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jueves, 10 de mayo de 2012

Nota de Tapa

 

Entrevista con Oscar Araiz

La Emoción es mi Termómetro

Por Agustina Llumá

 

El 26 de mayo se inaugura la Usina de Ideas, un nuevo centro cultural que albergará a dos salas de conciertos en la ciudad de Buenos Aires. Ese día actuarán entre otros, el grupo de danza de la Universidad de San Martín dirigido por Oscar Araiz

 

La Usina de Ideas es un antiguo proyecto del gobierno de la ciudad de Buenos Aires (ver Balletin Dance Nº 177, junio de 2009, también llamada Usina de las Artes o Usina de la Música) que busca, como epicentro, instalar en el barrio de La Boca un polo cultural. La antigua Usina de la Compañía Italo Argentina de Electricidad presentaba características más que propicias para esta adecuación, pues -entre otras- sus proporciones permiten lograr una buena acústica. Si bien en julio del año pasado se había realizado ya una inauguración, no contempló entonces la sala mayor de mil setecientas localidades. Oficialmente no se había develado al cierre de la presente edición el nombre de los artistas (nacionales y extranjeros) que participarán en estas funciones, ni el programa elegido, sin embargo Balletin Dance pudo saber que una de las propuestas será Pulsos un estreno de Oscar Araiz.

 

Pulsos

“No se si es una obra, es como un ejercicio. Se gestó en la Universidad de San Martín el año pasado -explicó Oscar Araiz al inicio de esta conversación-, donde hay un gran número de bailarines que vienen del folklore y tienen mucha técnica, tienen carácter, son muy musicales. Llegan con mucha prestancia, hay una cierta masculinidad inclusive, interesante. Entonces el año pasado los junté y les propuse hacer una investigación, un juego, con una música de un autor contemporáneo, John Adams, muy rítmica pero que no tiene nada que ver con la música folklórica, para ver si hay un punto de encuentro entre el zapateo argentino, o sea el malambo y estos ritmos que son diabólicos y muy contemporáneos. Es cortito, dura 13 minutos y bailan también las mujeres que saben malambo” anticipa el coreógrafo. “No se si para el público el resultado será tan interesante como fue para nosotros el proceso”, agrega.

 

Educación

Oscar Araiz tiene a su cargo la dirección de dos carreras de nivel terciario, por un lado en forma privada, la Escuela de Danza Contemporánea Arte XXI que enfatiza la formación del bailarín, y por otro de manera estatal la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) con tres orientaciones (compositiva, pedagógica y terapéutica).

 

Dentro de la Unidad Académica de las Artes, la Unsam ofrece cinco carreras (cine documental, artes circenses, danza, títeres y objetos, y fotografía), que por ahora son diplomaturas. El área danza nació bajo la dirección de Araiz en marzo de 2010, con un nivel de perfeccionamiento y es “un programa de cuatro años dividido en dos ciclos. Cinco cuatrimestres, en que la concentración está puesta en lo que la gente necesita y quiere en ese momento, que es bailar, moverse, técnica, aunque también haya materias teóricas. Después viene una última etapa en que la carrera se abre y puede ingresar gente que no ha hecho la primera parte, donde aparecen las especialidades (que comienzan a impartirse en el segundo cuatrimestre de este año). Son tres patas: el compositor, el coreógrafo, el director, el gestor, el promotor, todo lo que es la producción, artística y administrativa. La otra especialización es la pedagógica, la de maestro. Y la tercera es la de las terapias corporales, terapias físicas, que me parece que es una de las más interesantes en este momento, socialmente hablando. Lo que me interesa es que los egresados tengan fuentes de trabajo, que vivan de lo que les gusta hacer”.

 

En ambos centros educativos, el director propone concretar intercambios institucionales “que se hagan acuerdos, que se compartan a veces algunos seminarios, que se inviten alumnos. Yo estoy haciendo eso, también con la escuela de Mariana Sirote en Neuquén, que es una escuela divina, por sus maestros y planes de estudio. Una vez por año enviamos un alumno y otro viene. Ella es una buena consejera. Nos gusta encontrar hermanos, tener pares”.

 

La vida del bailarín

“La naturaleza del bailarín es orgánica. Es intelectual también, pero un gran porcentaje tiene que ver con su cuerpo, por eso ha sido como poco previsor del futuro (un hecho que está cambiando, porque ahora ya no lo es tanto). Mirá lo que veíamos antes en las compañías, que cuando se acababa el cuerpo se acababa la persona, es una cosa tremenda. Todo está cambiando, los sistemas están cambiando y las instituciones necesitan cambios, quizás en esos cambios podamos aprender que la danza no es solamente la historia de un cuerpo que cuando se… empieza a limitar, se acaba, se queda en el aire, zumbando, porque hay otros aspectos que son muy interesantes” se refería Araiz en relación a las especializaciones de la carrera.


