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viernes, 10 de mayo de 2013

Teatro Musical

De San Telmo al ‘off Broadway’

Por Daniel Sousa

 

La adaptación estadounidense de Judy, la obra del argentino Alejandro Ullúa, se estrenó el mes pasado en Nueva York, en una única función para invitados especiales. Este mes viaja a Dublin y en junio regresa a la Gran Manzana. La coreografía es de Gustavo Wons

 

En un hecho que no reconoce antecedentes, una obra musical de autor nacional acaba de ser adaptada y representada en Broadway en calidad de preestreno, teniendo previsto su debut oficial para el mes próximo. Se trata de Judy, escrita y dirigida por el santiagueño Alejandro Ullúa, quien la imaginó como un tributo personal a la figura de la recordada actriz de El Mago de Oz, y a través de ella, también a su padre, que tanto la admiraba.

Aquí, la obra se vio en dos temporadas en las salas Moliere y Maipo Kabaret, donde el año pasado la descubrió el que ahora es su impulsor en Estados Unidos y el mundo, Juan Chemes, también argentino, con muchos años de residencia en el país del Norte.

Del equipo original, sólo participaron en esta adaptación el autor y director, Ullúa, y el coreógrafo, Gustavo Wons. Los seis roles masculinos (que en Buenos Aires fueron cubiertos por Juan José Marco, Eliseo Barrionuevo, Pedro Frías, Adrián Scaramella, Sebastián De Lelis y Marcos Rauch) en el traspaso al off Broadway recayeron -audición mediante- en un elenco enteramente local.

Existen escasos precedentes de obras argentinas que hayan llegado a ocupar una marquesina en la meca del teatro musical. Vale mencionar las temporadas de Tango Argentino (del tándem Segovia-Orezzoli) en 1985 y 2000, y Tanguera (de Mora Godoy-Omar Pacheco), en 2009. Pero en esos casos no se trató de adaptaciones sino de propuestas originales llegadas especialmente desde Buenos Aires. De modo que la cruzada que emprendió Chemes ahora posee características únicas.

El argumento de Judy. A Tribute fue adaptado para un público ya familiarizado con la historia personal y artística de Judy Garland (aquí era más ‘didáctico’ en algunos aspectos). El eje se corrió, pues, hacia la relación del autor con su padre, teniendo como marco escenas de películas y canciones popularizadas por la gran actriz y cantante. Adam Wier como traductor y Chemes como dramaturgo asumieron la responsabilidad de amoldar la pieza al gusto local.

El 20 de abril, después de dos intensísimos meses de ensayos, la obra se mostró por primera vez en el Jan Hus Theater, la histórica sala del off Broadway donde Barbra Streisand hizo su debut en la Gran Manzana en 1968. El elenco de esta versión está compuesto por Tony Ponella, Nick DeVito, Corey Thompson, Malcom Armwood, Chris Poeshl y Joshua Mc Kinney. El diseño de luces estuvo a cargo de Mike Herkiaoff y la dirección musical (que en la Argentina fue de Hernán Matorra) corrió por cuenta de Andy Collopi, también pianista en escena. El diseño de vestuario original pertenece a nuestra compatriota Mini Zuccheri.

Pero no sólo en Nueva York conocerán la obra de Ullúa. Judy. A Tribute cruzará el Atlántico para presentarse en Irlanda del 13 al 18 de este mes, luego de haber sido seleccionada para participar como representante de nuestro país (aunque con elenco estadounidense) en el International Dublin Gay Theater Festival. Silvia Aruj, una ex bailarina argentina radicada en Londres, coproductora junto con Chemes, oficiará de stage manager en esas funciones y se ocupará luego de vender el espectáculo en Europa.

 

Sueño cumplido

El santafesino Chemes (oriundo de Santo Tomé), que el año pasado organizó la visita de la gran Susan Egan (La Bella y la Bestia) a Buenos Aires, aún no domina el entusiasmo que le provoca este sueño cumplido. Desde su casa en Nueva York conversó con Balletin Dance.

“En tanto productor, he tenido que trabajar mucho más de lo que imaginaba. La cuestión de los derechos en Estados Unidos es algo impresionante ya que cada canción tiene quizás siete ‘dueños’. Conseguir cada canción de la obra ha sido como comprar una casa con siete dueños y lograr que todos se pongan de acuerdo”, comenta. “Por otra parte, acá casi no existe el modelo de gestión en cooperativa. Los bailarines, por ejemplo, están pagos desde el primer ensayo”.

