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lunes, 10 de diciembre de 2012

Danza Arabe

La Investigación en Danza

Por Eliana Gissara

El análisis histórico-cultural de la danza árabe abre nuevas perspectivas a la hora de la comprensión, el desarrollo y la ejecución de los movimientos. ¿Es la danza una actividad asequible desde la corporalidad o interviene también una matriz social de pensamiento de quien la interpreta?

La academización de la danza árabe introdujo, junto con la nomenclatura de pasos básicos, conocimientos teóricos sobre la historia, la cultura y la religión de los pueblos de Medio Oriente. Así, los aprendices de esta danza comenzaron a hablar sobre faraones, rituales y profetas no sin cierta ligereza. El auge de los contenidos digitales contribuyeron en buena medida a profundizar esta tendencia, aminorada sólo con la visita de maestros internacionales que planteaban otra visión de la historia. ¿La real?

Pero en los últimos años surgió un interés genuino entre profesionales y amateurs de investigar y reflexionar sobre las condiciones de producción de esta disciplina artística. Tal es el caso de Marina Barrionuevo, bailarina y licenciada en Estudios Orientales por la Universidad del Salvador, quien desarrolló un programa de estudio teórico para las alumnas de su instituto respondiendo a una demanda de mayor aprendizaje.

Desde este espacio, Barrionuevo incorpora material de historia y literatura árabe, filosofía islámica, religión y antropología, y echa por la borda ciertas teorías del origen de la danza árabe que tuvieron gran predominio, sobre todo en Iberoamérica. “Uno de los supuestos más difundidos dice que surgió como una danza en honor a la mujer, relacionada a la fertilidad. Hoy está descartado científicamente al carecer de sustento. La teoría más aceptada está anclada en el origen de distintos tipos de danza en el Antiguo Egipto, que no eran realizadas por sacerdotisas precisamente. La evidencia arqueológica nos muestra que hubo danzas de guerra y danzas cómicas, ejecutadas por hombres y mujeres”, comenta la bailarina que está cursando actualmente una maestría en Antropología.

 

Danza del vientre, danza oriental, danza árabe, bellydance ¿Son términos equivalentes?

Ahora se usa mucho el término bellydance y me parece correcto porque refleja lo que es la danza ahora y es acorde al periodo histórico en el que surgió. Danza oriental no me parece adecuado porque oriente no es sólo la parte árabe, sino también China, Corea, Japón. Además, el concepto de “lo oriental” tiene un tinte exótico e inferior, y está ligado a los estudios evolucionistas que concebían la historia en estadios, con el mundo oriental del lado de lo primitivo, cercano a la naturaleza y Europa como lo avanzado y cercano a la cultura. Hablar de oriente era hablar de algo primitivo e inferior. Incluso hay textos en donde se describe a las bailarinas como “criaturas”.

Hablar de danza oriental tiene toda esa carga y por eso prefiero el término bellydance, porque allí estamos notando la influencia occidental sobre esta danza desde el jazz y el clásico. No sé si es lo mejor pero es lo que más se acota al estilo actual.

 

También hay autores que no utilizan el término bellydance porque de alguna manera está ligado a lo sexual, al hablar de ombligo, vientre…

Sí, hay quienes dicen que contribuye a lo que se denomina “orientalismo”. El teórico Edward Said desarrolló este concepto que representa la mirada de occidente sobre oriente. Muchos textos sobre bellydance tienen este tinte orientalista, sin embargo me parece importante ver cómo eso aparece y por qué. El ejemplo está en que cuando dice danza árabe se imagina a una mujer exuberante, semi desnuda, exótica, muy relacionado a lo sexual. Esa es la visión que adquirió la mayoría de la gente sobre esa danza. Se heredó del paso de la historia y creo que nosotros también contribuimos a que se siga reproduciendo con la “autoorientalización”, las bailarinas nos denominamos con nombres árabes. Nos cuesta salir de ese lugar. Por eso me parece importante valorizar la cultura por sí misma y mirarla sin los anteojos de occidentales, tratar de entender que tienen una estructura de pensamiento diferente, no es lo mismo ser árabe que ser musulmán. Hay redes conceptuales que son importantes conocer.