 

LA CREACIÓN…

(ver Balletin Dance Nº 51, junio de 1998)

 

En las dos instituciones educativas, Oscar Araiz creó sendas compañías de danza “Es el alma. En ese momento la gente quiere bailar” reiteró. Y lógicamente, sus bailarines encaran sus coreografías, pero también deben conocer otros estilos, tendencias y técnicas. “Por supuesto que coreografiar ha sido mi pasión siempre, yo lo hago con mucho placer, pero decididamente lo interesante es mostrar todas las cosas que se supone pueden convivir”.

 

¿Cuánto influye el bailarín al momento de crear?

“Muchísimo. Todo. Porque estamos trabajando con su materia, su técnica, sus conocimientos, con su capacidad de inventiva, de coordinación, de imaginación. En Pulsos, más que nada hago una coordinación, manejando el rol musical. Hice un análisis de la estructura musical y la puse en un pizarrón, ‘miren, esto es lo que vamos a hacer: observen lo que pasa acá, cómo cambian estos ritmos, cómo cambian estos climas, hay una estructura. Vamos a ver si la seguimos o si nos oponemos a ella’. De paso vamos estudiando cosas que tienen que ver con la música, con la percepción, con el teatro, con la emoción y con la técnica, básicamente. Es como un intercambio, es un ping-pong. Yo tiro esto, me devuelven lo otro y yo lo devuelvo cambiado”.

 

LA COMUNIDAD

Hace unos años las diferentes políticas de estado (nacionales, provinciales y municipales) han impulsado la creación de fondos para financiar al arte. La mayoría del dinero público se otorga a los artistas en forma de subsidios, seleccionando a aquellos postulantes que más lo merecen de acuerdo a las diferentes bases y requisitos de cada convocatoria. La danza no ha permanecido ajena a estas propuestas ganando cada vez más terreno, aunque siempre un paso atrás del resto de las artes. Esta situación (la entrega de subsidios) ha fomentado la invención de proyectos cuyo objetivo final es conseguir dinero (adaptándolos a las bases de participación), y no tanto como verídica necesidad creativa.

 

Al respecto Araiz ensaya “En realidad la gente se junta porque salvo los modelos de las compañías oficiales, no existen compañías en sí mismas, entonces son grupos que se unen por afinidad artística o personal, es lo que se llamó la danza independiente. A veces es necesario reforzar un proyecto para justificar un pedido de dinero a una institución que gracias a Dios existe. Yo justifico que ocurra eso, porque capaz que con esa escusa (de conseguir dinero) suceden cosas más positivas y se puede hacer algo. A nivel humano”.

 

Más allá del aumento poblacional que ha sufrido la humanidad, estos grupos son cada vez más prolíficos y emerge entonces la pregunta: ¿tantos buenos coreógrafos están surgiendo en nuestro país? ¿Tantos creadores? ¿Tanta creatividad? A lo que el coreógrafo expresó: “yo nunca uso la palabra obra, ni la palabra crear, porque me parece que tenemos que ponernos de acuerdo de qué estamos hablando cuando mencionamos esas palabras. Eso de sentirse un artista, creador de obras, a mí siempre me pareció muy ridículo. Siempre. Me da como vergüenza. Porque no es que todos somos creadores, lo único que podemos crear es nuestra vida y con suerte.

 

Pero por otro lado -continúa Araiz-, hay una cierta creatividad natural en las personas, que se da hasta en el hecho de jugar, por ejemplo. Por supuesto que en el juego artístico intervienen elementos anímicos y espirituales que no se dan en uno deportivo”.

 

Y para sintetizar el entrevistado sentencia: “Puede ser que lo que esté mal es que nos creamos todos creadores. Porque pienso que el creador en sí mismo no existe, como alguien que saca de la galera una cosa milagrosa. Todos los que trabajamos sabemos que es una cuestión de ponerse… en la danza: es cuerpo. El cuerpo es un organismo, tiene emociones y sensaciones muy fuertes, y a veces el aspecto intelectual queda relegado, porque esta es nuestra naturaleza. Por eso yo tengo bastante discrepancia con esta actitud de que ahora la danza tenga que pensar. Por supuesto que piensa, sino sería una brutita (risas), pero no lo es”.

