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martes, 10 de julio de 2012

Fervor sin Fronteras

Por Guillermo Chulak

 

En amores no vale
matar la llama,
si en las cenizas muertas,
queda la brasa*.

 

Solos, duos, coros, partes instrumentales, habladas, danzas, escenas cómicas y dramáticas... La zarzuela está en el aire porteño y en el del interior del país, en grandes teatros, un hotel y las salas más frecuentadas del circuito teatral no comercial.

 

“En nuestra programación la zarzuela siempre estuvo vigente, está continuamente presente” se exaltaba en un reportaje telefónico con Balletin Dance, Martín Díaz, gerente cultural del hotel Claridge perteneciente a la cadena española Eurostars Hotels. Ellos constantemente están implicados con el mundo del arte y la cultura y, por eso, estuvieron presentando el ciclo Noche de ópera, zarzuelas y canzonettas.

 

Haciendo un poco de historia: el género influyó inmediatamente en Latinoamérica y muy especialmente en la Argentina por el sostenido incremento inmigratorio español que tenía nuestro país a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

 

El mapa de la zarzuela este año se extendió; afortunadamente, además de Capital Federal, por Salta y La Plata. En el Teatro Provincial de Salta, se pudo ver la zarzuela La Rosa del Azafrán que se estrenara en Madrid (España) en marzo de 1930, aunque la acción ocurre setenta años antes. En esta ocasión fue con música de Jacinto Guerrero y libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, basado en la comedia El Perro del Hortelano de Lope de Vega. Una puesta en escena verdaderamente encantadora que fue realizada íntegramente en esa provincia. Desde enero estuvieron dedicados a la zarzuela donde, además, se destacó la actuación del Ballet Sol de Portocarrero a cargo de la coreógrafa Daniela Pérez. El elenco de bailarines fue integrado por Ximena Gossen Pece, María José Gramajo, Magdalena Carpio, María Rojas, Leonel Valdéz, Pablo Rojas y Lucas Cardozo.

 

Por otro lado, en el teatro El Cubo de Buenos Aires, se presentó La Corte del Faraón, un sainete lírico español que se estrenó por primera vez en 1910 en Madrid. Después vinieron varias representaciones y reposiciones en España, y también tuvo su versión en el Teatro Avenida de Capital, cuando fue protagonizada por Sandra Guida y Horacio Fontova en el año 2004. Mientras que su versión cinematográfica fue protagonizada por Antonio Banderas y Ana Belén.

 

Facundo Abraham, director de La Corte del Faraón, consultado por esta revista, opina que esta pasión mundial por la zarzuela se debe a que la existencia de géneros populares es una constante paralela a la historia de la ópera: “fue el primer género que se desprendió luego del primer teatro clásico operístico, e intentó, a través de un lenguaje mucho más popular, llegar al espectador para generar una información no tan elitista. Después vinieron las derivaciones que tuvieron que ver con nuestro propio teatro musical. Siempre es un show completo con mucho humor y cuadros de danza”. Además, reconoce: “son espectáculos genuinos de la forma de vida de la época. No me gustaría que esa esencia se pierda en la cultura de la inmediatez que vivimos, por eso, por ejemplo, para que la gracia y el duende de esa atmósfera cautivante sigan presentes, en el garrotín (que es una jota), pusimos a dos bailarinas para hacer una coreografía en puntas, como son Victoria Condomi Alcorta y Clementina Marti”.

 

Y en la propuesta de recreaciones visuales, ya arribando a la ciudad de La Plata la presencia sobre la autopista de un cartel digital luminoso de notorias dimensiones promocionaba la conocida zarzuela Doña Francisquita en el Teatro Argentino, como para ir dando cuenta de la atractiva puesta con un gran trabajo en conjunto que se presentaba.

 

Considerada una de las mejores zarzuelas de la historia, Doña Francisquita se estrenó en 1923 en el Teatro Apolo de Madrid. Fue compuesta por el catalán Amadeo Vives y cuenta con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, basado libremente en la comedia La Discreta Enamorada, de Lope de Vega. En esta ocasión la dirección musical estuvo a cargo de Guillermo Brizzio y Darío Domínguez Xodo, y la puesta en escena fue de Jaime Martorell.

 

Con coreografía de Nuria Castejón, la danza fue usada como expresión de la pasión popular y provocadora de situaciones cómicas, sobre todo en la escena final del segundo acto, que se corona brillantemente el ritmo de la Mazurka, una danza de origen polaco que el cosmopolitismo madrileño hizo propia.

 

El cuerpo de baile integrado por Alexis Frank, Jorge Valenzuela, Daniel Corres, Fabián Valle Pérez, Maximiliano Martino Ávlia, Ricardo de Garay, Roberto Rodríguez, María Alejandra García, Laura Acosta, Leila Pajón, Luciana Garoni, María Celia Fernández Belli, Raquel Galán Rojas y Lorena Andrea Di Prinzio, también se lució en el tercer acto con el Fandango, una danza popular del siglo XVII que llega con un variado color orquestal a nuestra época, permitiendo así el lucimiento tanto para la orquesta como para los bailarines.

 

La zarzuela sigue revelando un mundo alucinante en pos de alimentar la pasión por la danza y el canto, una cruza que potencia la expresividad producida por una conexión muy fuerte de energía que se expande por todo el cuerpo. Lo tiene todo a favor, porque, además, propone un baile social que pueden compartir todos y todas, que pone la comunicación y la hermosura al alcance de la mano.

 

Las próximas propuestas en Buenos Aires, se anunciaron para octubre, en el Teatro Maipo con Grappa, Mate y Jerez, un crisol antológico de zarzuelas, canzonetas y nuestra música nacional.

 


* Por el humo se sabe dónde está el fuego de la Zarzuela de Amadeo Vives, Doña Francisquita


 
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