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sábado, 10 de agosto de 2013


Danza árabe

La Leyenda del Raks Sharki

Por Eliana Gissara

La bailarina egipcia Mona Said llegó por primera vez a Argentina en el marco del Festival Ahla Salamat, del que también participaron grandes figuras internacionales como Tommy King, Marta Korzun y Alla Kushnir

Emblema de la danza oriental de los ’70 y ’80, Mona Said aún conserva esa sonrisa fresca que se renueva cada vez que sube al escenario a interpretar Um Khaltoum. Su favorita es Lessa Faker y la baila en el lugar, casi sin desplazarse. Como cuando era adolescente, se emociona casi hasta las lágrimas con esta canción que habla del amor y del recuerdo.

Las bondades tecnológicas de este milenio nos brindan la posibilidad de ver y rever sus presentaciones en la televisión egipcia de la época, con una danza más estilizada y elegante para ese contexto pero densa y terrenal a la vez. Ese tándem fue el que imprimió en su interpretación del clásico, ante la presencia de cientos de entusiastas bailarines que llegaron de todos los rincones del país.

En su debut como organizador de Ahla Salamat, el cantante Maged Almassri apostó a un evento de grandes dimensiones. Cuatro días de seminario intensivo con los maestros Saida, Yamil Annum, Pablo Acosta, Giselle Salomé, Luciano Drube, Karina Armendariz (Argentina) y la visita internacional de Mona Said, Tommy King (Egipto), Marta Korzun, Alla Kushnir (Ucrania), Luiza Araujo (Brasil) y Gada Kanaan (Chile). También hubo lugar para cuatro noches de gala con la orquesta de Armen Kusikian en el Golden Center en las que participaron escuelas de todo el país, con el destaque especial del ballet La Unión (Tucumán), dirigido por Luciana y Pablo Acosta, y la agrupación Oiwm de Romina Maluf (Misiones).

Vale la pena hacer mención de la performance de Tommy King, excéntrico por donde se lo mire, que sostuvo con virtuosismo un personaje simpático y desenfadado. Desde Ucrania, Korzun se mostró orgánica y discreta, mientras que Kushnir con un estilo más quebrado animó al público en una noche bajo cero.

Una trayectoria en el bellydance

Antes de iniciar el festival, Mona brindó una charla cerrada de la que participó Balletin Dance, en donde repasó su nutrida trayectoria. Ante más de cien alumnos de la escuela Saida, la primera bailarina contó cómo desafió a su padre para el que “bailar era una vergüenza”. “Vengo de una familia de beduinos de la zona del Sinaí quienes pensaban que ser un artista era una deshonra”, dice Mona. En 1967 se radicó en El Cairo junto a su madre escapando del conflicto bilateral con Israel. Allí inició sus primeros pasos en la danza oriental. Cuando su padre tomó conocimiento de la situación, Mona corrió los límites y viajó a El Líbano, donde permaneció cinco años y construyó su nombre en el mítico Casino du Liban.

"A mí nadie me enseño nada, cómo colocar las manos o los pies. Me formé viendo de reojo, a escondidas, a las grandes bailarinas Tahia Carioca y Samia Gamal. Todavía recuerdo mi primera presentación, con el traje a medio poner, las piernas muy expuestas… ¡un papelón! Y sobre todo me acuerdo haber entrado corriendo al escenario, ir de acá para allá, por lo que esos días coseché el apodo caballo negro. Luego, como bailarina profesional, dos cosas fueron claves para conformar mi estilo: la coreografía y el espejo. Me ayudó mucho ir probando qué pasos me quedaban bien y cuáles no. El espejo no traiciona”.

Cuando regresó a El Cairo, la “princesa del raks sharki”, como solía llamarla Carioca, se consagró como bailarina de los hoteles cinco estrellas donde llegó a tener su propia orquesta con cuarenta músicos. Mientras tanto, alternaba con presentaciones en clubes de Londres donde bailaba para el jet set árabe.

“Mi carrera dio un vuelco importante cuando viajé a Europa porque allí incorporé nociones de otras danzas y sobre todo desarrollé la idea de show, con una presentación, entradas con elementos, improvisación musical, un solo de percusión. También incorporé escenografía. Recuerdo que para una función mandé hacer una ostra gigante… Esta concepción de espectáculo no existía antes”, cuenta Mona, y destaca la importancia de escuchar la música para “bailar no sólo en el ritmo y sino también en la melodía”.

Al igual que otras figuras de la escena egipcia, Mona filmó una decena de películas en donde lució diminutos trajes. Sin embargo, su mayor diferencial fue saltar a la televisión local, un nuevo medio de comunicación que se estaba imponiendo y que Mona supo explotar para crecer. “Es una lástima que ya no se baile como antes en el cine y en la televisión, estimo que debe ser por cuestiones políticas”, se lamenta.

Finalizando la charla, Said aconsejó al panel que la escuchaba: “les pido que no copien a sus colegas, las copias no tienen sentimientos. Aprendan de su maestro pero no copien sus coreografías. Fusionen, investiguen, prueben. No le tengan miedo a la innovación”.

 


 
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