Agosto 2012
Daniil Simkin
| Daniil Simkin |
|
|
| viernes, 10 de agosto de 2012 | |
|
Nota de Tapa Un Camino muy Personal
Por Carlos Bevilacqua A poco de presentarse por segunda vez en Buenos Aires, el bailarín ruso Daniil Simkin repasa su atípica formación, revela sus gustos coreográficos, imagina cómo podría logarse más popularidad para la danza clásica y, claro, palpita su participación en la II Gala de Ballet de Buenos Aires, a realizarse el 23, 24 y 25 de agosto en el Teatro Coliseo Las distancias son cada vez más relativas. Daniil Simkin nació en 1987 en Novosibirsk, una ciudad de Siberia, región cuya sola mención nos sugiere frío, soledad, aislamiento. Sin embargo, a los dos años ya vivía en Wiesbaden (Alemania), llevado por el trabajo de sus padres, los bailarines clásicos Dmitrij Simkin y Olga Aleksandrova. Diecinueve años después, gracias a sus excepcionales condiciones artísticas y ayudado por el alcance de internet, logró ser contratado por el American Ballet Theatre (ABT) de Nueva York, del que hoy es primera figura.
Ahora la tecnología nos permite ver y escuchar a Daniil desde Taipei, en las antípodas de la Argentina, sin mayor sofisticación que una computadora personal de cada lado. Por lo demás, la universalidad del inglés permite que el diálogo sea directo. Al momento de la ciberentrevista, el prodigio ruso cumplía con la primera parada de una gira del ABT por Asia. A pesar de estar todavía acomodándose al huso horario taiwanés luego de 20 horas de vuelo, Simkin se muestra atento y simpático al ser requerido para hablar sobre su actuación en el Teatro Coliseo, los días 23, 24 y 25 de agosto como parte de la II Gala de Ballet de Buenos Aires (ver recuadro).
Si bien al cierre de esta edición no se había definido qué programa bailará, Balletin Dance pudo averiguar que las opciones que se barajaban eran Flames of Paris, Stars and Stripes, La Pluie y hasta Les Bourgeois, la obra que Daniil bailó el año pasado en la primera gala porteña con excelente repercusión. Sí estaba confirmado que bailará junto a la ucraniana Iana Salenko, primera bailarina del Staastsballett de Berlín. "Bailamos juntos muy seguido y disfrutamos de hacerlo -asegura Simkin-. Además ella es afín a mí tanto en estilo como en físico". ¿Qué particularidades ve en las Galas de Ballet? En principio, para el público son grandes oportunidades de ver a muchos bailarines de diferentes formaciones, compañías y estilos haciendo repertorios también diferentes. Simultáneamente, como las obras son cortas resulta muy entretenido, el público puede comparar, elegir y siempre tiene material para después debatir. Para nosotros como bailarines las galas son muy interesantes porque no somos tantos los convocados, entonces resulta una especie de reunión de viejos amigos, más allá de algunos bailarines nuevos que no conocíamos de antes. Entonces, es muy parecido a una reunión familiar. Por supuesto, como además viajamos, las galas nos permiten conocer muchos lugares y culturas. Estuvo en Buenos Aires hace justo un año ¿Notó alguna peculiaridad del público argentino? Sí, el público argentino es muy cálido, vive las funciones con mucho entusiasmo. Me llamó la atención cómo vienen después de la función a saludar. Siento que los bailarines extranjeros fuimos todos muy bienvenidos. Por eso, fue una experiencia muy linda. Además, me encanta la comida argentina. Me gustan la polenta, el bife, el dulce de leche... ¡y el malbec! ¿Por qué se formó con su mamá? Empecé a estudiar ballet profesionalmente cuando tenía nueve años. Porque antes actuaba sobre escenarios pero como un chico, en general acompañando a mi padre, pero a los nueve ya no era algo curioso seguir haciéndolo. Entonces mi mamá dijo: o empezás a tomar clases de ballet para adquirir calidad sobre el escenario o abandonás el escenario para dedicarte a la gimnasia, que era lo que yo hacía en mi tiempo libre. Entonces decidí tomar clases de ballet todos los días con ella. A mis doce decidimos empezar a participar de galas y competencias, lo cual me facilitó mucho el aprendizaje porque tenía siempre un objetivo que cumplir. ¿Qué ventajas y desventajas implicó ese tipo de formación? Una de las grandes ventajas fue que me enseñaron como a un músico o a un tenista que toma clases particulares. Recibí siempre una enseñanza personalizada, uno a uno. Además, me permitió tener una vida normal. Iba a un secundario común, que logré terminar, tuve mis amigos y un ambiente social común. Hacía ballet en mi tiempo libre, algo así como dos horas por día. Paralelamente, mi formación fue muy condensada, precisamente porque no teníamos mucho tiempo disponible. Era sólo clase y después ensayo. Nunca estábamos más de dos horas y media. También empecé a actuar con la compañía de danza de Wiesbaden. No era una compañía grande, pero tenía su teatro y ahí hice mis primeros roles como partenaire, además de mis primeros pas de deux.
