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miércoles, 10 de julio de 2013

 


Danza Arabe

El oficio del Artista

Por Eliana Gissara

Khaled Seif visitó Argentina por primera vez y brindó un seminario intensivo de danza oriental. Histriónico y entusiasta, el bailarín polemiza sobre el rol del hombre y la mujer en la danza y la ilusión de los estilos

 

“Cuando alguien quiere hablar sobre mí lo invito a que vea cómo son mis clases. Mi trabajo es el que mejor habla”. La charla con Balletin Dance inicia con una propuesta que esta cronista acepta gustosamente. Minutos más tarde y junto a 50 mujeres, Khaled Seif muestra lo que más le gusta hacer: bailar, crear y divertirse. La hora de clase fluye armoniosamente y todas salimos de ahí un poquito más atrevidas. “Hay que explotar el costado femenino de la danza oriental. Está en ustedes hacerla más rica”, dice sobre el final.

 

Hijo de una familia numerosa ligada al mundo del teatro en Egipto, Khaled aprendió el oficio del artista siendo un niño. “Mi papá era un reconocido actor y mi hermano también siguió sus pasos pero en el cine; hoy es muy famoso. A mí siempre me gustó la danza, el folklore egipcio. Si bien bailo hace ya cuarenta años, la forma de relacionarme con esta actividad fue variando a lo largo del tiempo. Suiza, el lugar donde nací y vivo actualmente, modificó sustancialmente mi carrera como bailarín profesional”.

 

Khaled sigue la tradición egipcia de su familia a través de las costumbres: “Sólo mi pasaporte es suizo, nunca me identifiqué con su forma de vivir”. Migrado con su familia a Egipto, su infancia estuvo marcada por privaciones que supo contrarrestar con un espíritu de libertad. En 1989 Khaled decidió volver a Suiza y dedicarse por completo al arte oriental. Apostó y ganó. La música dio el puntapié inicial, enseñando derbake en un circuito muy reducido de percusionistas locales. Ese primer dinero lo invirtió en clases de jazz, danza moderna y contemporánea. Su danza necesitaba de métodos para poder prosperar en Europa y era consciente de ello. El proyecto se cumplió: seis años más tarde inauguró su escuela de música y danza en Zurich.

 

“Aprendí mucho más sobre historia, religión y danza en Suiza que en Egipto. La gente pregunta, los estudiantes quieren saber y uno tiene la obligación de responder. En Egipto no leíamos libros, son caros; la enseñanza es para familias acomodadas y yo vengo de una familia de clase baja. Recuerdo que en el examen de ingreso para la Academia Nacional de Arte en Suiza, tuve que usar materiales que nunca había tenido en mis manos. Todo lo que sé lo aprendí siendo grande y con mucho esfuerzo”, cuenta el bailarín que ya lleva escritos dos libros.

 

“El primero es sobre música y el otro es de danza shaabi y folklore. Me gusta investigar sobre la danza, de hecho también aplico conocimientos sobre anatomía en las clases para mejorar el movimiento. Por ejemplo, en la danza oriental las mujeres suelen apoyar mal los pies, lo que les causa juanetes, y por consiguiente colocan mal el cuerpo. Siempre digo que el rol del maestro tiene que ser completo, a veces actuamos como kinesiólogos, otras veces como psicólogos, y también como amigos y hasta padres; hay que estar junto a los alumnos desde el corazón”.

 

Danza oriental y folklore

Al igual que en la clase, Khaled se empeña por hacer una diferenciación de género entre “danza oriental”, que es netamente bailada por mujeres, y “danza folklórica”. Para el bailarín, en la danza masculina no hay caderas ni ondulaciones. Se jacta de nunca haber aprendido danza oriental, de recrear a partir de lo que ve. Sí folklore egipcio, que es lo que baila en el escenario: saidi, fallahi, danza nubia, derviche y mambuti (danza típica de los marineros de Port Said).

“Me inspiro en el escenario mismo, no bailo con coreografías. Quizás estudio dos frases pero en el vivo me olvido, así que voy cambiando todo el tiempo. Lo mismo hago en clase, cambio de lado, comienzo con otra pierna y coloco el brazo en otra posición. Las coreografías tienen que adaptarse a lo que hay en el lugar, a los estudiantes y también al público”, dice Khaled, quien tampoco es partidario de hablar de estilos. “No creo que haya estilos definidos según el lugar. ¿Qué es el estilo egipcio, ruso o argentino? Más bien pienso que cada uno desarrolla su propia personalidad en la danza, única, aunque hayan aprendido con el mismo maestro”.

 

En su primera visita a Argentina y con producción de Mónica Calderón y Mariel Sitka, Seif ofreció un seminario sobre Tarab, una variante poco conocida en el ámbito local. “Se llama Tarab a una canción interpretada con muy buena voz. El tono es lo fundamental, tiene que sonar bien e ir cambiando el registro. Te debe dejar volar y emocionar. Para bailar Tarab tenés que sentir la música y conocer la canción, mostrar los matices con el movimiento. La idea es escuchar todos los sonidos para plasmarlos con el cuerpo”, explicó.

 

Además del workshop Khaled participó en Sublime, en única función, junto a otras figuras como Saida, Pablo Acosta, Samir Abut, Mariel Sitka, Mónica Calderón y Nuriel el Nur.

 

“Lo mejor que puede hacer un bailarín es poner el cuerpo, no solo en la interpretación de una danza sino también en su aprendizaje. Si quiero aprender danza nubia tengo que ir a conocerlos, vivir con los nubios para incorporar sus movimientos. Ellos no hacen coreografía ni mucho menos. Somos nosotros los que recreamos a partir de lo que vemos y le sumamos otros elementos para bailarlo en el escenario, como el carácter, pero lo de ellos es puro sentimiento, pura sensibilidad”.

 


 
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