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miércoles, 10 de julio de 2013

Entrevista

Cecilia Figaredo. Ballet, Tango y Vida

Por Laura Lifschitz

Cecilia Figaredo está bella y exultante. Hace poco más de un mes nació su hijo Mauro y a poco de volver a pisar los escenarios, repasa para Balletin Dance su carrera y los nuevos proyectos, entre los cuales está Boulevard Tango que reestrena en septiembre. Una charla íntima con esta nueva mujer que renace como persona y bailarina

Pensar en Cecilia Figaredo es pensar en sus inicios en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, en las clases de Lidia Segni y Wilhem Burgmann. Figaredo es también el Ballet Argentino (durante 20 años), es Julio Bocca, es la despedida de Julio en el Obelisco en 2007, es Llamas de París, es El Corsario, es Tchaikovsky Pas de Deux, es Diana y Action, es Cisne Negro, es Don Quijote, Coppelia, La Esmeralda, Paquita. Cecilia es la pasional Carmen, es la trágica Felicitas de Ana María Stekelman, es también La Muerte en Freddie, el musical de Hernán Piquín y es la sensualidad en Aniceto de Leonardo Favio. Ahora, Cecilia es la mamá de Mauro. Y es una bailarina absolutamente completa tanto técnica como interpretativamente que avanza, como lo ha hecho habitualmente, a grandes pasos. Por ello, éste es un momento ideal para repasar su pasado y su futuro en la danza.

Su carrera como bailarina la condujo de interpretar roles de ballet de repertorio, al contemporáneo, pasando por espectáculos populares, hasta el tango. ¿Cómo se define como bailarina?

Soy una bailarina clásica que se animó a diferentes estilos, y que al descubrirlos, le encantó. El contemporáneo lo empecé a conocer a través de los coreógrafos que vinieron al Ballet Argentino, lo mismo que el tango, y las obras con elementos de jazz. Por eso seguí desarrollando esas facetas. Nunca tuve prejuicios, pero fue un tema de madurez mía el abordarlos. Era otra época, ahora las compañías clásicas ya encaran repertorio clásico. Uno ve cosas increíbles, como Sylvie Guillem bailando Mats Ek o los bailarines de Pina Bausch.

¿Qué significó la maternidad para su mente y cuerpo?

No tuve complicaciones con lo físico. Eso hizo que durante el embarazo estuviera perfecta, lo viví muy relajada. De hecho bailé hasta los cuatro meses. Estaba de gira con Hernán Piquín en Freddie. Lo último que bailé fue el homenaje a Leonardo Favio con Hernán en el programa de Tinelli. Mientras, seguí dando clases. Creo que cuando vuelva al escenario voy a sentir que sin duda no soy la misma. Cambia todo. El eje ya es otro, claro. El artista se va nutriendo de su experiencia de vida, también. Ésta, que es la más importante de mi vida, seguro me va a modificar. 

Vengo de una familia de tangueros. Cuando empezamos a hacer obras de danza con tango incluido en el Ballet Argentino, ya lo tenía muy incorporado. Es que a mí me gustan las obras con sentimiento más que la técnica pura.

Ésta es una idea que tuvimos con el director musical y compositor, Andrés Serafini, que es también mi marido. Desde Julio Bocca a mis compañeros, todos me decían que hiciera un espectáculo propio, que dirigiera. Fuimos armando la idea y tuvimos la suerte de que Juan Lavanga (con quien había trabajado cuando fui invitada al Ballet Metropolitano de Leonardo Reale) nos propusiera producirla.

Una compañía de ocho bailarines con un quinteto musical en vivo ofrece Boulevard Tango. Cuatro Suites para Ballet de Tango. Es un espectáculo de danza sobre la historia del tango. Para eso convocamos a Alejandro Cervera y a Laura Roatta para coreografiar. Como en una avenida, es una mano que va y otra que viene. El espectáculo tiene dos partes, una basada en lo temporal y cronológico, la otra en dos íconos del tango. En la primera el tango de la guardia vieja (de Cervera, con toda su teatralidad) y el tango de hoy (Boulevard Tango de Roatta). En la segunda parte, esta vez dos personajes clásicos del tango convertidos en mitos internacionales, Gardel y Piazzolla (de Roatta, el tango escenario coreográfico en movimiento).

Reestrenamos en septiembre con una gira por el país. El 4 de septiembre en Rosario, el 7 en Catamarca, el 8 en Santiago del Estero, el 10 en Córdoba, el 12 en San Juan y el 14 de septiembre en Tucumán.

¿Qué anécdota profesional que la haya marcado recuerda?

Hay varias, son momentos. Uno, que fue la única vez que bailé con las piernas temblando, que los nervios me hicieron aflojar las piernas, fue cuando bailé en la Ópera de París. Recuerdo el escenario tan inmenso, en la década de 1990, bailábamos La Consagración del Tango con Julio Bocca. Le dije a Julio: “Mirá que me tiemblan un poquito las piernas”. Si bien bailé en el Bolshoi y en otros teatros importantes, no sé por qué cuando bailamos en la Ópera Garnier me desarmó. Después, momentos… Saber que en la platea está mirándote Vladimir Vasiliev, Mikhail Baryshnikov, Natalia Makharova que nos vino a ver a Londres. Inolvidable, poder saludar a esa gente, que te digan que te vieron bailar… Yo crecí admirándolos. Si no hubiera sido por ser la compañera de Julio no lo hubiera vivido nunca. Trabajar con Marcia Haydée, Carla Fracci, Alessandra Ferri (para mí, la bailarina de este siglo).

Comenzó a tomar clases a los 12 años y a los 16 ya bailaba en el Ballet Argentino con Julio Bocca. ¿Qué deseaba cuando empezó y qué sueña para el futuro?

Yo quería bailar, bailar, bailar. Nunca pensé en que iba a ser primera bailarina. Siempre bailar. Cuando era chica fui a ver Coppelia al Colón y ahí descubrí que lo que quería era bailar, y bailar ballet. Si volviera el tiempo atrás, repetiría cada cosa que hice en mi carrera.

Para el futuro, nunca fui de ponerme sueños. Todo se dio muy naturalmente, siempre viviendo el presente. Así llegaron cosas y las disfruté. Me es difícil pensar en el futuro, pero me veo enseñando y pasando lo que aprendí a otras personas (hace tres años que doy clases), transmitiendo lo que a mí la danza me dejó. No pienso en cuándo dejar el escenario, ni creo que me plantee ningún conflicto cuando suceda, porque tuve la suerte de bailar mucho y muchas funciones. Conocí el mundo, bailé con bailarines de diferentes lugares. Profesionalmente tengo una carrera muy rica, soy sin duda una afortunada. Me siento muy satisfecha.


 
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