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martes, 10 de septiembre de 2013

Entrevista

La Expresión de la Nostalgia

Por Natascha Ikonicoff

Rodolfo Olguín, padre fundador del Modern Jazz Ballet en la Argentina junto a Noemí Coelho, estrena un nuevo espectáculo en el Centro Cultural Borges. Lisboa, Nunca te Conocí, Siempre te Amé… apuesta al uso de tecnología para narrar la historia de un inmigrante europeo en la Argentina de principios del siglo XX

 

En una de las sedes de la escuela Coelho-Olguín, instituida junto a Coelho en 1977, el coreógrafo y director no se mantiene ocioso. Sin embargo, Rodolfo Olguín, pone entre paréntesis sus actividades para acomodarse sobre la butaca detrás del mostrador del estudio, para dialogar con Balletin Dance sobre su nueva obra, que podrá disfrutarse todos los domingos de este mes. Espontáneo y natural, su estilo es más bien sobrio, y se entrega a la conversación sin demasiado preámbulo.

 

¿De qué trata la historia de Lisboa…?

La historia está narrada por el hijo del protagonista y se sitúa en los años ‘20 o ‘30, época en que la Argentina era una tierra provisoria y Portugal pasaba por una fuerte crisis económica. Siendo joven, el protagonista emigra no porque así lo quisiera sino porque su padre, que ya es grande y no consigue trabajo, lo manda a la tierra prometida, con la ilusión de que salve la casa de la familia (hipotecada) y luego regrese. Pero la vida a veces no es lo que vos querés sino lo que ella quiere.

 

¿Quiénes son los bailarines principales?

Gustavo Carvalho interpreta al protagonista y Miriam Coelho, mi sobrina y primera bailarina del Teatro Colón, hace de Joaquina, la amada del inmigrante. Y por supuesto, los bailarines de Modern Jazz Ballet, que el próximo año cumplirá 40 años de creación. Casualmente, Gustavo tiene apellido portugués y sus abuelos vinieron a la Argentina por una crisis económica y nunca pudieron volver. La abuela ahora es muy viejita y vive en Misiones.

 

¿Por qué Portugal?

Situé la historia en Portugal porque conozco Lisboa y es una de esas ciudades que uno puede llegar a extrañar mucho, con cierta nostalgia… Además escucho bastante música portuguesa, me gusta mucho. Para ambientarlo de este modo me informé bastante, lo hice respetuosamente. El espectáculo cuenta con el auspicio institucional de la Embajada de Portugal y el Instituto Camões de Cooperación de la Lengua Portuguesa. Ellos me dirán si lo logré.

 

¿Con qué música cuenta esta narración?

Hay música de guitarra portuguesa, que tiene un sonido muy particular, pero predominan los fados. Hay fados tradicionales, cantados por Amalia Rodrigues, y fados más modernos. Encontré unos que por su letra, se adaptan perfectamente a la historia. También hay un tango, El Porteñito de Villoldo, en una situación que se da en Buenos Aires.

 

¿En qué se diferencia Lisboa de otras obras suyas?

Es una propuesta diferente porque, si bien ya incluí textos míos en otras obras, esta vez se trata de un espectáculo multimedia con tres manifestaciones de arte diferentes: la acción teatral, la danza y lo audiovisual (fotos y videos). Yo tenía las imágenes que quería y con Pedro Riveros, encargado de la parte técnica, hicimos los montajes. Hicimos las fotos en un estudio, después las recortamos y las montamos en el puerto de Lisboa, todo en sepia. Una foto importante es la que retrata la despedida de la familia en el puerto (que subí a mi perfil de Facebook). Noemí [Coelho] es la madre del protagonista, se ve como una gran actriz muy dramática. Y hay dos videos centrales, uno al inicio que contextualiza la situación y el segundo, cuando el protagonista se despide de su amada. La tecnología es fascinante.

 

¿Qué busca generar en el espectador?

La idea de la obra es que desde el comienzo te transporte, te metas dentro de la historia, la vivas junto al relator, y cuando termine te quede la nostalgia de las cosas que pasaron, pero también de las que no fueron y podrían haber sido. Busco movilizar poniendo al espectador en ese lugar de inmigrante, de quien sufre el desarraigo de la familia, de los hermanos, del país, que se va solo a un lugar que no conoce… Eso es muy fuerte. Todos los inmigrantes comparten una misma columna vertebral, tienen que dejar su país, obligados por distintas situaciones, ya sean políticas o económicas.

Olguín recita: Dichoso el árbol que es apenas sensitivo / y más la piedra dura porque ésta ya no siente / que no hay dolor más grande que ser vivo / ni mayor pesadumbre que la vida consciente. “Esta poesía es un poco la historia de Lisboa, si uno no sintiera… Ser sensitivo permite apreciar las cosas de la vida, pero a la vez angustia”.

 

¿Experimentó en carne propia esa nostalgia?

Yo sentí mucha nostalgia estando en España, con otra magnitud, claro. En Francia, en cambio, estaba bárbaro, como si fuera mi país, tanto que en un momento pensé en quedarme allá, pero por esas cosas de la vida, con Noemí nos volvimos y nos terminamos quedando acá. Hoy en día sigo teniendo amigos de esa época.

 

La danza en sus obras tiene una fuerte impronta interpretativa…

La danza por sí misma, sólo por movimiento, no es lo que más me gusta. Me gusta que exprese. No reniego de la técnica, creo que es primordial, pero no es el fin, es más bien un medio para la expresión. Si veo atletas compitiendo, me maravillan y lo admiro, pero no me movilizan. Me guía la frase que dijo un gran hombre de teatro, Jean Louis Barrault: “el bailarín es el atleta de los sentimientos”. Me parece espectacular porque mezcla los dos aspectos, lo físico y la emocionalidad.


 
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