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Ediciones 2007 - Junio 2007
domingo, 10 de junio de 2007

Pepe Cibrián Puede

 

Por Diego Llumá

El pequeño Pepito Cibrián vivía con sus padres a pocas cuadras del antiguo Canal 7 cuando tenía sus estudios en el Hotel Alvear. Muchos de los amigos de Ana María Campoy y de Pepe padre, una pareja emblemática de la televisión argentina, eran camarógrafos y directores de la emisora. Más de una vez el niño regresó de la escuela para encontrar su hogar sin muebles: “los necesitaban para utilería”, recuerda a la distancia.Cuarenta años después de haberse volcado a la profesión de sus padres, Pepito Cibrián se zambulló en la televisión, siempre junto a su socio artístico, el músico Ángel Mahler.

La actividad diaria en Canal 7 está supervisada por Cibrián y Mahler en persona. El director de teatro, creador de los musicales Drácula y El Jorobado de París entre otros éxitos teatrales, pasa jornadas enteras de lunes a viernes en los estudios, marca las coreografías, contagia disciplina a los participantes.

Cibrián rechaza la calificación de su ciclo como reality show. “No me gusta usar palabras en inglés teniendo un lenguaje tan bello como el nuestro. Reality en español es realidad y esos programas no tienen nada que ver con la realidad de la vida, ni de nuestra profesión o de la lucha que supone”, dispara Cibrián al inicio de un diálogo con balletin dance en su camarín vecino al Estudio 1 de la emisora estatal.

Al director le molesta que se pretenda un atajo a la fama como el que propone, por caso, el incomprensible Gran Hermano. “Conquistar la fama a través de este oficio, vivir de él, demanda mucha lucha, trabajo y estudio. Para ser un bailarín en serio hay que ejercitar ocho horas diarias”, dijo sin esquivarle a la polémica.

Cibrián se propuso con este programa retratar las entrañas del metier. “Es el teatro televisado, la lucha concreta en nuestro país, en nuestro medio. Es una pasión de vida. Tratamos, a nuestra manera, de mostrar eso en televisión”, explicó. El resultado de estas sesiones es una serie de 26 entregas de una hora semanal.Una vez en el estudio, el dispositivo de la televisión apunta a simular su propia ausencia, para llevar a los hogares la experiencia teatral como si las cámaras y reflectores no estuvieran ahí.“Es como si no estuviera ante las cámaras. Eso es lo maravilloso de este proyecto. Hay siete cámaras que siguen todo lo que yo hago durante ocho horas por día. Luego hay un trabajo muy comprometido de edición”, señaló.Por cada 10 personas que se ven en el programa quizás hayan pasado varios miles. “El trabajo que hacemos con Ángel en el Canal, es como en el teatro, sólo que alguien nos está filmando. Por eso yo digo barbaridades o me muero de risa. El show final expresa el buen clima de trabajo que reina en la emisora”, aseguró. Las coreografías las monta el propio Cibrián para cada grupo. “Yo gané un premio ACE (de la crítica especializada) al mejor coreógrafo, lo cual me hizo mucha gracia. Yo no soy un coreógrafo, aunque realmente haya montado las coreografías de mis obras. No tengo la técnica, pero tampoco prejuicios; planteo lo que quiero y delego en asistentes -que se rompen el bocho para resolver lo que yo propongo- la resolución”, explicó acerca de su método de trabajo. “Los bailarines profesionales se sienten incomodísimos, pero lo tienen que hacer igual”, bromeó.

El producto final será la puesta en escena de una de las obras del repertorio Cibrián-Mahler. “Aún no vamos a revelarla para que los postulantes no se vean predispuestos a encarar uno u otro personaje”. Lo que sí pudo adelantar es que de esa obra final se van a hacer una serie de funciones en un teatro de la calle Corrientes. Pero además el director se reserva otros planes para el futuro.“La gente que viene a nuestro programa no quiere ser famosa rápidamente. Quiere subirse a un escenario. Hay una gran diferencia con los reality”, subrayó con ironía. “Formar gente es algo que hago desde hace 40 años. Busco que haya mucha gente entrenada pero que preserve la ilusión de un principiante. Otros están ya formados y se creen que son Liza Minelli; se les sube a la cabeza. Yo he trabajado con grandes, como María Rosa Gallo, Claudia Lapacó, o mi madre, que tenían la entrega del principiante. Enrique Pinti, Carlos Gasalla o Julio Bocca no se cansan nunca. Eso trato de transmitir a estos chicos”, indicó.

Los participantes tienen que montar mini espectáculos cada semana, de diferentes géneros, circo, orgía romana (sic), milonga arrabalera, cabaret. “Trabajar conmigo es una prueba de aguante más que de talento. El que no aguanta se va. Y éstos aguantan, llegan de Ushuaia, hasta de México y algunos comparten las casas. Saben que existe la posibilidad de que la semana próxima no estén, que queden por el camino. Pero tienen la sensación de que esto es un privilegio, un seminario exhaustivo con gente muy preparada para darles la mejor formación”. Cibrián tiene fe en su gente. Estima que “acá tenemos lo que falta en Estados Unidos: sangre. Estas 10 mil personas que vinieron quizás no están entrenadas, pero tienen ganas”. Fundamenta sus esperanzas en la experiencia de otros que se forjaron junto a él en el pasado. “A Elena Roger, Juan Rodó, Georgina Barbarrosa, Paola Krum, Cecilia Milone, Alejandra Radano -que es producto de su tezón-, Omar Calicchio, los he formado, los he parido. Les he dado una oportunidad. Yo también tenía talento, y lo tengo, pero si no hubiera aparecido Tito Lecture (dueño del Luna Park en el que Cibrián realizó Drácula por primera vez), hubiera seguido en los sótanos en los que me desempeñaba hasta entonces”, confesó. “Toda esa gente era muy talentosa en potencia, diamantes en bruto, como los que tengo ahora”.

“En aquellos nombres detecté grandes personalidades. Cómo no acordarme de cada uno de ellos corriendo bancos, tomando 10 millones de clases cómo podían, dónde podían. Toda la gente con la que he trabajado son buenas personas. El talento, si no sos buena persona, no sirve para nada. Si sos una persona de mierda el talento se va al carajo”, sintetizó sin detenerse en elipsis para que el mensaje pasara más claramente.

Y para cerrar, un mensaje a los consagrados: “toda mi gente fue siempre buena gente. No van a volver a tomar una prueba conmigo, porque es difícil volver a trabajar con papá, eso lo entiendo. Pero aparecen otros maravillosos, y otros que no llegaron a ser tan famosos, siguen en el metier, siguen trabajando. Ese es mi orgullo mayor”.

 
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