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lunes, 10 de diciembre de 2012

Provincias | Buenos Aires

Ballet del Sur: Un Expresivo Lago

Por Stella Salomón

 

El Lago de los Cisnes (Tchaicovski-Petipa-Ivanov), completo y según versión del repositor y director Ricardo Alfonso, fue re-estrenado en Bahía Blanca del 9 al 11 de noviembre

 

En una sala de la Universidad Nacional del Sur, Ricardo Alfonso, director del Ballet del Sur, ofreció una disertación sobre El Lago de los Cisnes días antes de su estreno en el Teatro Municipal. Abordó aspectos como el argumento, el perfil de sus personajes y las características de los estrenos de 1877 y 1895.

Asimismo, mencionó su concepción acerca de cómo trabajar la expresividad en cada intérprete, motivos que sirvieron para que Balletin Dance le efectúe algunas preguntas:

 

Más allá de los pasos o el dibujo coreográfico, ¿qué se puede modificar en El Lago de los Cisnes sin alterar el legado de sus creadores?

Cuando comencé a investigar me encontré con sorpresas. Al abordar el pasado, lo que se creía original no lo era tanto y yendo más y más atrás aparecían otros como originales. Incluso el primer libreto de El Lago de los Cisnes tiene referencias sobre personajes más antiguos que fueron los modelos empleados por los autores para componerlo y que no fue igual al que Petipa elaboró para el estreno de 1895. Él hizo un libro nuevo, basado en el anterior pero con muchas modificaciones. Yo traté de rescatar las características más importantes de los dos, y aposté en primer lugar a la naturalidad y a la credibilidad de los individuos.

 

¿Mostrar la psicología de los actores fue el propósito más singular de su puesta?

Así es. Eso lo cuido mucho en mis ballets. Lo interesante es que los bailarines no se queden en las formas sino que vayan al contenido. Las puestas tradicionales a veces repiten modelos sin profundizar en el rol. Con referencia al príncipe, intenté mostrar el conflicto que él vivencia cuando advierte que debe asumir responsabilidades. Que su vida será diferente, en adelante.

 

EL ESTRENO

El Ballet del Sur, conjunto fundado por la bailarina platense Alba Lutecia hace más de cinco décadas, brilló sobre el escenario del Teatro Municipal de Bahía Blanca merced a la puesta de la versión completa de El Lago de los Cisnes.

A pesar de sus cumplidos 135 años, el mágico Lago... sigue concitando interés y entusiasmo. La realidad y el sueño, el sugerente simbolismo, generan el clima propicio para pasar del palacio al bosque, o del cisne a la doncella-cisne, sin rupturas. Sólo la irrupción del Mal, personificado en el Brujo, sacude al público de su ensoñación. El trágico argumento es tan irreal como conmovedor. El contraste entre los dos actos brumosos y los dos restantes, con sus coloridas fiestas, conforma un espectáculo muy atrayente.

La partitura presenta melodías de notable belleza y la coreografía se nutre de ella.

Ricardo Alfonso montó su versión de la obra contando con Beatriz Piñeyro como asistente coreográfica.

El primer acto transcurre en una terraza del palacio. El lago que se divisa será escenario de un maravilloso cuento de amor. Le cabe al cuerpo de baile, interpretando a los Cortesanos, una participación extensa, cuyo desempeño fue apropiado, aunque con algunos pequeños desajustes -de tempo y de silueta- especialmente en el elenco masculino.

El Pas de trois fue ejecutado por Marina Dello Russo, Verónica Cebrián y Sebastián Ameris, quienes sortearon eficazmente las exigencias.

Manuel Martínez, el Príncipe, a quien se lo vio caviloso en su soliloquio, ampliamente lograda su expresividad según el propósito del coreógrafo, ejecutó con seguridad su variación.

Mención especial merece la bailarina invitada Raquel Méndez, integrante del elenco de la primera época. Muy elocuente, desplegó su señorío y dominio escénico en el papel de Reina.

El segundo acto contó con cisnes sugestivos y correctos. Lánguidos tutus, sin el sostén del tradicional aro de alambre, contribuyeron a la expresividad de su baile. Los sumisos cisnes del cuerpo de baile encabezados por Sofía Zabaloi y Nataliya Gamon, alcanzaron el nivel esperado al desplegar una danza en la que son primordiales la atención, la técnica fuerte y el estilo. El Pas de quatre mostró la imprescindible justeza, interpretado por Marina Dello Russo, Verónica Cebrián, Mariana Basualdo y Nevenka Kuchan. Por su parte, el Brujo, encarnado por Sebastián Falú, debería tener un maquillaje más convincente y una mayor dosis de fuerza interior.

Amplio elogio debe hacerse a Carolina Basualdo (Odette) y Manuel Martínez (Sigfrido). La comunión que se advierte entre ambos, además de favorecer el desenvolvimiento fluido de su pas de deux, hizo que emane de ellos una clara ensoñación de amor. En cuanto a la composición de su Odette, Basualdo cumplió con soltura los compromisos establecidos sin apartarse de su expresiva suavidad. El adagio mostró un dúo impecable por su magnífica línea y gran lirismo que motivó una ovación del público.

Nuevamente en el palacio, el tercer acto relata la fiesta en que Sigfrido elegirá esposa, con el aporte colorido de varios divertissement, bailes de carácter cortesano o popular de diversos países. La breve y fresca Danza Napolitana, fue interpretada apropiadamente por Sebastián Ameri, Daniela Domínguez, Mariana Basualdo, Magalí Fernandino, Betina Rodríguez y Guillermina Loffredo. El prolongado Pas des fiancées fue reemplazado en esta versión por una danza de conjunto (sin variaciones individuales) en la que las seis princesas -Fedra Aranzet, Sofía Zabaloy, Nataliya Gamon, Florencia Tegiacchi, Inés Acuña y Gabriela Noia- con bellísimos tutus, bailaron armoniosamente.

El momento culminante de este acto es el pas de deux del Cisne Negro, ejecutado por María Filippi y Manuel Martínez. Atrayente y maléfica, Odile no se privó de equilibrios prolongados, limpias pirouettes y rond de jambe fouetté sin vacilaciones. Sigfrido, impactante y preciso, mostró un interesante ballon.

Para finalizar, el cuarto acto, con su bella música, da oportunidad de lucimiento al numeroso grupo de cisnes. Una descriptiva coreografía emula las siempre inexplicables evoluciones de las aves sobre el agua, que cambian serenamente de actitud y de lugar. La tristeza envuelve los rostros y los cuerpos. Un logro coreográfico que contó con una elogiable interpretación.

La decepción de Odette, que ha sido traicionada involuntariamente por su amado, la lleva al suicidio. Ese dolor y la opresión del hechizo indestructible, conducen a ambos a la muerte. Los sentimientos fueron claramente trasuntados por la pareja: Odette -de perfecta línea- desolada, trémula, desesperada, y Sigfrido, que ha destruido la ilusión de ambos, comprende que no hay retorno.

Justo es decir que Basualdo-Martinez constituyen una pareja de primeros bailarines -formados en la escuela de Danza Clásica de Bahía Blanca- digna de los mejores y más importantes escenarios.

Excelente sonido y escenografía, realzada por una iluminación adecuada al carácter de cada escena, se sumó al vestuario verdaderamente bello. Montar este tipo de producciones requiere gran esfuerzo. Justificado al apreciar la respuesta vibrante del público que colmó la sala los tres días y brindó aplausos conmovedores.


 
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