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jueves, 10 de octubre de 2013

Entrevista

La Belleza en la Debilidad Humana

Por Agustina Llumá

Tamara Rojo volvió a presentarse en Buenos Aires, esta vez en el marco de la Gala Internacional del Teatro Colón. Balletin Dance dialogó con ella acerca de las obras que presentó y de su gestión como directora del English National Ballet del Reino Unido

Conversar con Tamara Rojo es, sin dudas, una delicia. Culta y delicada, con un léxico poco frecuente entre los amantes de Terpsícore, conversó atentamente con esta cronista en su breve paso por la ciudad de Buenos Aires.

Nacida en Canadá en 1974, y formada en la escuela de Víctor Ullate de Madrid, Tamara Rojo, partió de su tierra a temprana edad para desempeñarse en Gran Bretaña. A partir de entonces, vivió una de las carreras más fecundas con las que puede soñar una bailarina, que hoy la ubica como directora artística de una de las compañías emblemáticas del Reino Unido.

Más allá de los destacados premios recibidos a lo largo de su vida, de los teatros donde bailó, los coreógrafos y bailarines con los que trabajó, para ella los puntos más trascendentes personalmente han sido varios. “Uno: cierto repertorio. Algunos ballets que siempre quise bailar, los de Kenneth MacMillan por supuesto, Mayerling, Manon, Romeo y Julieta, porque me dieron una forma de expresarme que para mi era natural… el estilo de MacMillan nunca busca el compromiso (el compromiso del estilo inglés), nunca busca el término medio, nunca busca lo que es bonito nada más. Busca la belleza en la debilidad humana. Que es lo que a mi más me atraía, el buscar lo bello de la parte oscura del ser humano. Sobre todo en caracteres como Mary Vetsera de Mayerling, o Manon que al fin y al cabo es una prostituta. Él no quiere que olvides nunca que al fin y al cabo eres una prostituta, ni que pidas perdón por ser lo que eres, sino que realmente lo hagas con el orgullo de ser la mejor prostituta de París. Ese repertorio significó mucho para mi”.

Otros coreógrafos marcaron significativamente el arte de Tamara Rojo. “También bailar el repertorio de Roland Petit y el repertorio de Mats Ek. Hice las dos Cármenes: la de Roland Petit y la de Mats Ek, entonces tuve la oportunidad de entenderlos a los dos que son tan diferentes. Pero sobre todo bailando la Carmen de Mats Ek, fueron los momentos más felices que tuve sobre el escenario en toda mi carrera”.

Por otro lado, la bailarina asegura que fueron sus compañeros, parte importante de su trayectoria: “Julio [Bocca] que tuvo la generosidad de incluirme en su despedida acá en Buenos Aires, Carlos Acosta, Jonathan Hope, Sergei Polunin, he tenido grandes partenaires en mi carrera y los sigo teniendo. Luego algunos teatros, algunas ciudades, he tenido mucha suerte he bailado mucho en La Habana, he bailado aquí en Buenos Aires, por supuesto Londres donde se ha desarrollado toda mi carrera, en Japón, China. La verdad es que tengo muchos momentos que han sido importantes para mi”, aseguró siempre con pausa, cierta calma y muchísimas expresiones de su rostro y manos.

 

Dejar de bailar

“Yo no me he retirado, todavía sigo bailando. Sí es verdad que se me ve menos en Londres que es donde bailaba muy a menudo, y que no viajo tanto, sino en muy pocas ocasiones. Pero bueno, tiene que suceder alguna vez. La danza es mi primer amor, yo no entré a la danza para ser directora, entré para bailar, pero también llega un momento en que… no es que ya hayas hecho todo, pero has hecho suficiente. Suficiente para que si realmente se acabara mañana, no fuera un trauma, sobre todo si tienes otros intereses. Sobre todo si el siguiente paso, como me sucede a mi, es tan, tan, interesante, que te hace olvidar la pérdida”.

