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sábado, 10 de diciembre de 2011

Tango

La Mudanza de los Duendes

Por Carlos Bevilacqua

 

La coreógrafa Andrea Castelli lleva este mes las fantasías animadas de Fabulandia a La Botica del Ángel, un espacio que se presenta afín por originalidad y por mística

 

No es una obra más. En principio, porque el público no permanece sentado en butacas, así como los artistas tampoco se mueven en un solo espacio escénico. Fabulandia trastoca los códigos espaciales clásicos. Los espectadores son llevados por las acciones, artísticas, gráciles, nada previsibles, a diferentes ambientes. En cada caso, los protagonistas van moviéndose dentro de un amplio rango de formas, todas muy populares en los primeros cuarenta años del siglo XX, desde el swing al foxtrot, aunque con preeminencia del tango. Al mismo tiempo, lo estrictamente coreográfico adquiere una dimensión teatral rica en mensajes, cuando no en micro-historias.

 

La puesta creada y dirigida por Andrea Castelli se estrenó originalmente en noviembre de 2010. Durante dos meses de funciones, cosechó entonces elogios de periodistas y público en Querida Elena, una casa de muchos ambientes devenida teatro en el barrio porteño de La Boca. Este mes, los días 5, 6, 14, 15, 16 y 17 los duendes bailarines volverán a deleitar a quienes se animen a espiarlos en un espacio de por sí cargado de magia: La Botica del Ángel, el teatro-museo creado por el artista múltiple y productor cultural Eduardo Bergara Leumann en 1966.

 

Como entonces, el sitio vuelve a ser clave para el desarrollo de las acciones. “Es un lugar maravilloso -se entusiasma Castelli al describirlo-. Pero tiene 1500 m2, así que tuve que elegir algunos espacios y descartar otros porque, si no, el recorrido hubiese sido demasiado largo. Además, es un lugar lleno de cosas, lo cual implica una fuerte competencia visual. Terminamos usando casi todos los ambientes excepto los del último piso”.

 

En la puesta original, los espectadores podían ir viendo situaciones diversas, todas relacionadas con la vida cotidiana, algunas más íntimas, otras más públicas; algunas más femeninas, otras de energía claramente masculina. Todo a cargo de intérpretes dúctiles que van asumiendo los diferentes roles con vestuario también cambiante, evocativo de otros tiempos. Los de Gardel reinando en el mercado discográfico, los de la París de los años locos y el crack del ‘30 en Wall Street, entre otros hitos de entreguerras.

 

Todo eso perdura en esta versión 2011 de Fabulandia. A lo que se agregan varias novedades que alteran significativamente el resultado final. Cuenta Castelli: “Hicimos un trabajo casi arquitectónico, en el sentido de que todo fue adaptándose al espacio y el espacio fue proponiendo. Por eso, el lugar transformó mucho la obra. A su vez, agregué nuevas coreografías, tres de ellas con intervenciones sonoras del músico Miguel Rausch. Él trabajó sobre el imaginario que evoca La Botica del Ángel. Una de las intervenciones ocurre en el llamado camarín de la discordia, porque es el de Eva Perón y Libertad Lamarque. Ahí se escucha algo así como un contrapunto fantasmagórico entre las voces de ellas”.

 

La música, otro plano en el que la coreógrafa brilla por originalidad, también tuvo modificaciones. Así como un par de temas fueron dados de baja, se suman a la banda sonora Vida Mía, en la insólita versión de Osvaldo Fresedo con Dizzy Gillespie, el vals Parece Mentira en boca de Nelly Omar y el bolero Ojos Verdes por la Orquesta de Feliciano Brunelli.

 

Al igual que el año pasado, la preparación de la obra llevó alrededor de seis meses, con ensayos semanales que en la última etapa se duplicaron. Además de las “pasadas generales”, la directora dispuso ensayos parciales de algunas coreografías particularmente complejas, como una en la que una pareja baila swing en una cornisa. “Es un tramo muy especial porque se mueven sobre el marco de una puerta que da a un patio y terminan yéndose por una ventana. Casi como gatos”, admite risueña. Respecto de su metodología de trabajo, se reconoció muy amiga de lo escrito: “Soy muy de anotar todo lo que puedo. Siento que lo que no se escribe, se pierde. Y no sólo tomo apuntes, también trabajo mucho con el plano del lugar, sobre todo cuando tengo que manejarme con uno como este, tan grande y lleno de peculiaridades, casi laberíntico”. Esas dificultades se vieron compensadas por el buen trato que Castelli recibió por parte de los administradores de La Botica del Ángel, hoy en manos de la Universidad del Salvador. “Todo el predio, con su patrimonio, está muy bien conservado”, destaca la coreógrafa.

 

El proceso de elaboración tuvo su mayor obstáculo cerca del estreno, cuando se lesionó una rodilla el bailarín David Chartoriski, con quien se habían ensayado desde cero algunos cuadros nuevos. Aun incorporando a Javier Dessau en su reemplazo, la fecha de estreno debió postergarse un mes. “Fue complicado para todos y estuve muy mal por lo que pasó. Pero pienso que David, que ya está en recuperación tras ser operado, va a poder estar en alguna de las últimas funciones”, contó la entrevistada, que además de coreógrafa es bailarina y docente.

 

Por otro lado, este año se sumó al elenco la pareja integrada por Verónica Alvarenga y Eduardo Arias. El resto de los bailarines que lo integran ya habían protagonizado la primera serie de los episodios fabulosos: Andrea Manso Hofman, Natalia Bianchi, Gustavo Díaz, Andrés Sosa, Ivana Smoljanovich y el citado Chartoriski.

 

Para la factura y puesta en escena de la obra, Castelli contó con la colaboración de Judy Weisz en producción y de Carina Mele en asistencia de dirección y producción.

 

Por una cuestión de espacio, la cantidad de espectadores que podrá acceder a cada función será reducida (no más de cincuenta), por lo que conviene realizar una reserva telefónica antes de ir a la Botica (ver datos en Cartelera).

 

Al margen de Fabulandia, que este año sumó dos reconocimientos significativos (un subsidio del Fondo Nacional de las Artes y una declaración de interés cultural por parte de la Secretaría de Cultura de la Nación), Castelli tuvo este año otro motivo de orgullo llamado Tove’s Tango. Tal es el nombre de la obra de teatro y danza sobre la vida de la poeta danesa Tove Ditlevsen que ella dirigió y que en noviembre protagonizó la actriz (también danesa) Lene Sörensen en la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires, ubicada en el barrio de San Telmo. El año próximo esa original puesta llegaría nada menos que al auditorio de la Biblioteca Real de Copenhague, según anuncia la coreógrafa.


 
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