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Ediciones 2007 - Junio 2007
domingo, 10 de junio de 2007

Bailando con Tinelli

  
Por Diego Llumá

 

Marcelo Tinelli, no cabe duda, conoce bien el negocio de la televisión. Su invención de 1990, Video Match, fue el trampolín hacia una nueva era de la industria. Gusten o no, sus creaciones acompañaron los vaivenes estéticos abrazados por la sociedad argentina, creando nuevos hábitos de consumo.

Sus creaciones siempre incluyeron números de baile. Desde las pioneras T-Nellis’s, hasta el presente, el “baile” ocupa un lugar central en sus shows.

El formato de Bailando por un Sueño, adaptación argentina de una invención mexicana (de la productora Televisa) se sustenta técnicamente en una aparatología tecnológica de última generación y en el oficio de las personas que componen su equipo.

Una pieza clave de esta estructura es el director del programa, Alejandro Ripoll, de larga experiencia en televisión. Se forjó durante 16 años en Canal 7 y desde hace cinco se desempeña en Ideas del Sur.

“Soy muy malo bailando, cantando y tocando instrumentos. Esa es mi gran frustración artística. Me desquito mostrando cómo otra gente puede bailar, cantar y tocar tan bien. Disfruto mostrando en las mejores condiciones el virtuosismo de otros”, dijo Alejandro Ripoll a balletin dance durante una conversación en las instalaciones que tiene Tinelli en la calle Olleros de Colegiales.

El director enfatizó la importancia que le da a su cooperación con la jefa del equipo de cerca de treinta coreógrafos del programa, Eugenia López Frugoni (ver entrevista en esta edición).La presente edición de Bailando por un Sueño incluirá una serie de innovaciones. Entre ellas, el baile del caño y, en simultáneo, el nuevo segmento Patinando por un Sueño (ver informe de patinaje artístico en la edición enero-febrero de 2007). Un segmento posterior (agosto-septiembre) estará dedicado a los musicales, aprovechando el boom de ese género teatral en Buenos Aires.

“Nuestro punto de arranque, en septiembre de 2006, fue la escenografía y la puesta de luces. Nos obsesionaba la pista de hielo de 20 X 15 metros que debía tener el estudio. Esa superficie nos iba a condicionar la escenografía. Decidimos armar la pista de baile sobre aquella de hielo, inventando un dispositivo que permitiera su uso doble: para patinar sobre hielo unos días y para bailar otros, recurriendo a maniobras que demandan 12 horas para su montaje y 12 para su desmontaje”, explicó el director.

La última semana de mayo se levantaron los paneles de madera y los que, por debajo de éstos, aíslan una pista de otra, y se procedió a formar el hielo.

El mismo sistema sirve para amortiguar la caída de los bailarines y “evitar la cantidad de lesiones en rodillas y tobillos que tuvimos el año pasado”, señaló Ripoll. La puesta de luces es un activo único de este show: “tenemos 75 luces móviles, una cantidad muy superior a la que puede haber en cualquier otro espectáculo del país. Además, disponemos de una pantalla de alta definición que nos permite jugar como elemento escenográfico: componemos digitalmente en la sala de control la figura de la gente que baila y le agregamos algún ‘elemento’. Gracias a eso podemos tener la cantidad de decorados que queramos, generados en computadoras”. La puesta de cámaras de Show Match es la misma desde hace 17 años.

“Para Bailando… ajustamos los planos a las coreografías. Tenemos tres coreógrafos dirigidos por Eugenia López Frugoni: María Laura Rossi, Constanza Cánova y Hugo Ávila; ellos son mis referentes”, subrayó Ripoll. “Eugenia y su equipo me señalan cuál va a ser la tendencia, el estilo y lo que hay que destacar visualmente. Ella es la directora de orquesta”, explicó.

Bailando… (y Patinando… y luego los musicales) se hace con siete cámaras, dos con lente grande J20 Cannon, para hacer los planos cortos y los planos-detalle. Cuatro son cámaras portátiles -una con steady-cam, dispositivo de estabilización por contrapesos que carga el camarógrafo en su espalda- y un Jimmy Jib, cámara colocada sobre un brazo largo. “El año pasado decidí poner el Jimmy en altura (en un entrepiso del fondo del estudio frente al escenario). La saqué de la planta por donde circula mucha gente y se corre el riesgo de decapitar a varios en el recorrido del brazo del Jimmy”, bromeó. De todas formas el mayor resultado de esta opción es visual. “El Jimmy, centrado a 2,20 m de altura, me permite un doble horizonte: si pico la cámara la puedo llevar al ras, la puedo usar como una cámara normal, y cuando despego incluyo la gran toma panorámica que no podría desarrollar desde el piso porque no me daría la altura. Puedo ir de un plano corto a un panorámico que multiplica por tres la percepción del espacio. Parece que estamos en el Luna Park cuando tenemos sólo un décimo de esas dimensiones”.

En la producción del programa trabajan 150 personas. “25 parejas concursantes, son 50 personas a las cuales hay que vestir, calzar, darles de comer, un camarín para sentarse, un baño, coordinar con qué movilidad llegan al estudio” destacó. La dirección, según Ripoll, debe escuchar a los artistas. “La técnica no puede limitar a la artística: hay que dejar que los artistas vuelen y después nosotros ver cómo lo registramos. Que ellos digan lo que quieren hacer y nosotros les ponemos el cómo. La palabra no se puede no existe. Le buscamos la vuelta para que salga y sea visualmente agradable”.

La medición del rating minuto a minuto es el primer monitoreo que tiene Ideas del Sur sobre la receptividad de Bailando…. “Es un programa alegre, que divierte. Los argentinos recién estamos recuperando la alegría que perdimos en 2001. Uno las cosas no las ve con tanto pesimismo. El programa es un reflejo de aquello. Hace cinco años hubiera sido un fracaso. En medio de los saqueos, poner un big show, lujoso, habiendo muertos en la Plaza de Mayo, hubiera sido impensable”.

El Canal 7 de Ripoll

“Me formé en Canal 7 donde entré en 1986, esa es mi casa. En aquella época no había una universidad ni escuela de televisión o cine. Uno se formaba con los directores que habían sido pioneros de la televisión. Los que la habían inventado en la Argentina. A partir de ellos y de la vocación docente que tenían, se fue formando la segunda generación de directores, que somos nosotros”.

 
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