 

¿Tiene que ver con la moda del arte conceptual?

“Puede ser. Pero fijate que el arte conceptual en la danza es bastante paralizante. Yo veo que lleva a una especie de parálisis: cada vez menos, se mueve menos, se piensa más, se actúa menos. Esa es mi óptica y puedo estar muy equivocado, además yo pertenezco ya a una edad jurásica”, asegura mientras se ríe.

 

En este momento, hay formas de opinión, escuelas, tendencias, con las cuales yo tengo muchas dificultades, de comprender, en aceptarlas, en enterarme, en adoptarlas, y no se si me tengo que sentir obligado a eso. Decido sobre todo ser una persona de mi tiempo y considero que siempre lo fui, aunque ahora tengo algunas dudas de si quiero ser parte de este presente. Me lo pregunto. Mi característica presenta una diversidad que es propia de lo que fue el modernismo. Y el modernismo ya está superado. El modernismo, el posmodernismo, el posposmodernismo. Ya pasó. Yo nací, mamé, me tocó ese tiempo y estoy muy contento y feliz de haberlo vivido” afirmó.

 

LA EMOCION

La emoción es la marca, es mi termómetro. Cuando voy a ver algo, si no me toca emocionalmente me aburro mucho, me da la sensación de estar perdiendo el tiempo. Eso me sucede muy poco, pero sucede.

 

¿Cuando lleva la obra al escenario, piensa en el público: que no se vaya a aburrir?

(Risas). “A ver: ¿Quién es el público? ¿Qué es el público? Aclaremos de qué estamos hablando. Hay tantos públicos, hay tantas personas, hay tantos ánimos, depende de la obra, depende del día, depende de cómo estés. Cuando yo pienso en el público pienso en alguien que va gozar, o que por algún motivo va a asociar lo que está viendo con algún fantasma, con algún sueño, con algún deseo, con alguna persona. Cada uno es totalmente personal, no hay dos personas que vean la misma cosa.

 

Cuando yo digo que para mi el termómetro es emocional, es como cuando me encuentro por la calle con una persona de mi edad y me dice ¡Uy, yo me acuerdo de aquella escena en que rodaba por la escalera. Nunca me voy a olvidar! Eso, es lo único que vale de todo lo que hice. Que a alguien que habiendo pasado tanto tiempo le haya quedado esa emoción, como una marca, más que las reflexiones, los alumbramientos intelectuales. Pero no estoy en contra de ello, al contrario, estoy en una universidad, en un nivel académico. Te recomiendo leer la tesina que hizo Beatriz Lábate, al recibirse en Historia del Arte en la Universidad de Tucumán: Danza y Universidad. Es un estudio de las relaciones entre la danza y la universidad en la que habla mucho de la naturaleza de ambas y los cambios que hacen falta hacer para que se encuentren, tanto la universidad con sus estructuras, como la danza con su pobreza intelectual (esboza otra sonrisa). Pero se pueden establecer”.

 

Giras con el grupo de la Unsam

 

El grupo de la Universidad estará presentando El Mar en el Centro del Conocimiento de Posadas, Misiones, en julio y en agosto lo llevan a Salta. Pero también habrá presentaciones locales, donde mostrarán Rapsodia en los teatros Sala Plaza de la municipalidad de San Martín, Amijai y El Globo de la ciudad de Buenos Aires. Todas invitaciones que surgieron a través de gestiones realizadas por Nelly Skliar y Oscar Viaño.

 

Junto al Municipio en el que residen cuyo “vínculo con la universidad es bueno, hay posibilidades de hacer funciones para escuelas, e incluso que las escuelas se acerquen al tanque para ver funciones.

 


En la Unsam

La sala de danza de la Universidad, está emplazada en el Campus Miguelete, un particular edificio rodeado de espacios verdes, aire y sol. “La universidad era un tornavía, parece un coliseo romano, es redonda, de arquitectura inglesa. Son todos arcos, en el medio hay un gran disco (como el del escenario que gira), que era donde la locomotora cambiaba de dirección para entrar al taller o a otras zonas. Ese edificio antiquísimo, ahora está todo techado y convertido en aulas, biblioteca, cine, bar, rectoría, la carpa que es preciosa, y hay dos tanques de agua que eran utilizados para alimentar a las locomotoras, que se convirtieron uno en laboratorio científico y el otro es el estudio de danza, que tiene 15 m de diámetro”.


 
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