 

¿Qué rasgos del pueblo árabe pueden evidenciarse a través de la danza?

Los pueblos se manifiestan a través de la danza, se plasma su historia y su sentir. En el culto del zaar, por ejemplo, está la creencia en el espíritu. En este ritual, que surgió en Etiopia y se fue expandiendo hacia Egipto, la persona trata de sacarse el espíritu de adentro pero lo hace bajo una especie de contrato porque el espíritu va a seguir estando allí. Del mismo modo, en Egipto, la danza individual de una bailarina está mal vista porque para ellos lo importante es el grupo. En el espacio de lo público el pueblo debe actuar en beneficio del grupo, de la tribu, entonces una persona que en el ámbito de lo público actúa de forma individual está mal vista. En cambio sí está bien vista en el ámbito de lo privado, al ser el lugar de expresión del sentido individual. A diferencia del ser occidental, para este pueblo vale más una persona generosa que una persona con status económico alto, que logró desarrollo individual. Este es un valor de la época de las tribus y se refleja en la danza.

 

¿Cómo interviene la mirada occidental a la hora de practicar estas danzas?

Occidente está permeado por ciertas teorías, como el feminismo, que afectan directamente a la práctica de la danza. En América, sobre todo en Estados Unidos, se relaciona el origen de la danza árabe con el feminismo, como una danza que ya no era exótica o erótica, sino que significaba la liberación de la mujer. Por eso a partir de la década del ‘70 se editaron videos de aprendizaje que articulaban la danza con el ejercicio físico, la pérdida de peso y el entrenamiento corporal, y eso es parte del movimiento feminista.

 

A partir del estudio de la cultura árabe y egipcia particularmente, ¿qué relación se establece entre la política y la danza?

La política ingresa fuertemente a la danza egipcia con el ex presidente Gamal Abdel Nasser, que estuvo al frente del gobierno en el período 1956-1970. Es el pico máximo de intervención de la esfera política. Nasser se valió de la Reda Troupe y de la cantante Um Kalthoum para transmitir los valores del nacionalismo árabe a través del arte. Él quería formar una imagen de Egipto que dejara de lado la visión orientalista y recurrió a estos dos paladines para hacerlo. Incluso las películas de la época tenían que reflejar los nuevos valores de la cultura egipcia. El bailarín y coreógrafo Mahmoud Reda inventa las danzas que conocemos hoy porque se necesitaba crear una identidad.

Hoy también hay una relación intensa entre la danza, la política y la religión, con la llegada del mandatario Mohamed Mursi. Semanas atrás se desató un conflicto porque la famosa bailarina Dina bailó en una película que hace alusión a Fátima, la única hija del profeta Mahoma, fundador del Islam. Esto ofendió a la comunidad chií que pidió censurar parte del film. Es muy interesante la relación que se establece entre la política y el arte. Por eso es fundamental que haya cada vez más investigación en danza con evidencia, con sustento antropológico e histórico. La rigurosidad avanzó pero aún falta metodología de investigación para estudiar el discurso del otro y captar su esencia.


Marina Barrionuevo organizó la primera edición del Asia Festival, que tuvo lugar el 1° de diciembre en el Teatro Empire. El Asia Festival busca promover la valorización del patrimonio de las culturas de India, China, Corea, Japón, Medio Oriente y Sudeste Asiático. Este espectáculo de danza y música asiática contó con la participación de artistas de distintas disciplinas: Eminé, Paula Lena, el Centro de Giros Derviche, Manisha Chauhan, Silvia Rissi, Shinzui Daiko, Nuripae Samulnori, el Coro del Instituto Confucio de la Universidad de La Plata, el grupo de bailarines de la Embajada de Indonesia y la Compañía Sahar.


 
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