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martes, 10 de enero de 2012

Balletin Dance en Chile

 

De Gira con el Met

Por Agustina Llumá

 

El Ballet Metropolitano de Buenos Aires que dirige Leonardo Reale, propone una versión de El Cascanueces para niños, que además, al presentarse de gira, incluye el intercambio con artistas locales

 

En una interesante propuesta sobre idea de Juan Lavanga, el Ballet Metropolitano estrenó en mayo de 2011 El Cascanueces y las Princesas Encantadas para niños, en el Centro Cultural Konex, los domingos al mediodía. Las funciones se llenaron de pequeños maravillados con el mundo del ballet, se extendieron durante tres meses y fue nominada a los Premios Ace. Los roles protagónicos estuvieron a cargo de Karina Olmedo y Nahuel Prozzi.

 

Posteriormente la compañía inició una gira por diferentes ciudades argentinas y chilenas con la actuación de niños locales, producción escenográfica también firmada por artistas de cada localidad alternando los bailarines en los roles protagónicos.

 

Así, en octubre estuvieron en el Teatro Astengo de Rosario con los niños del Koi Ballet y Carina Odisio como Reina de las Flores. Los protagónicos estuvieron a cargo de Natalia Pelayo y Federico Fernández, con producción escenográfica de los arquitectos Mariano Balma y Marcela Giacometi.

 

En diciembre el Ballet Metropolitano llevó esta propuesta para niños, al Teatro del Lago de Frutillar (Chile) con los niños de la escuela de artes Casa Richter. En esta oportunidad fue protagonizado por Carla Vincelli y Federico Fernández. Bajo una idea de Lavanga el segundo acto se ambientó inspirado en San Basilio, con diseños del director técnico del Teatro, Mario Soave, los telones fueron pintados por escenógrafos del Teatro Colón de Buenos Aires, bajo las órdenes de Sara Tonazzi.

 

Ese mismo mes finalizaban el año con seis funciones en el Teatro Nescafé de Santiago de Chile con los niños de la Academia Sara Nieto y Macarena Gimenez y Franco Cadelago en el pas de deux final.

 

El verano promete ver al Ballet Metropolitano el 22 de enero, en el Conrad de Punta del Este (Uruguay) con una suite, y en mayo regresan al Teatro Astengo de Rosario con el Koi Ballet.

 

La puesta

La puesta, creación de Leonardo Reale, sobre una idea de Juan Lavanga, sintetiza en dos actos el célebre ballet con música de Piotr Ilich Tchaikovsky, adaptado para ofrecer a los niños la ingenuidad, fantasía y magia que les son características. El cuento transcurre en navidad y se lo ha despojado de toda acción violenta y/o tenebrosa, para transformarse en un alegre relato, que toma a Clarita (encarnada por la adolescente Rocío Ruiz) como centro de atención. La acompañan en su aventura Drosselmeyer (Christian Pérez) y Francisco, su hermano (el también adolescente Luciano García).

 

Los ratones encarnados por los niños locales, realizarán una competencia de baile con los soldaditos, unos mostrarán sus virtudes en el hip hop y los otros en breakdance.

 

El presentador de toda esta historia, que dialoga con el público, es un mago que hará dos intervenciones escénicas al iniciarse cada uno de los actos, con sus propios trucos.

 

En el segundo acto se suceden otros cuentos para niños, con la intervención de El Gato con Botas, Aladino y su Lámpara Maravillosa, Blancanieves y los Siete Enanitos, Cenicienta, La Bella Durmiente, el Mandarín Maravilloso, además de los pas de deux propios del ballet original.

 

Finalmente, una pareja de primeros bailarines (que variaron en cada ciudad como se mencionó anteriormente) del Teatro Colón o del Teatro Argentino de La Plata protagonizan el último pas de deux, el Hada Confite con su Príncipe.

 

Al término del espectáculo los artistas se quedan en el hall del teatro, con sus vestuarios, maquillajes y tocados, caracterizados aún como los personajes, para firmar autógrafos y sacarse fotos con los infantes, que se quedan fascinados ante la proximidad de los bailarines.

 

De Gira

Las giras forman una parte importante en la vida de todo bailarín, unos más otros menos, saben recorrer largas distancias para mostrar su talento en distintas latitudes.

