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viernes, 10 de agosto de 2012

Danza Irlandesa

Una Locura Encantadora

Por Eliana Gissara

La compañía Celtic Argentina presentó A Lovely Madness, un espectáculo de danzas irlandesas en el que confluyen la identidad celta, el legado y las nuevas generaciones.

Se inició en las aldeas. Creció como expresión auténtica y crítica de los pueblos hacia la historia. Sobrevivió a la corona inglesa que la catalogaba como sediciosa y revolucionaria. Se desarrolló en bares y reuniones sociales hasta llegar al escenario, estilizada, a mediados del siglo XX. Hoy vive en Argentina de la mano de sus herederos, que recrean esa tradición y la hacen propia. De eso se trata la danza de Irlanda, la identidad de un pueblo que se reconoce como tal a través de sonidos y pasos de baile.

Celtic Argentina nació como compañía de danza en 1979, de la mano de su fundadora Christine Rasmussen, creadora también de la primera escuela en su tipo en Argentina. El objetivo era claro: mantener viva la tradición dentro de la colectividad. Con el curso de los años, su hija, Dominique Duré, viajó a Irlanda, se formó y luego se convirtió en la directora artística de la compañía, actualizando los movimientos y combinaciones a la danza celta de la nueva generación. Fruto de estos cambios ingresaron al conjunto hombres y mujeres no necesariamente relacionados con las raíces irlandesas, pero sí atraídos por su espíritu y manifestación cultural.

The Lovely Madness, en una única función en el Teatro Del Globo, celebró los 33 años de Celtic Argentina, con un programa rico en su puesta y muy prolijo desde la técnica de baile, al que sólo le faltó el condimento de la música en vivo que imprime autenticidad. El espectáculo estaba conformado por catorce cuadros, cada uno con su propia trama y motivo como destaque, ya sea la coreografía, el zapateo, las figuras o la representación de un personaje. Entre algunos de ellos se intercalaron proyecciones en una pantalla gigante de un video documental, de cuidada estética, que versó sobre los orígenes de la compañía, la formación profesional de los maestros, la pertenencia al grupo y el componente emotivo de la danza celta para los bailarines.

Llama la atención en esta danza la posición de los brazos, que mayormente van pegados al cuerpo con los puños cerrados. Dominique explicará en uno de los cortometrajes que hay muchas historias que se tejen sobre eso, pero la explicación más popular habla de la época en que se prohibió todo tipo de expresión artística en Irlanda.

Allí aparece nuevamente el origen social y político de la danza. Cómo un paso de baile es una arista más de los pueblos. “La danza era muy distinta a lo que es hoy en día, el zapateo era más en el piso, parecido al tap, entonces lo que hacían los irlandeses era reunirse en los pubs para seguir bailando pero con los brazos al costado, para que desde afuera sólo se pudieran ver por la ventana los torsos quietos de la gente, sin percibir lo que sucedía con sus pies”, explica Dominique Duré.

La apertura del show marcó claramente el eje que atravesaría toda la gala: cantidad de gente en escena entre hombres y mujeres de falda, entradas y salidas, figuras geométricas, líneas y círculos, actitud entusiasta, mucho zapateo y salto en media punta, torsos inertes y brazos al cuerpo o a la cintura en pose. En este sentido, se alcanzó la máxima expresión en Celtic Tiger, con la performance de zapateo de Bárbara Cornejo, Michelle Duré, Andrea Debais y Amy Clark en velocidad y precisión, Hornpipe por el trabajo individual y técnico de los bailarines y The Raccoon, por el despliegue coreográfico en clave dinámica. Las raíces, en el sentido más estricto de la palabra, aparecieron en Lovely Madness, un cuadro que se sirvió de la pantomima y la expresión corporal para recrear una historia de amor de principios de siglo XX, a decir por el vestuario de los bailarines Andrea Debais, Gabriel Debais y Amy Clark, que desde los 6 años bailan en el conjunto.

Sobre el final, la compañía apostó a los ritmos modernos, beats y electrónica mediante, para bailar, zapatear y saltar en base a la percusión de las palmas, sin desplazamientos, aunque parejos entre sí. Tal como lo señaló Duré en su alocución, Celtic Argentina representa con su actuación el siguiente capítulo de la historia que nació hace 33 años y que se sigue escribiendo con el compromiso y la dedicación de sus nuevas generaciones, las de ahora, las del futuro.


 
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