En cuanto a las desventajas, yo tenía que tener todo el tiempo mucha autodisciplina porque como no existía responsabilidad ante una autoridad extra-familiar siempre estaba la tentación de decir: “bueno, listo, ya es suficiente” o “no hagamos la clase hoy”. Tampoco era fácil porque, como estudiante, yo tendía a darle a mi madre mis opiniones, algo que no hubiese hecho con un docente externo. Al tomar clases con tu mamá no podés verla sólo como una docente, entonces es delicado, pero logramos concentrarnos en nuestros deberes y al final funcionó. ¿Sus padres todavía van a verlo bailar? Sí, por supuesto. Tengo muy buena relación con ellos. Sobre todo con mi mamá. Me visitan muy seguido en Nueva York. A veces también es difícil porque todos los demás padres que ven a sus hijos bailar en general quedan encantados o al menos los elogian. En mi caso, yo siempre recibo correcciones. Me dicen: “Estuvo bueno, pero...” y ahí imaginate (risas). Pero la verdad es que me hacen observaciones que nadie más me hace, entonces para mí son opiniones muy valiosas. Coreógrafos favoritos Me gusta bailar obras de Jirí Kylián, Mats Ek y Anabelle López Ochoa, una bailarina holandesa de origen colombiano. Por lo demás, me gustan mucho los coreógrafos contemporáneos clásicos, como (William) Forsythe y me fascinan algunos ballets como el del Netherlands Dance Theatre. Me gustan mucho las direcciones que en general toma la danza contemporánea europea. Pienso que toda esa gente representa la evolución de la danza clásica, porque hacen base en el corpus clásico del ballet pero lo llevan al siguiente nivel, a un lenguaje más versátil. Roles preferidos Me gusta mucho el papel de Albrecht en Giselle, porque además de ser uno de los clásicos, es uno de los más elevados. Más que por su dificultad me gusta porque es un rol que requiere cierta profundidad en la caracterización del personaje. Eso siempre es un lindo desafío. Espero poder bailarlo en un futuro no muy lejano. ¿Cómo se podría lograr que el ballet fuese más popular? Creo que el futuro está en internet. Yo, por ejemplo, tuve mucho éxito gracias a youtube. Sin youtube no estaría ahora en Nueva York. Fui descubierto en Nueva York gracias a unos videos que tenía de las competencias en las que había participado y que había colgado en la red. Así fue como fui invitado a actuar primero en París y después en Nueva York. Creo que la gran meta para las compañías de ballet y para la danza en general debería ser abrir la disciplina a más gente, sobre todo al público más joven. Porque alrededor del ballet hay toda una mística que es anticuada. Creo que tendríamos que educar a la audiencia, dándoles información, mostrando la trastienda del ballet, cómo nos preparamos, de qué hablan las obras y demás, como para desmitificarlo. Y la danza tiene mucho potencial, porque es básicamente un lenguaje corporal. La danza estuvo presente en la historia del hombre cuando todavía no estaba la palabra, de manera que estamos hablando de un área muy primitiva del ser humano, algo que tiene que ver con el alma y con el subconsciente. ¿Cómo es un día tipo en su vida? El problema es que no existe tal cosa. En general tenemos clases y entrenamiento todos los días, por la mañana. Después depende si tenemos función o no, pero cuando ensayamos lo hacemos durante cinco o seis horas. Durante la temporada del Metropolitan Opera House tenemos 64 funciones en dos meses, de mediados de mayo a mediados de julio. Además hacemos otra temporada de gira internacional, durante el otoño del hemisferio norte. En líneas generales, es un trabajo muy exigente que me tiene muy ocupado. ¿Cómo surgió la idea de Intensio? Intensio es un evento hijo de mi gusto por la tecnología. Siempre tuve fascinación por la magia de la tecnología, por su enorme poder. Es algo que heredé de mi padre. De hecho, él trabaja hoy en día con la tecnología diseñando escenografías con proyecciones de video. Su idea es hacer un mash-up