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sábado, 10 de agosto de 2013

Entrevista

Étoile Para Toda la Vida

Por Laura Lifschitz

A un mes de su retiro de los escenarios, la primera bailarina Silvina Perillo diálogo con Balletin Dance sobre su carrera, el Colón y  sus grandes logros

Silvina Perillo irradia luz y belleza. Resulta mágico escucharla y redescubrir en ella, a través de las palabras, el mismo ímpetu y personalidad que transmite su danza. El 8 de septiembre Perillo se retira de los escenarios del Teatro Colón, en el que hizo toda su carrera. Sus amigos y pares organizaron el pasado 28 de julio una gala en su homenaje.

Iniciada en el ballet a los 7 años y formada en el entonces flamante estudio de Wasil Tupin y Mercedes Serrano, donde llegó por recomendación de la concertista Pia Sebastiani, Silvina Perillo ingresó al Ballet Estable del Teatro Colón en 1987, y desde 1994 realizó todos los roles de primera bailarina.

¿Por qué una primera bailarina se retira en su mejor momento?

Desde que entré al Ballet hace más de 25 años sabía que este año iba a ser mi retiro. Afortunadamente coincide con un momento de mi vida en el que todavía puedo bailar bien. Puedo hacer un ballet de puntas completo. 

¿Qué es el Colón para usted?

Siempre soñaba con ser “bailarina del Colón”, no quería otra cosa. Para mí el teatro era mágico, y así lo sentí cuando entré al Ballet. Había respeto, había una mística. 

¿Por qué nunca dejó la Argentina?

Fui premiada, fui reconocida, y si bien tuve ofrecimientos,  siempre supe que para ser buena bailarina e intérprete yo tenía que ser feliz, y no iba a ser feliz lejos de mi familia.

¿Qué va a extrañar de su carrera?

Primero, el trabajo cotidiano, mis amigos. Yo me divertí mucho trabajando.  

¿Cómo está el ballet en la actualidad?

Los bailarines de la actualidad en la Argentina son muy buenos a nivel técnico. Lo veo en las clases que tomo, en las chicas jóvenes que recién entran a la compañía. Pero me parece que lo que les falta es un trabajo más profundo de interpretación, ese que se pasa de generación en generación a través de los repositores y los maestros. Te puedo decir más: yo recuerdo las exactas  palabras de cada uno de los maestros con los que me tocó preparar un personaje. Para ello fue fundamental el trabajo que hizo conmigo Raquel Rossetti. De todos aprendí: Pierre Lacotte, Natalia Makarova, Georgina Parkinson, Majar Vasiev, Zarko Prebil, Aleth Francillon, Louise Lester, Yuri Grigorovich, entre otros. 

¿Cómo va a seguir su carrera?

Aún no lo sé. Yo soy una bailarina muy segura en escena, técnica e interpretativamente. En ese sentido puedo decir que probablemente no me sienta en condiciones en este momento para ser maestra de ballet, porque requiere mucho conocimiento de cómo enseñar. Pero sí te puedo decir que podría perfectamente transmitir  esto que aprendí acerca de la interpretación y cómo expresar la personalidad de estos personajes a través del ballet. 

¿Qué es lo más difícil que le tocó vivir en todos estos años?

A nivel técnico, una dura prueba que me hizo crecer muchísimo fue la primera vez que preparé Giselle. El maestro que se tomó como desafío prepararme en el Colon fue Ricardo Bustamante. Él  me había elegido para el rol y yo le decía: “Maestro, yo no puedo, yo tengo más carácter”. Y él me dijo: “Si yo le digo que puede, créame, usted puede”. Y lo hice. Luego tuve la suerte de que también  me preparara en Nueva York Natalie Krazovka, en 1990.

Otra de las cosas que no me gustan y que no quiero que le sigan pasando a los bailarines de las futuras generaciones, es encontrarse con tantas dificultades para bailar. No quiero eso para mis compañeros. Yo me voy, pero ellos quedan. 

¿Con qué se despide y a quiénes quiere agradecer por su carrera?

Me despido con Don Quijote, es un pedido que hice, porque es un ballet que estuvo en los momentos más importantes de mi vida, en los hitos. Es el ballet de mi primera vez en el escenario del teatro, entre otras cosas. Yo tuve la suerte de estar con gente muy generosa. Así fue como llegué al maestro Wasil Tupin y su esposa. Él, que era amigo de Maia Plisetskaya, me eligió a mí a mis 10 años para bailar Isadora con la gran Maia. Agradezco a mi familia, que me apoyó cuando quise bailar, y a Raquel Rossetti que sigue siendo en la actualidad mi coach para estas galas.

Fueron 25 años bailando para el Teatro Colón, tuve la suerte de hacer de todo, de hacer todo lo que quería. No me faltó nada. Sufrí el destrato y fui testigo del deterioro del elenco, fui ignorada a veces, luché con mis compañeros.  Es una etapa que cierro, y que cierro con mucha felicidad. No tengo tristeza. 


Recuerdos para Silvina

Federico Fernández, primer bailarín del Teatro Colón: “Desde estudiante la seguía a Silvina. Tiempo después, al ingresar como bailarín al Teatro tuve la oportunidad de bailar con ella. Para mí, Silvina era la "La primera Bailarina del Colon". Siempre que bailo con ella recuerdo cuánto la admiro. Y ahora nuestra relación, algo en broma por el exquisito humor de Silvina, es como la de una madre con su hijo”.

Leonardo Reale, bailarín y director del Ballet Metropolitano de Buenos Aires: “Silvina Perillo es dueña de una técnica de ejecución excepcional y musicalidad asombrosa, capaz de abordar cualquier personaje que se le asigne, cualidad de una gran artista. Tuve la oportunidad de acompañarla en el estreno de la versión integral del ballet El Corsario y Notre Dame de París de Roland Petit, guardando bellos recuerdos de trabajar y compartir el escenario con ella”.

Juan Lavanga, creador y productor de Ballet: “Recuerdo el Primer Concurso Latinoamericano en el año 1987, con un jurado integrado por Amedeo Amodío, Héctor  Zaraspe, Alexander Minz, Josefina Méndez, Dalal Achcar y Luz Lorca. Silvina Perillo y Karina Olmedo ganaron la medalla de oro. El premio fue una beca de estudio en la Escuela Superior de Danza de Rosella Hightower en Cannes. Nunca más nos pasó tener dos medallas de oro en un certamen, realmente Karina y Silvina eran dos joyas”.

Raquel Rossetti, ex primera bailarina y coach de Perillo: “Desde que la conozco como profesional siempre me ha dado la tranquilidad de disfrutar del trabajo realizado diariamente en los ensayos y en las actuaciones que interpreta en el escenario. Es trabajadora, responsable y refleja su pasión cada vez que se brinda al público dando su encanto y simpatía. Además de ser su coach profesional, soy su amiga, la quiero y deseo lo mejor para su vida”.


 
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