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jueves, 10 de mayo de 2012

El Tap en su Laberinto

Por Daniel Sousa

 

El 25 de mayo se celebra el Día Internacional del Tap, disciplina que en nuestro país atraviesa una meseta en su evolución, al tiempo que añora los grandes musicales dedicados al arte del zapateo con chapitas. ¿Cómo reflotarlo? Opinan Rodrigo Cristofaro, Bebe Labougle, Alberto Agüero y Aníbal Pachano, entre otros

  

Como cada año desde 1989, la comunidad mundial de la danza celebrará este 25 de mayo el Día Internacional de Tap. Rítmico, estilizado, de una energía contagiosa, este estilo de baile percusivo que nace de la fusión entre las danzas irlandesas y escocesas y ciertos ritmos africanos caló hondo en Estados Unidos hacia fines del siglo XVIII. Allí encontró eximios cultores, ganó en popularidad y consiguió que el Parlamento dispusiera un día del año para reverenciarlo. El 25 de mayo coincide con el recordatorio del nacimiento, en 1878, del gran bailarín de raza negra Bill ´Bojangles´ Robinson, astro del vodevil en Broadway y atracción de varias películas hollywoodenses de la mano de la adorable Shirley Temple.

 

Bailado en el principio por los esclavos, el zapateo americano (también llamado claqué en tiempos pretéritos) fue puliendo sus formas originales, incorporó elementos de otras danzas y cobró vuelo con las magistrales performances de Gene Kelly, Eleanor Powell, Fred Astaire, Debbie Reynolds, Ginger Rogers y Sammy Davis Juniors, recordadas por todos. A través de ellos llegó a nuestro país, aunque no supo conservarse en estado puro y terminó incorporándose al teatro musical.

 

Vivió épocas de gloria el tap en la Argentina, pero no son éstas, claro. “En los ´80 fue un boom”, confirma Alberto Agüero, maestro de maestros y uno de los referentes de la disciplina en la Argentina. “Fue a partir del estreno de Erase una vez en Hollywood (documental de la Metro que compilaba los mejores musicales del cine). Esa etapa duró casi veinte años y luego fue decayendo”.

 

¿A qué lo atribuye?

Las nuevas generaciones han ido perdiendo el gusto por la percusión. También el jazz declino en su momento. En los ochenta, con las grandes orquestas, causaba sensación y luego se apagó un poco. Algo similar le pasó al flamenco; son ciclos. Sin embargo, hoy hay una gran movida y un interés enorme por el tap en España, en China, en Japón. Los irlandeses son un poco los responsables de este renacimiento con sus espectáculos tan particulares.

 

“Son momentos, circunstancias”, coindice Rodrigo Cristofaro, uno de los coreógrafos jóvenes de tap más requeridos. “Entramos en una meseta, la disciplina se ha estancado. Hasta hace unos tres años todavía se veía un auge, pero el último par de años cayó mucho. En teatro, Carmen (Barbieri) incluyó algo de tap en su revista, y poco más. Tampoco han venido grandes musicales de tap de afuera ni se han montado acá, entonces la gente pierde el interés”.

 

Para Aníbal Pachano, creador de la compañía Botton Tap junto a Ana Sans, “hay poco tap en el teatro porque hay pocos coreógrafos. Esa es una realidad. Y los coreógrafos que hay, en general necesitan ser dirigidos por directores o coreógrafos generales. Son pocas las personas que pueden realizar bien ese trabajo en nuestro país”. Según el hombre de la eterna galera y el bigote lápiz, “ahora en Estados Unidos el tap está volviendo a las fuentes, a lo más simple. La técnica del claqué, la que dominan los negros, es muy difícil y si no la encaran personas realmente preparadas es muy complicada de transmitir. Yo soy más de la vieja ola, del tap más tradicional, un tap que lo puede hacer cualquiera -confiesa-. No me interesa buscar la complicación del virtuosismo para que después eso se ensucie y no sea efectivo”.

 

“Definitivamente, hoy el tap no está de moda”, remarca Bebe Labougle, otra de las figuras locales del zapateo americano. “A esto se le suma que los musicales que últimamente han venido no tienen tap. Si mañana llegara una obra como Crazy for You,  al día siguiente explotarían las clases de tap. Lo mismo si se montara Fosse, se llenarían todos los cupos”. Lo que ha permitido mantener a flote el zapateo americano “es el estilo urbano -dice-, y la unión con ritmos como el funk y el hip hop, más actuales”.