 

Dirección

En septiembre de 2012, Tamara Rojo asumió como directora artística del English National Ballet y no fue por casualidad. Siendo una de las directoras más jóvenes de esa clase de elencos, comenzó a prepararse para ejercer un rol de estas dimensiones mucho antes de dejar las tablas. “En un momento, la historia me empujaba hacia ello. En España, por mi carrera, siempre ha habido una expectativa de que algún día, a lo mejor fuese mi responsabilidad llevar una compañía”. La presidencia de gobierno en Madrid la convocó para dirigir un elenco, sin embargo, “para mi era demasiado temprano, no tenía la experiencia, no estaba formada, tenía muchos años que bailar todavía, y dije: no es el momento”, recuerda en esta conversación la bailarina. “Pero después pensé que si en algún momento, más adelante, volviese a ocurrir, tenía que estar preparada para no echar a perder una oportunidad como esta, porque históricamente estas oportunidades no vienen cada cinco minutos, y a veces no vuelven nunca más. Entonces dije bueno, si esto vuelve a ocurrir, si de alguna forma una organización quiere poner en mis hombros la responsabilidad de sacarla adelante, o de crear una nueva vida, de crearlo de cero, tengo que saber lo que estoy haciendo. Luego, tengo unos padres que siempre me han ayudado mucho, y que no vienen del mundo de la danza, entonces son muy pragmáticos, ven las cosas con la cabeza fría, y siempre me han aconsejado muy bien con respecto a los pasos que hay que dar para prepararse para cualquier profesión. Ha sido una combinación de las dos cosas”.

Así fue como la española realizó el Doctorado de Danza y Coreografía en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, a distancia, viajando, con el objetivo de “volver a acostumbrarme a estudiar. Porque hacía mucho tiempo que no me tenía que sentar a estudiar y examinarme”. Luego hice los Rural Retreats de la organización Dance East, que cada año crea un campamento para directores -o para gente que quiera ser director-. Eso para mi fue una experiencia impresionante, aprendí muchísimo”. De los treinta participantes de ese año, cuatro fueron elegidos para ser las sombras (shadow) de un director artístico y una de ellas fue la entrevistada. “Nos ofrecieron esta scholarship [beca], así que fui al Ballet Nacional de Canadá, y Karen Kain, la directora artística, fue muy generosa conmigo. Tuve la oportunidad de aprender de todos los departamentos de administración, artísticos y de producción: marketing, development, tickets, sales… tuve la oportunidad de entrevistar a todo el mundo, de sentarme en los consejos directivos, de estar en las clases y ensayos, aunque esa parte ya la conocía más. Poco a poco seguí aprendiendo hasta que llegó la oportunidad del English National Ballet”.

 

Identidad

La primera acción al frente de la dirección, fue “traer a un equipo artístico nuevo, liderado por Loipa Araujo que ha sido mi mano derecha en mis años de bailarina en el Royal Ballet y que accedió a ser mi directora asociada. Estoy muy agradecida, porque es un equipo artístico fantástico, y ya se puede leer en los comentarios de todo el mundo, que el nivel de los bailarines se ha levantado. Luego me puse en contacto con coreógrafos que admiro y que quería que vinieran a trabajar con nosotros. El año pasado tuvimos a Jirí Kylián volvimos a traer obras de Roland Petit, el año que viene vamos a trabajar con Russell Maliphant, Akram Khan, Liam Scarlett, estoy en conversaciones con Mats [Ek], con [William] Forsythe. Mucha gente de una categoría incuestionable, pero que nunca han trabajado con el English National Ballet, y con ninguna compañía en el Reino Unido”.

“Ahora en otoño estrenamos El Corsario, un ballet clásico que nadie ha bailado nunca en el Reino Unido. Entonces, estoy intentando darle a la compañía una personalidad propia, un repertorio propio, con bailarines de una formación fuerte”.

No menos importante fue que Vivianne Westwood [destacada diseñadora de indumentaria] “accedió a hacer nuestra campaña de promoción. Intentado ser una organización atractiva, joven, y distinta a las demás. Hay que reconocer que en el Reino Unido hay cuatro compañías de ballet y es un país pequeño, entonces si quieres sobrevivir tienes que tener algo que ofrecer, que sea diferente”.

 

En Buenos Aires

Tamara Rojo, se presentó en la Gala Internacional en el Teatro Colón (ver comentario en esta edición de Balletin Dance). Allí bailó el pas de deux de Raymonda de Rudolf Nureyev “que acabamos de hacer al final de la temporada pasada en julio en Londres y Cinco Valses al Estilo de Isadora Duncan.

