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domingo, 10 de junio de 2012

Teatro Musical

 

‘Bella’ Como Pocas

Por Daniel Sousa

 

Susan Egan, estrella de Broadway, pasó por Buenos Aires para ofrecer un concierto y dictar una masterclass. La primera figura en interpretar el rol protagónico de La Bella y la Bestia cautivó con su simpleza, carisma y dotes artísticas, en una visita breve pero intensa

 

“Era hora de que Broadway tuviera una Evita argentina”, se entusiasma Susan Egan aludiendo a nuestra compatriota Elena Roger. Acaban de preguntarle, aquí, en Buenos Aires, a metros nomás del Obelisco, si le gustaría interpretar el rol protagónico en el musical de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber. Y ella, con esa simpleza querible que no es pose, dice que no, que tiene “casi diez años más que Evita cuando murió” y que “hay roles para cada persona”.

 

“Yo nací en California, no podría”, remarca. “A los diez años ya me sabía todas las canciones de Evita, adoro esa obra, pero me sentiría fuera de lugar haciéndola, lo mismo que West Side Story (Amor sin barreras). A los diecinueve años rechacé el personaje de Connie, una muchacha de origen chino, en A Chorus Lline. Todos en mi entorno me decían que debía hacerlo, pero yo estaba segura de que en Broadway habría una chica oriental que lo haría mucho mejor que yo. Ahora, en Evita, acaba de abrirse un camino interesante: ojalá que después de Elena siga otra argentina”.

 

Los amantes del teatro musical saben de quién se trata. Para el resto bastará decir que Susan Egan fue la primera actriz de la historia en interpretar el personaje de Bella en La Bella y la Bestia (1994), y la que mayor cantidad de funciones encarnó a Sally Bowles en el revival de Cabaret que montó Sam Mendes en 1998. Fue María en las giras regionales de La Novicia Rebelde, les prestó su voz a personajes de películas de Disney como Hércules y El Viaje de Chihiro, y se ganó todos los elogios por su protagónico en Thoroughly Modern Millie. Eso, hasta que hace diez años se casó y se mudó a Los Angeles, donde ahora vive con su marido y dos hijas de dos y cinco años.

 

“Durante años he visto a muchas madres de Broadway que hacían ocho funciones semanales y no podían acompañar a sus hijos a la cama. Yo no quería eso para mí. La relación entre el trabajo y la familia es una gran cuestión. Por eso hoy elijo hacer recitales, viajar y a los dos o tres días estar en casa de nuevo. Además, puedo elegir los temas que me gustan y cambiar el repertorio sobre la marcha. En La Bella y la Bestia canté lo mismo durante tres años seguidos...”, resopla.

 

Susan se inició en la vida artística como patinadora sobre hielo pero como “odiaba la competición” comenzó a estudiar danzas y finalmente recaló en el teatro. Fue por sus dotes para el baile que Sam Mendes ordenó modificar la coreografía de Cabaret e hizo que la Sally Bowles de Susan bailará más que otras. En sus conciertos, como el que brindó en el teatro Astral a principios de mayo, cuenta la anécdota de cuando fue a verla la mismísima Liza Minnelli. “Vino al camarín y empezó a hablarme a los gritos, con esa manera tan particular que tiene. Que esta canción la tenés que cantar así, y aquella otra de esta forma... Y yo estaba extasiada, no porque era Liza sino porque veía en su rostro a aquella niña que alguna vez me había cautivado con su encanto: Judy Garland”. Ahí nomás respira profundo y la emprende con un popurrí de canciones clásicas de la gran diva del cine de los años ’40 como Dear Mr. Gable y Over the Rainbow, en uno de los momentos de mayor emotividad del recital. Christopher McGovern, pianista y compositor también consagrado, es su único-magistral compañero en escena, y no hace falta más.

 

Egan es una actriz descomunal escondida en un cuerpo de junco, que sabe generar como nadie un clima ameno de cercanía con el público. Qué decir de cuando interpreta Maybe this Time (de Cabaret), Don’t Rain on My Parade (del musical Funny Girl), el medley con canciones de Disney (de Aladdin, La Sirenita, La Princesa y el Sapo), o aquel otro con los temas de La Bella y la Bestia. Su magnetismo y dulzura no tienen límites.

 

La austeridad de recursos técnicos (apenas unas luces y un buen sonido) se contrapuso en el Astral a la riqueza de su gestualidad contenida. Ya lo había anticipado durante la conferencia de prensa previa Juan Chemes, el argentino que junto con la productora Tilt! la trajo a Buenos Aires: “Se van a caer de espaldas”. Y no mentía. Fue esa tarde cuando Balletin Dance conversó mano a mano con Susan:

 

¿Hacia donde va Broadway hoy?

Pienso que en diez años, quizás un 30% de los musicales que se montan en Broadway provenga de otros países que no son Estados Unidos, y en veinte años, la mitad tendrá origen foráneo. Internet está ayudando mucho a los productores estadounidenses a conocer el teatro musical de otros lugares del mundo, como la Argentina, y se están abriendo las fronteras. Como aquí en Buenos Aires, también allá nacen cosas interesantísimas en el off. Hace unos pocos años, obras como Avenida Q o Next to Normal (Casi normales) no hubieran sido posibles. Son proyectos chicos e independientes que se convierten en éxitos.

 

¿Cuál es su mensaje para los artistas que buscan su oportunidad en audiciones?

No deben darse por vencidos ni perder el coraje ante un ‘no’. Siempre habrá un director de casting que recuerde su rostro y los convoque en alguno otro momento cuando surja un personaje que verdaderamente les calce. Nunca hay que tomar el ‘no’ como algo personal. Si uno tiene el talento, el éxito finalmente llega.

 

¿Cuál es la clave para trascender?

En Nueva York todos pueden cantar, todos son fantásticos en eso. La diferencia la da la interpretación, el carácter. Hay que trabajar mucho indagando en la letra de las canciones. Afortunadamente, los directores me han dicho siempre ‘sé vos misma dentro del papel’ y eso hice. Cuando actué en Cabaret, en dos ciclos con una diferencia de dos años en el medio, yo quería que a los cinco minutos de función la gente se olvidara de Liza Minnelli...

 

¿Piensa volver al teatro musical?

Claro que sí. Lo que ocurre es que en determinado momento de la vida es necesario ausentarse por un tiempo para regresar con papeles de la edad de una. Si no, a los cuarenta seguís haciendo personajes de veintipico. Es un riesgo exponerse demasiado en roles que a una ya no le quedan. En el teatro musical, de grande, te llegan los mejores personajes, como la Rose de Gipsy y tantos otros.


 
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