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lunes, 10 de diciembre de 2012

Nota de tapa

El Triunfo de la Imaginación

Por Carlos Bevilacqua

 

La compañía Corporación Tangos vuelve a deslumbrar con Vibraciones del Alma, espectáculo reestrenado el mes pasado en el Centro Cultural Borges y que estará en cartel hasta marzo. Balletin Dance dialogó con sus directores, Alejandra Armenti y Daniel Juárez, para complementar la reseña del show

 

Al tiempo que se desplazan por el escenario, las parejas dibujan diagonales, círculos o polígonos diversos. Mientras tanto, cumplen con movimientos estrictamente coordinados hacia adentro del abrazo. Más tarde lo innovador puede pasar por el número de integrantes de un abrazo: dos, tres, cuatro y hasta ocho. No es fácil intuir cuándo va a sumarse un nuevo bailarín a la coreografía, o cuándo la dejará uno de los que está en acción. Todo transcurre dentro de una fascinante musicalidad, apoyada en grabaciones de sonido brillante (a pesar de ser antiguas) y en la voz en vivo de Esteban Riera, uno de los cantores más capaces de las últimas generaciones.

 

El espectáculo sigue y uno en su escepticismo calcula que no podrán mantener ese nivel de atracción hasta el final. Pero lo mantienen. Y el frío analista se deja llevar por las emociones, por ese gusto visual que generan las cuatro parejas de Corporación Tangos, compañía creada y dirigida por Alejandra Armenti y Daniel Juárez. Porque espectáculos como Vibraciones del Alma, reestrenado el mes pasado en el Centro Cultural Borges, recuerdan que a veces el trabajo de cronista puede ser muy placenero.

 

El show tiene el raro mérito de satisfacer las expectativas de neófitos y tangueros, de tradicionalistas y heterodoxos, de argentinos y extranjeros. Los medios son de los más nobles: coreografías ingeniosas, mucha técnica individual e impecable ensamble colectivo en secuencias que son como sofisticados mecanismos de relojería.

 

Los cuadros de Vibraciones del Alma no cuentan historias, no incluyen proyecciones ni escenografías. Toda la energía está concentrada en la calidad del baile. Si las acciones están organizadas en tres actos (Cielo, Tierra e Infierno) es sólo para que luzcan en un contexto afín. “Son estadíos naturales por los que todos pasamos en algún momento. Y al mismo tiempo pueden ser vistos como paradigmas muy fuertes con los que crecemos”, justifica Armenti al dialogar con Balletin Dance, una semana después del estreno. “Y más que con el mal, el infierno tiene que ver con la trangresión”, aporta él, respecto del tercio más audaz en cuanto a músicas y coreografías.

 

Justamente, el único tramo en el que el lenguaje tanguero cede considerable terreno es el de Balada Para mi Muerte, cuando Juárez se explaya con un contundente solo que de alguna manera representa la emotiva letra de Horacio Ferrer musicalizada por Ástor Piazzolla, en el show cantada en vivo por Riera, quien tiene otras cuatro intervenciones, a veces solo, a veces rodeado de bailarines.

 

Novedosas, complejas y al mismo tiempo tradicionales, las coreografías diseñadas por Armenti y Juárez constituyen una materia prima clave para el resultado general. A la hora evocar la génesis de esos entramados, Juárez dice: “Cuando creamos la compañía ya veníamos recibiendo muchos elogios por nuestra musicalidad como pareja en shows o exhibiciones. El desafío que nos planteamos fue hacer grupales con el mismo nivel de complejidad. Pensamos que la música se puede ver, como pasa por ejemplo en Fantasía 2000, la película de Disney. Cuando la vimos, dijimos ‘¡qué bueno que sería hacer algo similar con la danza!’” Tras lo cual, agrega ella: “Empezamos con un trío para Desde el Alma, un vals que veníamos haciendo como pareja. Gustó en las milongas y nos fuimos animando a sumar cada vez más bailarines, siempre con la consigna de no romper el abrazo ni la técnica del tango salón”.

 

Semejante grado de elaboración implicó un gran esfuerzo, tanto para la creación como para la adaptación de las nuevas parejas que se fueron sumando. Durante los ensayos los bailarines varias veces expresaron más fatiga mental que física y algunos cuadros demandaron hasta tres meses de trabajo, de lunes a viernes, durante cuatro horas diarias.

 

Las secuencias se vinculan de manera directa con una banda sonora basada en grabaciones de la época de oro del tango (versiones de las orquestas de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Francisco Canaro o Alfredo De Ángelis). “Si bien incluimos algunos temas conocidos, no nos gusta lo obvio. Nos inclinamos por los temas que tienen muchas variantes, esos que permiten trabajar matices al bailar”, contó Armenti. En el acto Tierra esa música suena compaginada en tres popurrís muy efectivos, que así describe: “Son un homenaje a la milonga, donde se practica el tango bien al piso, por eso hay uno de tango, otro de milonga y otro de vals. Teníamos varios temas que nos gustaban pero si los poníamos todos se iba a hacer muy largo. Y además nos gusta ‘picar’ música como si fuesen ingredientes de una picada”.

 

De los artificios que suelen agregar encantos a los espectáculos de danza, Corporación Tangos sólo apela a los climas que genera la iluminación (la noche del estreno algo desprolija, lo mismo que algunos empalmes del audio) y a los matices del vestuario, compuesto por prendas a la vez sensuales, elegantes y simbólicas.

 

Esta nueva versión de Vibraciones del Alma será protagonizada hasta el 15 de diciembre por Armenti-Juárez, Carla Espinoza-Ezequiel López, Maricel Gómez-Roberto Leiva (dos históricos de la compañía), y Ayelén Sánchez-Wálter Suquía. A partir de entonces, las últimas dos parejas serán reemplazadas por las de Camila Alegre-Juan Pablo Del Greco e Ivana Fleitas-Mauricio Córdoba. “Son alumnos nuestros, o sea que ya manejan nuestros códigos. Aun así, es un trabajo muy intenso el que tenemos que hacer para que lleguen bien preparados al reemplazo”, contó Armenti. No casualmente, los ensayos se desarrollan en el club Sunderland, mítico reducto del estilo Villa Urquiza. Es allí donde los directores empezaron a probar los cuadros hace casi diez años, donde desde entonces ensayan y hasta donde celebraron su casamiento.

 

Aunque por separado, los dos empezaron a estudiar danzas desde la infancia. Ella es bonaerense (de José León Suárez) y él salteño, pero radicado hace más de 25 años en el área metropolitana. Hoy cuentan con una amplia formación en rubros como folklore, tango, jazz y clásico. Entre 1991 y 1997 integraron el Ballet Folklórico Nacional, tras lo cual constituyeron una pareja de tango que les redituó diversos trabajos en la Argentina y el exterior. En 2003 decidieron armar una compañía propia con la que obtuvieron un rápido reconocimiento en el ambiente milonguero. Lograron estrenar un primer espectáculo integral en 2005, para tres años después dar vida a Vibraciones del Alma, primero en El Cubo y luego en el Teatro Broadway. Después de varias giras con el show por Uruguay, Brasil, Colombia, México, Italia, Japón, Nueva Zelanda y Rusia, vuelven a ofrecerlo hasta fines de marzo en el escenario mayor del Borges. Esta vez, la entrada también da derecho a una degustación de quesos y a una copa de vino, antes de la función. Redondeando, así, un convite óptimo.


 
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