 

No es fácil encarar una función cuando se ha viajado por largas horas, sea por tierra, por agua o por aire. Sin embargo, esto que para cualquier mortal podría ser agotador, para los bailarines no resulta más que una anécdota. No siempre se tiene el tiempo suficiente para amoldarse a los cambios de clima, de horario, de costumbres, de comidas.

 

Más allá de estas cuestiones, los bailarines toman de muy buen grado los viajes, poder mostrarse a otros públicos siempre enciende su interés y en los recuerdos profesionales de todos ellos, siempre estarán sus predilectos en aquellas travesías de juventud.

 

Las giras no son vacaciones. Sin embargo se asemejan mucho en el sentido del descubrimiento de las nuevas realidades. La ciudad, el teatro, el escenario, los hoteles. Generalmente en los viajes reina la camaradería y en grupo se aprovechan al máximo los poquísimos tiempos libres con las ofertas del lugar. Pero los bailarines nunca pierden de vista sus obligaciones, su clase diaria, atención a las comidas, las necesarias horas de sueño... siempre existirán las excepciones pero el pensamiento central en esos días será la función.

 

Con el Metropolitano

Ya embarcar en el aeropuerto metropolitano con el grupo significó una interesante experiencia, prácticamente sin dormir por el horario de los vuelos, un numeroso grupo de jóvenes caminando con la columna erguida y los pies hacia afuera, llamaba la atención de cualquier pasajero.

 

Cargados con el vestuario que utilizarían en la función (casi nunca se despacha por temor a las pérdidas de equipaje de las aerolíneas) el entusiasmo se hacía notar. ¿Qué extraño bolso redondo llevan las mujeres colgados de sus hombros? tutús de ballet clásico. Una y otra vez habrá que mostrar su contenido en las diferentes secciones del aeropuerto. Migraciones... como señala Otto Werberg en su libro Un Hijo de Terpsícore: los artistas hacen todas las colas como cualquier persona.

 

Luego de un breve viaje a Santiago de Chile, con el cruce de la cordillera que se mostró imponente con sol radiante, nuevamente las colas, los tutús, las chaquetas, los accesorios, valijas perdidas, demoradas, encontradas. Y rápidamente abordar otro vuelo con destino a la ciudad de Puerto Mont.

 

Con una organización impecable a cargo del Teatro del Lago, anfitriones de esta gira, varias camionetas esperaban a la comitiva para realizar un último viaje hasta la ciudad de Frutillar. El cambio de clima se hizo notar al caer la noche. Mientras tanto a descansar, estirar las piernas y comida equilibrada para prepararse para el debut.

 

El día siguiente, el del estreno, comenzó muy temprano con la clase diaria, el ensayo de piso (marcaciones espaciales), el intercambio con los artistas locales, los niños que habían estado ensayando con Leonardo Reale (director, coreógrafo, maestro y bailarín en esta obra), luego una pasada general y a camarines.

 

El Teatro del Lago, recientemente inaugurado, cuenta con la última tecnología en todas sus áreas, pero además la atención de su personal hacia los artistas y el público fue estupenda. La sala comenzó a llenarse de familias enteras que llegaban a la pequeña aldea alemana desde las cercanías. Y la función cumplió con las expectativas de todos.

 

El Ballet Metropolitano está integrado por Yanina Toneatto, Maia Cambero, Stephanie Kessel, Victoria Mazari, Maitane Acúa, Rocío Ruiz, Gustavo Bravo, Emiliano Pi, Isaac Castro, Federico Campos, Walter Centurión, Luciano García y Fernando Metitiere. Todos ellos ofrecieron en Frutillar un momento de mágico encantamiento a niños, muchos de ellos en su primera incursión al ballet, que disfrutaron cada cuadro y llenaron el hall del teatro, correteando por allí en busca de su autógrafo personalizado, con cámara de fotos en mano.

 

Christian Pérez logró un Drosselmeyer con poderío de ilusionista pero a la vez con ternura, los adolescentes Rocío Ruiz y Luciano García actuaron con prolija técnica y cómoda expresividad. Con buen marco otorgado por el resto del elenco la pareja estelar realizó su pas de deux con variaciones, destacándose en su musicalidad.

 
 
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