 

“En Nueva York y en Londres siempre hay en cartel algún musical con zapateo americano”, interviene Astrid ´Ati´ Castro Videla, una de las Twins Tap, un dúo de hermanas con muchos años en la docencia y el escenario. “En Broadway se puede ver Anything Goes con música de Cole Porter; y siempre está Calle 42, un clásico. Acá, en cambio, no llegó ninguno de estos musicales zapateados”. En verdad sí: Calle 42 tuvo su versión local en 1989 en el teatro Metropolitan, con Violeta Rivas y Rodolfo Valss a la cabeza del elenco, dirección musical de Angel Mahler, coreografía y dirección general de Ricky Pashkus, pero Alberto Agüero no conserva un buen recuerdo de aquella puesta: “Ese es el musical más fuerte de tap, con casi cuarenta personas zapateando. Una pena que acá el resultado no fue muy feliz. Por un lado, porque hay ciertas letras que no se pueden traducir bien al español. Pero además, en lo coreográfico el resultado fue bastante mediocre porque en ese entonces no había bailarines preparados para tanta exigencia en la Argentina”.

 

Cristofaro se entusiasma pensando que tal vez sean ciertos los rumores de que Anything Goes llegará en 2013 a la Argentina y se anota para coreografiarlo. Quizás así se saque la espina que le quedó clavada cuando, habiendo sido elegido por la producción de Alejandro Romay para montar Cantando Bajo la Lluvia, finalmente el proyecto no llegó a concretarse.

 

LA ENSEÑANZA

El de la enseñanza es un capítulo importante en esta historia y la clave para el pretendido resurgir del baile con chapitas. “Nos enfrentamos al problema de que todo lo que se ve en televisión son ritmos más movidos: hip hop, pop, salsa… Al tap no se lo ve en ningún lado. Y además hay otra realidad: la gente se dedica a los ritmos más sencillos de aprender, como el reggaetón”, confía ´Ati´ Castro Videla. “Nosotras tenemos alumnos de todas las edades y hemos podido ver que la gente joven que se acerca lo hace porque sus abuelos o sus padres alguna vez le mostraron películas de Fred Astaire o de Gene Kelly. Las nuevas generaciones que no reciben ese legado no tienen idea de quiénes fueron esos artistas. Pero afortunadamente siempre hay familias donde existen fanáticos de alguna película, o que tuvieron la oportunidad de viajar y ver musicales afuera”.

 

En sus cuarenta años de trayectoria, Alberto Agüero ha sido “maestro de casi todos los que hoy enseñan”, afirma con orgullo. Y añade: “Me sorprende gratamente que están llegando a las clases chicos chicos, de ocho o nueve años. Es que el tap tiene que ver con la percusión y los chicos tienen un oído impresionante, mucho más que los adultos. En ellos no hay exigencia, juegan y en ese jugar, aprenden”.

 

Por suerte, aporta Bebe Labougle, “hay una nueva generación de profesores, continuadores de la nuestra, y eso está bueno. El tap se ha ido asentando como complemento de formación y todas las escuelas de comedia musical lo tienen entre sus disciplinas, cosa que antes no pasaba. Finalmente se entendió que es una rama muy importante en la formación del bailarín”.

 

¿Qué le aporta?

Aprender tap no es solamente para que uno pueda bailarlo, le da al bailarín una formación rítmica que no le da otra danza y eso, sobre todo al bailarín de jazz, le aporta muchas más herramientas para jugar con las dinámicas, con el estilo, con la sutileza. Quien estudia tap gana en matices. Los coreógrafos americanos que vienen a la Argentina a dar workshops siempre aconsejan a los bailarines estudiar tap. No se aplica sólo en un musical que tenga zapateo, sirve para todo.

 

Pachano asiente: “Yo soy un hacedor de la mixtura de técnicas. El tap lo podés meter en cualquier lugar si realmente tenés una concepción artística diferente. Es una disciplina de disociación (sonido, cuerpo, brazos, movimiento) que también se puede aplicar para bailar una coreografía de jazz o de malambo”.

 

Cristofaro, orgulloso profesor de tap de la consagrada Elena Roger (“me emociona verme mencionado en su currículum”), cree que la nueva camada de artistas de teatro musical, de entre veinte y treinta años, ha entendido la importancia de esta disciplina. “Se preocupan por el tap porque más de uno ya se ha quedado afuera de alguna audición por no saberlo. Hoy el nivel es muy alto en la comedia musical, hay gente muy buena, y el tap puede inclinar la balanza a favor de uno u otro en una prueba”. Sin embargo, Agüero alerta sobre un mal muy extendido: “Muchos creen que si viene una comedia musical importante toman tres meses de clases y ya está, pero no es así. Esto es difícil, la del tap es otra técnica. No se olvide que tiene que ver con el golpe”.

 

Tal vez un golpe -pero de suerte- sea lo que está necesitando el zapateo americano para recuperar la visibilidad y el brillo de otros tiempos. ¡Chap, chap!


 
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