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lunes, 11 de marzo de 2013

Internacionales | Cuba

La Tradición en el Festival

Por Agustina Llumá

Fotos: Alicia Sanguinetti

 

El último artículo referido a la 23º edición del Festival Internacional de Ballet de La Habana, desarrollada del 28 de octubre al 7 de noviembre de 2012 en la capital cubana, se centra en La Tradición

 

La magnitud del festival, obliga a Balletin Dance a realizar una serie de artículos que den cuenta de las diferentes obras, coreógrafos, bailarines y compañías que se dieron sita en La Habana en el bienal encuentro. Las entregas comenzaron en la edición de diciembre de 2012 de Balletin Dance (Nº 216) con la figura de Alicia Alonso y del BNC, para referirse en el número de enero de 2013 (Nº 217) a algunos de los invitados extranjeros.

 

El lema de este año fue La Tradición y los Nuevos Caminos, lo que permitió pasearse por un enorme abanico de estilos y tendencias. Sin embargo, como la tradición está siempre presente en los amores de Alicia Alonso y del pueblo cubano, fueron varias las obras que se remontaron, con gran valor histórico, unas para el Ballet Nacional de Cuba en particular y otras a nivel universal.

 

El Ballet Nacional de Cuba repuso Cuadros de una Exposición de Alicia Alonso, sobre la partitura de Modest Mussorgsky en la que los bailarines parecieran desprenderse de las pinturas (de once artistas cubanos) que a gran escala se muestran sobre el telón de fondo. El Grand Pas de Quatre de Cesare Pugni con cuidado estilo (Annette Delgado, Yanela Piñera, Amaya Rodríguez y Sadaise Arencibia), es uno de los caballos de batalla del elenco. En cuanto a los nuevos caminos, el estreno de Contraconcerto fue la pieza más acabada de Eduardo Blanco, estéticamente elegante, para el lucimiento de dieciséis de los más jóvenes varones de la compañía (aunque todavía inexpertos, develaron un futuro magistral).

 

La noche del 31 de octubre estuvo dedicada a las artes plásticas, con motivo de cumplirse el centenario del vitalicio de los grandes artistas cubanos, Rita Longa, Mariano Rodríguez y René Portocarrero. Antes del espectáculo se proyectaron imágenes de sus obras y breves fragmentos documentales sobre una pantalla delante de la escena. Y esa fue oportunidad para reponer Flora de Gustavo Herrera, con música del cubano Sergio Vitier y diseños de Portocarrero. Basado en su serie Floras, distingue a la mujer y la femineidad cubana, en siete colores, violeta (la elegante Sadaise Arencibia), azul (jovial y madura, Anette Delgado), verde (tierna, Yanela Piñera), amarillo (dinámica, Estheysis Menéndez), naranja (enérgica, Jessie Dominguez), roja (consolidada, ViensayValdes) y blanco (amorosa, Dayesi Torriente).

 

Se sumaron a estas piezas, otras trascendentes para la historia del BNC: Tarde en la Siesta y Poema del Fuego de Alberto Méndez y Canto Vital de Azari Plisetski.

 

Por otra parte Alicia Alonso estrenó una ópera barroca en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, Acis y Galatea de Haendel, encabezada por Johana Simón, con la Orquesta de Cámara de La Habana dirigida por el australiano Richard Bonynge. Extraño por cierto, incluirla en un encuentro de ballet y danza, en la que el BNC realizó secuencias básicas de movimiento “pastoral”, que completaban la puesta.

 

Otra de las coreografías de trascendencia internacional, representada en el Gran Teatro de La Habana, fue En la Noche de Jerome Robbins, bailado por Yanela Piñera, Sadaise Arencibia, Viengsay Valdés, Yanier Gómez, Víctor Estévez y Arián Molina. Sobre partituras de Frederic Chopin a cargo del pianista Leonardo Milanés en escena, y diseño de vestuario de Oscar de la Renta.

 

Ballets Rusos

Obras del inicio del siglo XX, gestadas de la mano de Sergei Diaghilev a través de los Ballets Russes, se mostraron en 2012, La Siesta de un Fauno de Vaslav Nijinski (según la versión de Mikhail Fokine), protagonizada por Alejandro Silva, que contó con la asesoría del italiano Toni Candeloro, especializado en aquel período.

 

El Espectro de la Rosa por su parte, reveló a Yanier Gómez como futura estrella del BNC, quien con un físico espectacular todavía es demasiado joven para encarnar al espectro. La reposición de esta obra, que fue la primera que bailó Igor Youskevitch en Cuba (la noche fundacional del Ballet de Cuba en 1948), contó con la asesoría de su hija María.

Aubade de Serge Lifar, con Sadaise Arencibia y Victor Estevez -en sus primeros protagónicos, que dejaron ver también a un futuro primer bailarín-, contó nuevamente con reposición de Candeloro. Y por último, el propio estudioso de Fokine, interpretó el solo Danza Rusa sobre música Piotr Ilich Tchaikovsky de aquel autor.

 

Los Franceses

Imposible dejar de mencionar las actuaciones del Ballet de Angelin Preljocaj, con tres duos disímiles: Anunciación -un viaje espiritual en visión actual- sobre música de Stéphane Roy y Antonio Vivaldi, Centauros con música de György Ligeti y Empty moves [Part I] una exploración sin final feliz sobre la aburridísima experiencia de John Cage recitando Empty Words.

 

Por otro lado, el Ballet de Biarritz dirigido y con coreografía de Thierry Malandain, presentó un hermoso programa, cargado de bellas imágenes. Una Ultima Canción con música de Vincent Dumestre y El Amor Brujo sobre la partitura de Manuel de Falla. Con su sello propio, Malandain recurre a una estética completa y orgánica, para expresar sensaciones profundas, sin evadirse de elementos de fuerza y contraste.

 

Premios del CIC

En el marco del festival pudieron verse las obras premiadas en el VIII Certamen Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso (CIC 2012) que se realiza en forma bianual en una conjunción entre el BNC y la Fundación Autor de España.

El premio de este año fue compartido entre ¿Hasta dónde? de Sharon Fridman interpretada por él mismo junto a Luis Miguel Cobo (España) y El Crimen fue en Granada de Irene Rodríguez expuesta por su propia compañía (Cuba). Ambas obras se mostraron en el Gran Teatro de La Habana.

 

El primero es un dúo de corte contemporáneo, que expresa una violencia descomunal, y  juega con el contraste de un hombre rubio y otro morocho, de pelo largo, que no se separaron prácticamente en ningún momento (contact con el mayor vuelo creativo imaginable). El coreógrafo de origen israelí radicado en España, retrata una forma de concebir la vida, que a pesar de su intento de expresar una ilusoria llegada de paz finalizó con ambos actores muertos (al menos en el fragmento que se vio en La Habana).

La segunda obra, de corte estrictamente español, relata la muerte de Federico García Lorca con excelente dramaturgia.

 

En el Teatro Mella pudieron verse las menciones del CIC 2012, que más tuvieron que ver con búsquedas creativas antes que con resultados acabados. Lúa de Mercedes Suárez y Anoxia de Osnel Delgado Wambrug, fueron interpretadas por sus propios bailarines.


 
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