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martes, 10 de abril de 2012

Flamenco

Entrevista exclusiva con Farruquito

“Bailo con más Fuerzas que Nunca”

Por Guillermo Chulak

El ídolo español vuelve a la Argentina para presentar su show Baile Flamenco en el teatro Gran Rex el 24 de abril. Luego, seguirá su gira el 25 del mismo mes en el Teatro Astengo (Rosario), el 26 en el Orfeo Superdomo (Córdoba), el 28 en el Teatro Oriente (Santiago de Chile) y, finalmente, el 30 en el Auditorio Angel Bustelo (Mendoza)

 

“Bailo con más fuerzas que nunca. Tengo muchísimas ganas de hacer cosas nuevas; no puedo desperdiciar esta potencia que nunca antes sentí. Soy muy joven, a mis 29 atravieso un momento de puro agradecimiento hacia mi profesión y al público a los que dedico, día a día, mucho amor. Me brindo plenamente a ellos y a mi trabajo porque son la base de mi reconocimiento a la vida”, dice para explicar su actual estado de ánimo.

Aunque Manuel Fernández Montoya (Farruquito) no quiere dialogar de eso con la prensa, el artista supo pasar instancias muy difíciles como en 2003 cuando en pleno auge de su carrera fue condenado por atropellar y matar a un peatón. Pasó catorce meses en prisión y, luego, volvió con actuaciones aisladas hasta que formó Baile Flamenco donde interpreta seis piezas recopiladas de todos sus shows anteriores con los que ha dado la vuelta al mundo.

El bailaor entiende que el flamenco tradicional no tiene nada que ver con quedarse estancado, por eso siempre busca evolucionar en sus presentaciones a través de su mirada curiosa. “El espectáculo nace casi por pedido del público. Siempre después de un show, hay personas que se me acercan para contarme qué partes más les gustaron de algún tipo de baile. Entonces, en base a esos comentarios, rescaté lo mejor de esas vivencias. Igualmente, en las funciones improvisamos muchísimo porque así se genera más espontaneidad y transparencia a nuestra danza” dice por teléfono desde su casa en España, antes de empezar su periplo latinoamericano que lo traerá, una vez más, a la Argentina.

Se puede decir que Farruquito mantiene una relación de ambivalencia con nuestro país, de sentimientos mezclados porque en Buenos Aires murió su padre sorpresivamente en 2001 mientras dictaban un curso. “Fue muy dura esa instancia. Me llevó tiempo poder superarlo. Volver a la Argentina es encontrarme con esos recuerdos pero también con un público maravilloso que apenas me ve sobre el escenario ya empieza a gritar el típico "ole". La gente de su país tiene mucho calor que me hace sentir como en casa; siempre me tratan muy bien y quieren que dicte alguna clase cuando voy de visita”, asegura.

Farruquito es nieto, hijo y hermano de una estirpe inagotable de bailaores -comenzando por su abuelo, el gran Antonio Montoya, Farruco, ya desaparecido. Como fieles exponentes del reflejo de la cultura de su tierra, crecieron rodeados de flamenco, aunque, a pesar de esa herencia gitana, también considera otros elementos esenciales para ser bueno en la danza: “Nunca quiero transmitir nada cuando bailo; seguramente te equivoques si sales con esa presunción porque tienes que esperar que ese toque mágico llegue y no buscarlo por decisión propia”.

Otras de las claves que alimentan su larga experiencia, dedicación, esfuerzo diario y afición es que el último interés que persigue es la rentabilidad. “El dinero que genera el flamenco es poco porque los teatros no son muy grandes, las entradas nunca deben ser caras; hay que pagar a toda la compañía... Por eso, elijo hacer cosas, casi por instinto, que satisfagan mi propio disfrute”, confiesa el heredero de una tradicional familia dedicada al género.

En ese sentido, Farruquito siempre antepone la calidad del artista a las grandes escenografías porque prefiere que queden en un segundo plano. "Lo más difícil del mundo se puede aprender dependiendo del entusiasmo que se ponga para llegar a lo más natural que hay en uno y es ahí donde aparece el artista desnudo, sin ropajes, él solo con su arte", destaca.

Nuestra cultura avanza a base de estímulos visuales rápidos. Nos invade el frenético ritmo de las imágenes que nos asaltan en cada esquina. Pero hay observaciones profundas que se introdujeron en su mundo y viajaron por su interior. El flamenco empezó como una expresión del sentimiento de alegría, pero también cuando se quería expresar la tristeza, pena y rabia de los gitanos. Pasiones y emociones que hacen que este enamorado del arte siga creciendo.


 
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