 

¿Cómo financió la obra?

Armé una campaña en Kickstarter (un website que recibe donaciones para sostener proyectos creativos). En estas plataformas uno informa cuánto dinero necesita para determinado proyecto. Nosotros pedimos 12.000 dólares para montar el show en Nueva York durante dos semanas. Las donaciones parten desde un dólar. Entonces vas mostrando el material con que contás para que la gente se entusiasme. En este punto debo agradecerle enormemente al elenco original de Judy, que me permitió utilizar su imagen dado que era lo único que yo tenía para mostrar en el comienzo.

 

¿Cómo le llega la propuesta de Dublin?

John Pinckard, productor nominado al premio Tony el año pasado, me sugiere anotar la obra en el festival pero ya había pasado el deadline. Igualmente me tomaron la inscripción. Al poco tiempo se cayó una obra de la programación y nos llamaron. De modo que después de la premier estadounidense, a la que convocamos a toda la gente que aportó el dinero, estrenaremos en Dublin el 13 de mayo. Judy, es sabido, es un ícono enorme para la comunidad homosexual.

 

¿Qué ocurrirá luego con la obra?

En junio, Nueva York celebra el Gay Pride. Se calcula que vendrán unas seis millones de personas a la ciudad desde todo el mundo. Tenemos a Judy, sus canciones, chicos bonitos cantando y bailando: creo que será un éxito. Haremos tres shows al día. Mi idea es que después giremos por el interior de Estados Unidos.

 

Chemes celebra la posibilidad de haber incluido a un artista negro en el elenco. “Es algo que Judy nunca pudo tener”, dice. “Ella vivió durante la segregación, en la época que refleja el musical Hairspray. Grabó canciones como Loving That Men y Old Man River, que fueron escritas para personajes negros, pero nunca pudo compartir un escenario con un negro. Recuerdo a Liza (Minnelli, la hija de Judy) siempre muy abrazada a Sammy Davis Jr. Liza sabe que eso es algo que su madre nunca pudo hacer. Entonces esta obra encierra más de un tributo. Me produce una emoción enorme”.


 

Otra vez en carrera

Silvia Aruj se marchó de la Argentina en 1994 persiguiendo el sueño de trabajar en Broadway. Aquí se había formado en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, y con Wasil Tupin y Mercedes Serrano. Integró el Modern Jazz Ballet de Noemí Coelho y Rodolfo Olguín, y -ya inclinada hacia el teatro musical- trabajó en las puestas locales de Jesucristo Superstar, Calle 42,  Molly Brown (con Susana Giménez, de la que fue una de sus asistentes en televisión) y Cats.

Llegó a Nueva York sin una propuesta laboral concreta y a los tres días ya había sido aceptada en su primera audición. La obra era Evita, pero no en Broadway sino en el Downtown Cabaret Theater de Connecticut. La vida le dio revancha y finalmente llegó a la meca de los musicales con la producción de Cats, en la que trabajó más de tres años. También estuvo en Aída, la creación de Tim Rice y Elton John, donde permaneció hasta 2001, cuando quedó embarazada. Un año más tarde se instaló en Londres y ya no volvió a bailar.

“En marzo del año pasado fui a Buenos Aires a visitar a mi familia y de paso vi Judy, que había coreografiado mi gran amigo Gustavo Wons. La obra me encantó. Después Juan Chemes tuvo la idea de llevarla a Nueva York y comenzó la campaña para recaudar fondos. Me entusiasmó tanto la iniciativa que decidí producirla junto con él. Soy, además, la representante de la obra en Europa”, explica desde la capital británica.

 

¿Extrañás el escenario?

La verdad es que cuando uno es artista, nunca deja de serlo. Pero mi sueño de actuar profesionalmente ya lo he cumplido. Creo que hay un momento para todo en la vida, y así como antes me encantaba audicionar, ahora me sería muy duro competir con talentos mucho más jóvenes. Por eso, esta oportunidad es única para mí ya que permite volver a vincularme con el teatro.

 

D. S.

 
 
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