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martes, 10 de julio de 2012

Tango

Coronados en una Usina

Por Carlos Bevilacqua

 

Maximiliano Cristiani con Fátima Vitale, en Adultos y Héctor Dohnke con Manuela Requena, en Senior, se consagraron campeones metropolitanos de tango en una final de organización desprolija

 

¿Cuánto peso tiene el Campeonato de Baile de la Ciudad en el ambiente milonguero? La pregunta supone varias respuestas. Por un lado, buena parte de los bailarines anónimos que cada noche pueblan las pistas de Buenos Aires rechazan o soslayan las competencias organizadas por el Estado municipal. Algunos por desconfianza, otros por simple conservadurismo, muchos por miedo al cotejo de sus virtudes y otros por razones éticas, al cuestionar la compatibilidad entre arte y competición. Enfrentar a bailarines profesionales con amateurs, en tanto, es a todas luces desigual. Por otro lado, el otrora Metropolitano sigue siendo el campeonato más trascendente de los clasificatorios para el Mundial. No es poca cosa haberlo ganado en alguna de sus ediciones o en alguna de sus categorías. Además, pone a dos parejas en la final del Mundial y a otras ocho en las semifinales, mientras los demás torneos sólo clasifican a una pareja para las semifinales.

 

Lo cierto es que este año el campeonato organizado por el Ministerio de Cultura porteño se disputó durante 16 días en diferentes milongas de la ciudad. La final se disputó el 26 de mayo en La Usina de las Artes ante unas 1200 personas. Esa noche el jurado estuvo compuesto por María Nieves, Johana Copes, Guillermina Quiroga, Julio Dulpláa, Horacio Godoy y Eduardo Arquimbau.

 

Con sus opiniones, coronaron este año a Maximiliano Cristiani y Fátima Vitale campeones de Tango Adultos. Los dos, profesionales que ya habían obtenido puestos altos en otros Metropolitanos y Mundiales. Se impusieron tras bailar una tanda musical compuesta por los tangos Siete Palabras (por la orquesta de Juan D’Arienzo) Una Carta (por la orquesta de Aníbal Troilo) y La Maleva (por la orquesta de Rodolfo Biagi).

 

En Tango Senior (categoría para mayores de 40 años) los campeones fueron Héctor Dohnke y Manuela Requena. Ellos fueron apreciados como los más creativos, musicales y elegantes durante una tanda compuesta por versiones de las orquestas de Aníbal Troilo (para Torrente), Osvaldo Fresedo (para Tigre Viejo) y Juan D’Arienzo (para Pensalo Bien).

 

Además de recibir una copa y $ 20.000 de premio, las dos parejas quedaron directamente clasificadas para la final del Campeonato Mundial de Tango, a realizarse en agosto en Buenos Aires, con lo cual evitarán dos rondas eliminatorias previas.

 

Cristiani y Vitale también fueron elegidos como los mejores en Milonga, en tanto los consagrados en Vals fueron Paloma Sanz y Facundo Gómez de la Cruz Palavecino. En estas categorías no hay una división de los bailarines por edades e implican un reconocimiento simbólico y monetario pero sin continuidad en el Mundial.

 

Quienes sí obtuvieron una clasificación para el Mundial, aunque para la instancia de semifinales, fueron los campeones de una nueva categoría, la de “Milongueros del Mundo”, surgida el año pasado como una respuesta al reclamo judicial realizado por extranjeros residentes en la ciudad de Buenos Aires que se sintieron discriminados por no poder participar al no tener la nacionalidad argentina. En un giro de 180º, la Dirección de Festivales de la Ciudad decidió no sólo admitir extranjeros residentes en la ciudad, sino también a argentinos que no tuvieran residencia en la ciudad. De hecho, los competidores fueron casi todos argentinos no porteños. Los campeones de esta difusa categoría fueron Naoko Tsutsumizaki y Cristian López, un tándem de japonesa y argentino que ya había obtenido el tercer puesto en las categorías Salón y Escenario del Mundial 2010.

 

El número artístico programado este año para matizar la espera que siempre se da entre la competencia y el anuncio del fallo fue de lo mejor de la noche: una reproducción de la Orquesta de Cuerdas que Ástor Piazzolla armó en 1957. La idea, que ya había sido concretada con la Camerata Bariloche durante el Festival de Tango de la Ciudad edición 2008, requirió primero de la reconstrucción de partituras que estaban perdidas o dispersas. Piezas que integraron el repertorio de aquella formación, como Marrón y Azul, Chau París y Tres Minutos Con la Realidad fueron interpretadas por una orquesta especialmente armada para la ocasión bajo las órdenes del violinista Pablo Agri. Así, el público pudo conocer una etapa atípica en la trayectoria del genial bandoneonista marplatense, quien lejos de la tensión y el ritmo frenético de sus discos posteriores, a mediados de los ’50 había optado por una energía más lírica y romántica.

 

El lugar de estos hechos dejó mucha tela para cortar. En principio, por su carácter flamante: la final se llevó a cabo en la Usina de las Artes, un centro cultural inaugurado tres días antes por el Gobierno de la Ciudad en el edificio que antaño ocupara la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, en el barrio porteño de La Boca. Se trata de un predio enorme, de 15000 m2, reciclado en su interior y restaurado en sus fachadas, con dos auditorios para música en vivo, espacios especialmente diseñados para espectáculos de danza y otros para exposiciones.

 

El auditorio donde se disputó la final, sin embargo, adoleció de algunos defectos graves. A saber: desde unas 40 plateas preferenciales no se veía bien el escenario. Para acceder a algunos sectores el público debió atravesar por entre personas ya sentadas porque no hay allí pasillos y las entradas laterales que hubiesen facilitado el ingreso estaban bloqueadas por unos empleados de seguridad que, con muy pocos modales, controlaban la situación. Otro “detalle” fue que el audio del presentador era tan malo que no se pudieron escuchar bien los nombres de los campeones.

 

Esas fueron las carencias más notables de una función en la que todo lució muy improvisado: desde la entrada desordenada de los participantes a la pista hasta las consignas de los empleados municipales, que en muchos casos se contradecían entre sí. Si bien las entradas estaban agotadas, al comienzo de la competencia sólo un 40% de las localidades estaban ocupadas. Para mucha gente debe haber sido complicado llegar a un lugar nuevo para el circuito artístico. Claro que mucho no deben haber ayudado los carteles amarillos del Gobierno de la Ciudad que a lo largo de la Av. Pérez Galdós indicaban mal el camino a la Usina.

 
 
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