Inicio arrow Agosto 2013 (Año 20 - Nº 223) arrow Danza árabe
Narrow screen resolution Wide screen resolution default color green color orange color

Suscripción (impresa)

Suscripción individual a la edición impresa

 

Balletin en Facebook

Seguinos en Facebook

Balletin en Instagram

 Seguinos en Instagram

Balletin en Twitter

Twitter
Danza árabe Imprimir E-Mail
viernes, 10 de mayo de 2013

Danza Arabe

El Líbano Baila

Por Eliana Gissara, desde Beirut

Enzzo Zagharid es bailarín y coreógrafo de Molayya Troupe, grupo referente del folklore libanés en el mundo. En esta entrevista describe los orígenes del dabke, los aportes de cada región y la importancia colectiva de esta danza

 

Se baila en bares. Se baila en la calle. El Líbano baila dabke. Una danza popular que nació desde una práctica necesaria para la supervivencia de la familia: la construcción del hogar. Que se desarrolló en cada pueblo y en los pies de todos. Y años más tarde se trasladó al escenario para mostrarse furiosamente prolija y vistosa.

Sin embargo, nunca abandonó su tradición “desacartonada” que se repite en cada encuentro entre amigos, celebración familiar o simplemente momentos de dispersión. Esta cronista presenció en Jeita, una localidad al norte de Beirut, la danza improvisada de unos estudiantes que, en plena visita escolar, encendieron la radio del bus y organizaron la típica ronda de dabke tomados de las manos. El dabke es eso. “En esta danza no es el cuerpo el que baila sino el espíritu”, dice Enzzo Zagharid, uno de los tres coreógrafos de la troupe Molayya.

Con 26 años de antigüedad, el grupo Molayya fue fundado por Ahmad Mokhallati y es actualmente el ballet oficial del gobierno de El Líbano. Luego de bailar junto a la gran cantante Fairuz, Mokhallati se dedicó a difundir este arte popular junto a sus dos hijos y a Enzzo. La troupe está conformada por 22 bailarines, entre hombres y mujeres, más una veintena de asistentes, coreógrafos, escenógrafos y músicos.

“Hacemos siete estilos de dabke: líneas, grupo, turco, forme, triángulo, shaabi y solo. Cada uno de los coreógrafos se especializa en al menos tres estilos, para hacer un mix y generar una nueva danza. Yo, como nací en el sur del país, soy especialista en turco, triángulo y líneas”, explica Enzzo, quien también es terapista físico y docente.

Los siete estilos son bailados por hombres y mujeres, aunque en algunas zonas del país lo hacen por separado. “Es muy común en las bodas que los invitados hagan dos rondas de dabke según el sexo, en lo que se llama las líneas de competición, porque las energías que manejan ambos sexos son muy distintas”, añade el coreógrafo, que presentará un espectáculo este mes en Alejandría, Egipto.

Promedian los quince minutos de charla, café turco de por medio, y Enzzo me invita a pararme, allí en el bar del hotel, para enseñarme los pasos básicos. Imaginamos un escenario y el público: “La cabeza fija, no pierdas la mirada al frente. El dabke antiguo se baila con el torso bien derecho y la cabeza sujeta adelante. Y siempre con los pies en la tierra, no lo olvides”. Luego de unos “ochos” apenas aprendidos me suelta las manos. “Vamos a hacer el estilo turco”, dice. “Es una mixtura del viejo y el nuevo dabke, se baila separado, sin agarrarse de las manos, que son más volátiles, y hay más libertad para la cabeza. Pero la pierna debe permanecer derecha y firme”.

 

Un trabajo en equipo

Interesa detenerse en los pies. Allí está el origen de todo. Las plantas comienzan a arder de la fuerza con la que golpean el piso: “Piensa que los campesinos sirios y libaneses hacían esto en sus casas, para que el barro se adhiriera con mayor solidez al techo. El dabke es una danza colectiva porque este trabajo era realizado por varias personas a la vez, que se tomaban de las manos para avanzar de forma pareja y evitar las grietas en la superficie”.

En una danza que se caracteriza por la unidad, el sentido del grupo es lo más importante y es el líder quien le confiere su identidad. “A veces sucede que dos o más bailarines se olvidan los pasos mientras estamos en vivo. Yo me debo confundir con ellos. El grupo está ante todo. El líder marca el paso y lo hace con sus compañeros. También puede hacer un solo y sumar más movimientos, incluso en la misma línea, sin dejar de lado la secuencia que le marca a sus compañeros. El líder tiene carácter y maneja la comunicación con los bailarines. Además debe resolver cada problema, tanto en el escenario como fuera de él”, señala el bailarín, mientras toma con sus manos un pequeño rosario. Se trata del masbaha, un elemento que los musulmanes utilizan para rezar y que en el dabke es empuñado por el líder del grupo.

“Al público le interesa la diversidad. Conoce los estilos de dabke y quiere ver cosas distintas. Los miembros de la troupe vienen de varias provincias y traen el estilo en sus pies. Por ejemplo, en la zona de Baalbeck, donde está el templo romano mejor conservado de Oriente Medio, se bailan dos estilos: líneas y triángulo. Allí están los hombres más fuertes y estos estilos se caracterizan por la fuerza y el vigor”.

En ese templo se realiza desde 1956 el Baalbeck International Festival, un prestigioso evento anual de danza, canto, música y teatro que rescata la tradición libanesa, cuna de intelectuales y artistas.

“En Molayya focalizamos nuestro trabajo en la perfección del movimiento, la coordinación. Más aún cuando bailamos con música en vivo y trabajamos el dabke moderno, donde hay saltos y figuras más ‘sucias’ que traemos de otras manifestaciones como el hip hop. En nuestras obras hay solos instrumentales y también combinaciones de danza y melodía a la vez, con derbakes, nays y rababes. A su vez las obras tienen argumento, actuamos por medio de la danza y así mostramos cada uno de los estilos que se bailan en El Líbano. Son historias de amor, de amistad y de guerra”. Danza popular, danza auténtica. El Líbano baila dabke y con ello no sólo construye su hogar sino también su identidad.


 
< Anterior   Siguiente >


Nueva web

Logo

Edición Nº 257 (ver siguientes ediciones en balletindance.com)