Escucharla hablar de esta coreografía, coincide con lo que se vio en escena. “Para mi esa pieza tiene muchísimo significado desde muchos puntos de vista. Desde el punto de vista personal, porque yo como adolescente me obsesioné con Isadora Duncan, con la vida de Isadora. Casi todas las bailarinas hemos tenido un momento obsesivo de Isadora Duncan. Me encanta la literatura, me encanta la investigación histórica, me encanta leer mucho, entonces busqué todos los libros que pude, estudié muchísimo y pensé que nunca lo iba a usar. Luego entré al Royal Ballet, y tuve el privilegio de bailar dos Isadoras: la Isadora de Kenneth MacMillan para la que estuve trabajando con Lynn Seymour y la Isadora de Ashton que también se la creó a ella, con la que trabajamos muchísimo, muchísimo y es la que traigo aquí. La diferencia es que ésta, es realmente un homenaje que él quiso hacer porque la vio bailar cuando era muy joven. Ashton vivía en Uruguay, y la vio bailar en una gira, como a Ana Pavlova. Siempre dijo que esas dos bailarinas fueron las que más lo influenciaron como persona, y su concepto de coreografía, y su concepto de lo que es la danza. Yo lo veo como un homenaje muy cariñoso y una forma de intentar rescatar lo que hubiese sido ver a Isadora viva si estuviese en escena”.

Cada uno de los cinco valses de Brahms, tiene un significado específico, que Rojo deja ver en el escenario claramente. “Para eso me ayuda mucho el haber hecho toda esa investigación, porque entiendo los momentos, entiendo cada canción, y cada vals tiene un significado diferente. El primero es como si te despertaras en la playa después de haber hecho el amor toda la noche. Hay que recordar que Isadora cuando perdió a sus hijos lo primero que hizo fue irse al mar y acostarse con un pescador para quedarse embarazada otra vez. La segunda es la tristeza, la tristeza de la pérdida y ella tuvo pérdida toda su vida, pérdida profunda. Pero de ahí siempre salía adelante, entonces en el tercer vals, cuando toma el fulard [pañuelo de gasa], el fulard que finalmente la mataría, es… de alegría, de esperanza, de que las cosas pueden salir bien. El cuarto, es el vals de la revolución rusa, ella fue a Rusia y se enamoró de un poeta, y creía en la revolución, y creía en el método de Stanislavsky. Creía en todas esas nuevas formas de ver el mundo, que eran todas utópicas, pero que en ese momento daban una esperanza diferente, una esperanza de justicia y de revolución. Y finalmente la quinta, que para mi es la más importante, que es la ofrenda a su público y a la danza, que es la Danza de los Pétalos y que para mi es el momento en el que le das las gracias al público, por seguirte. Isadora hacía eso siempre. Ese pozo de conocimiento de su vida me ayuda a ponerme en esa situación e intentar canalizar a esa mujer, con todo respeto…” Dice sonrojándose y entre risas.

 

Consejo para jóvenes bailarines

Primero que estudien mucho, y cuando digo estudiar no me refiero solamente a tomar clase que es muy importante y a tomar los ensayos y todo eso, sino a aprender la cultura de la profesión a la que van a entrar. Los estilos, de dónde nacen las cosas, cuál es la diferencia entre un Bournonville y un Balanchine y un Vaganova style. Cuáles son las diferencias, cuáles son las cabezas y los brazos, la musicalidad y el carácter de los diferentes estilos de danza.

Que se hagan bailarines completos porque les dará mucha más oportunidad de tener una carrera internacional. Manejar distintos estilos y tener una técnica lo más completa posible. Las dos cosas.

Y que cuando que se preparen para audicionar, que realmente piensen en qué compañía quieren trabajar, para quién y con quién. Una de las cosas que yo encuentro cuando vienen bailarines a trabajar, es que cuando me siento con ellos y les pregunto ‘por qué quieres entrar en el English National Ballet’, en el fondo no saben qué es ENB, no saben las características de la compañía, el repertorio que bailamos, con quién trabajamos ni las giras que hacemos. No todos los bailarines tienen la personalidad adecuada para una compañía así. Por eso, aquellos que vienen sabiendo a lo que vienen, y que realmente quieren estar en una compañía de estas características, van a tener mucha más oportunidad de éxito y adaptación”.


“Una de las cosas que más me gusta de Buenos Aires, son las librerías que hay y los libreros. Porque en Europa se ha perdido el oficio del librero, aquí puedo ir a la librería y decirle ¿me aconseja? Y salgo con dieciocho libros…” relata contando lo que había sucedido ese mismo día.


 
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