entre la danza y el video. Pensamos que la danza no puede ser eclipsada por la tecnología, lo que pretendemos es multiplicar y potenciar las coreografías, todo en tiempo real. En base a ese concepto es que fue creciendo Intensio, que está concebido como una especie de colaboración entre la danza y otras formas del arte, algo que dé resultados innovadores. No es un evento que tenga una regularidad definida. Hasta ahora hicimos una edición con shows en Grecia en 2009 y estamos organizando otra edición para concretar en Japón en noviembre próximo. Desde muy chico vivió fuera de Rusia y está acostumbrado a viajar ¿Cuál es hoy su lugar? Aprecio mucho Nueva York, la ciudad en la que hoy vivo porque yo también soy muy cosmopolita. Disfruto su energía y su efervescencia cultural. Nací en Siberia, me crié en Alemania, viví durante dos años en Viena, ahora estoy desde hace cuatro años en Nueva York... En definitiva, ya me siento un ciudadano del mundo. ¿Por qué es bailarín? Porque siempre amé la relación entre la actuación y el público. Me gusta ese ida y vuelta. Sobre todo me gusta dar y mi forma de dar es bailando. ¿Con qué sueña? Tengo muchos sueños, pero mi principal deseo es seguir sano, porque estar sano me permite tener otros sueños.
Hitos de una carrera diferenteSi la manzana nunca cae muy lejos del árbol, en el caso de Daniil Simkin podría decirse que quedó pegada al tronco. Al menos en lo laboral, porque llegó a brillar como bailarín clásico sobre un escenario, tal como sus padres Dmitrij Simkin y Olga Aleksandrova. Acompañando a Dimitrij ganó sus primeras experiencias escénicas, cuando tenía apenas seis años. Con Olga se formó luego durante diez años con la modalidad que describe en esta entrevista. Bajo su tutela se preparó para diversas competiciones internacionales, consiguiendo varios primeros puestos entre 2004 y 2006. Ese año inició formalmente su carrera profesional como segundo solista en el Ballet de la Ópera de Viena, al tiempo que con diversos roles, en calidad de bailarín invitado, en otras compañías.
En 2008, a sus 21 años, fue contratado por el American Ballet Theater de Nueva York, con el que fue bailarín solista tanto en el mítico Metropolitan Opera House como en otros teatros del exterior. Como tal cumplió con roles protagónicos en obras como Don Quijote, Coppelia, El Hijo Pródigo y El Cascanueces, entre muchas otras.
Paralelamente, en los últimos años tradujo su pasión por los avances tecnológicos en Intensio, un encuentro que reúne trabajos que conjugan la danza y nuevas tecnologías para “crear experiencias especiales en la sensibilidad del espectador”, según postula él mismo en su sitio web oficial.
Constelación internacionalSimkin será una de las estrellas convocadas por la productora Ars para la segunda Gala de Ballet de Buenos Aires. Los otros artistas convocados para la ocasión también portan un prestigio internacional, avalado por las compañías en las que trabajan o trabajaron. Son los casos de la argentina Marianela Núñez (primera bailarina del Royal Opera House de Londres), el brasileño Thiago Soares (de la misma compañía), los rusos Polina Semionova y Dmitrij Semionov (primeros bailarines del Staattsballett de Berlín), la ucraniana Iana Salenko (también primera bailarina del Staatsballett de Berlín), los españoles Ángel Corella (hasta junio integrante del American Ballet Theatre) y Carmen Corella (Barcelona Ballet), los argentinos Edgardo Trabalón y Silvina Perillo (Teatro Colón de Buenos Aires) y los también argentinos Julieta Paul y Benjamín Parada (Teatro Argentino de La Plata). |
| Siguiente > |
|---|
| Archivos pdf |
| Daniil Simkin |
| Cirque du Soleil |
| Tierra de Festivales |
| Galina Gladinkova |
| Tango |
| Folklore |
| Flamenco |
| Danza árabe |
| Teatro Musical |
| Danza irlandesa |
Listar Todos |
|
| Perdiste tu contraseña? | |
|
Todavía no estás registrado?
Registrate
|
|
| Ver el carrito de compra | |
| Tu Carrito está actualmente vacío. |