a salir. Estando en Rusia de gira, un día abro Facebook y ahí lo veo. Automáticamente me puse a llorar, es una sensación tan extraña. Era algo que me había imaginado desde chico, una cosa increíble.

¿Cuándo se dio cuenta que tenía chances reales de llegar a ser Campeón Nacional?

En 2005 fui campeón en Juvenil Especial y al año siguiente ya me presenté para aspirante a Campeón Nacional. Desde ahí nunca dejó de crecer mi ambición de ganar. En 2009 perdí en el Pre-Laborde con Fernando Castro, un medio hermano mío por parte de mi padre. Pero ayudarlo a él a consagrarse como campeón me dio más fuerzas. Mientras me preparaba para el festival de 2012, en el que fui subcampeón, me sentía bien preparado internamente como para llegar lejos.

La relación de los concursantes con los jurados es muy cercana. ¿Qué devolución le hacían?

Siempre me han dicho que el mío era el mejor malambo en cuanto a estructura, que tenía muy buena técnica, pero que me faltaba algo. “Tenés todo pero te falta decirnos algo arriba del escenario”, era el comentario. Era la madurez lo que me falta, ahora lo entiendo. Recuerdo que cuando subí a zapatear en 2011 sentí que volvía a ser la misma persona que se había alejado del festival en 2005. Es que en esos años, por mis viajes al exterior, había ido perdiendo el vínculo con la cultura de mi tierra, se me confundieron las raíces, y tal vez era eso lo que el jurado veía.

La rutina que finalmente lo convirtió en campeón fue creada por Daniel Paladea, la mano derecha de Pablo Sabalza, quien a su vez orientó la preparación física del crédito santiagueño. Fredy Vaca, de Tucumán y vencedor en 1996, completó el equipo que acompañó a Sayago hasta su consagración.

 

ESTILO SUR

Contraviniendo lo que podría suponerse, Sayago dice disfrutar del zapateo sureño, elegante y sutil, tanto como del malambo fuerte que caracteriza a las provincias del norte (los aspirantes a campeón están obligados a presentar rutinas de ambos estilos). “En 2006 me calcé por primera vez la ropa de sureño y me sentía un ser de otro mundo, pero con el tiempo le tomé un amor especial”, confiesa.

Sostén económico de su familia (madre, hermana y abuelo), el bailarín recuerda que muchas veces le han preguntado por qué invertía tanto tiempo y dinero en preparación, y por qué viajaba al menos cuatro meses en el año a trabajar en lujosos cruceros “para después malgastar lo ganado en el malambo”. “Viajo para ahorrar todo lo que puedo. Este año estuve en Estados Unidos y en once países del norte de Europa. Durante mucho tiempo entrené solo en los cruceros, todas las noches entre las once y las tres de la mañana, que era cuando me prestaban el teatro. Y extrañaba mucho en ese momento: el bombo, la guitarra, la compañía de mi gente…”. Una vez que la gira concluía y Sayago regresaba a su Santiago natal ya no aceptaba otros compromisos laborales. Se dedicaba a ensayar a destajo.

¿Cómo es la preparación de un malambista de elite?

Es alimentación, es gimnasio... Uno de los gastos que más he tenido ha sido por las lesiones que sufrí desde el año 2010: esguinces, distensión de ligamentos... En 2012, la primera noche, cuando zapateaba el estilo norteño, me lesioné en la penúltima mudanza. Se me produjo un corte en los tendones de la rodilla izquierda. ¡Y todavía me faltaba el sureño! Lo hice con hielo y todo vendado. Fue un dolor terrible, por primera vez no disfruté el malambo. Y aun así salí subcampeón. Me dijeron que debía operarme pero si lo hacía no iba a llegar al próximo festival. Entonces opté por la kinesiología, todos los días del año, mañana y tarde. Fue un sacrificio y un gasto enorme.

La tradición marca que el campeón de Laborde ya no vuelve a competir en otro certamen. ¿Y ahora qué?

Me han llamado para dar charlas y cursos a los chicos. Me gusta contar mi historia, el sacrificio, para que me conozcan, y hacer conocer el malambo. Me piden mucho también ser jurado pero por ahora quiero disfrutar mi título de otra manera. Tal vez más adelante, cuando esté más formado.

No imagina Sayago cómo será la noche de la despedida, cuando en enero deba calzarse las botas y zapatear nuevamente en Laborde para dejar grabado en las retinas de miles de personas su particular estilo, antes de dar paso al nuevo Campeón Nacional. Sólo sabe que “serán días de sentimientos encontrados, de volver a cruzarme con gente a la que conozco desde hace años y que se ha alegrado tanto con el momento que me toca vivir”.


 
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