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sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuando de Crear se Trata

 

Por Agustina Llumá

Fotos Alicia Sanguinetti

Desde La Habana

 

Encontrarse con Ramiro Guerra es sumergirse en la historia de una danza que no termina nunca de reinventarse. A punto de cumplir 90 años el pionero de la danza contemporánea en Cuba acaba de presentar un nuevo libro que recopila algunos artículos inéditos escritos a lo largo de su vida

 

El departamento de Ramiro Guerra tiene una vista privilegiada de La Habana y del mar Caribe, ubicado en el último piso de un histórico edificio en el que las dos últimas plantas deben subirse por escalera desde su inauguración. Sin embargo en la realidad, el antiguo ascensor no funciona prácticamente nunca (por lo que hay que subir a pie los catorce pisos), los tremendos vientos que vienen con o sin huracanes han dañado considerablemente las paredes y techos del paradisíaco ático impidiendo la apertura de los postigos de las ventanas, mientras que las filtraciones lo han convertido en un colador. Así y todo, es un encantador ambiente, envidiado por más de uno, del que Ramiro Guerra no piensa mudarse, y al que todo aquel al que le interese pensar la danza no puede dejar de acceder.

 

Su casa es su centro de comando para dar forma a las investigaciones que realizó hace tiempo o para encarar sus nuevos ensayos y críticas de la actividad.

 

Ramiro Guerra fue el creador de la técnica de danza contemporánea cubana que se conoce e imparte hoy en día, fundador de dos compañías nacionales: Danza Contemporánea (tal el nombre actual) y el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba. También ha sido el pionero a la hora de escribir sobre danza en su país.

 

En su nuevo libro Siempre la Danza, Su Paso Breve…de la editorial Alarcos, que integra la colección Biblioteca de Clásicos, Ramiro Guerra incluyó artículos publicados e inéditos que fueron organizados por Lissette Hernández García, y editados por Clara Hernández y Reinier Pérez-Hernández. El texto quedó estructurado en tres partes cronológicas: de 1948 a 1978 que finaliza con un tratado de las leyes de la didáctica y la técnica de danza moderna. De 1982 a 1996 se centra en el folklore teatralizado, repasa nociones de composición coreográfica y realiza un estudio de los elencos de danza contemporánea fundados en Cuba en la década de 1980. Por último escritos inéditos firmados entre 1964 y 2005, con reseñas de obras, testimonios y un Cuestionario para Coreógrafos.

 

“Necesito tener algo en la cabeza Agustina, creo que tu también, si no, no vivimos, entonces estoy escribiendo mis memorias. Siempre escribí fragmentos de mi vida que tenía regados por allí, algunos están en este último libro, pero tengo muchos más. Será como Una Mil y Unas Noches, no es una biografía exactamente, lo llamo De La Memoria Fragmentada. Pedazos importantes de mi vida que fueron determinando una cantidad de cosas en muchos aspectos, personales, familiares, arte, estudio, búsquedas”. Así empezó la conversación con este maestro, hablando del futuro.

 

Pero simultáneamente, Ramiro Guerra está encarando un nuevo texto, será el libro La Danza en la Era de la Globalizacion “un libro muy específicamente escrito para informar las corrientes actuales de la danza, cosa bastante atrevida de mi parte, pero yo siempre me he arriesgado a cosas de ese tipo y otras también atrevidas”.

 

Algunas experiencias

Mi pasaje de ser un abogado en la universidad a bailarín, fue muy difícil [graduado en Derecho en la Universidad de La Habana en 1949, recibió la categoría de Doctor Honoris Causa en el Instituto Superior de Arte de La Habana]. Prácticamente tuve que convertirme en otro, cambiarme el nombre, echarme un peinado diferente para que mi familia no se enterara y lo hice. Lo hice. Me lancé a saber quién yo era verdaderamente, supe lo que quería y de ahí ya viene otra historia. O cuando estuve en los ballets rusos.

 

¿Cuándo empezó a coreografiar?

La primera vez... tenía un amigo que tenía un gramófono, una cosa que recuerdo muy extraña, lo puse en el suelo y enseguida me puse a bailar ahí con él, había un espejo en un escaparate. No tenía en mi familia a nadie vinculado con la danza, ni nada absolutamente. Era bailarín del barrio, de los cumpleaños, las fiestecitas. Una vez me disfracé de Pinocho y salí con las piernas al aire y parece que llamé mucho la atención en el barrio (risas). Pero nunca pensé que iba a ser profesional, en absoluto, porque no había aquí en esa época un movimiento fuerte de danza.

 

Que luego lo creó usted.

De danza, el ballet ya existía. Lo creé yo… ese fue otro de los momentos interesantes de mi vida. Encontrarme con Martha Graham, irla a buscar, encontrarla, no tenía dinero con qué pagarle, nada más fui para que me viera una semana, y después preguntar si tenían scholarships. Fue en el final de la Guerra y el Estado les pagaba a todos los soldados que volvieron, fue una época de reactivación, así se abrieron una cantidad de estudios de danza y de arte. Martha por primera vez tuvo la oportunidad de tener bailarines masculinos, un grupo fuerte. Yo no podía coger nada de eso, pero ella me dijo “venga a las clases, las puertas las tiene abiertas, si en algún momento necesitamos algún trabajito aquí, es bueno tenerlo a la mano para que usted nos ayude. Tengo unas cartas firmadas suyas. Estuve con ella muchos años, llegué hasta la clase avanzada. Incluso en un momento pensé que podía entrar en la compañía, pero todos sus hombres eran a la altura de su marido, Erick Hawkins, yo era el único chiquito. Y no. Pero estudié todo lo que tenía que estudiar allá y después vine a convertir eso en esto. Creo que también lo logré.

 

¿Cómo fue esa conversión, qué tomó de Graham?

Eso no puedo decírtelo exactamente. Antes que nada me preocupaba mucho que tomando las clases de Martha, tenía ciertas cosas físicas que no podía hacer... no sabía por qué, me lo achacaba a que había empezado un poco mayor a bailar, como a los 18 años. Pero cuando llegué aquí y me tuve que enfrentar con los bailarines cubanos, empecé a pensar que nosotros teníamos una manera, una cosa en el cuerpo, especial. Que no era la norteamericana, que era maravillosa, pero el americano es atlético. Ellos bailan triangularmente y nosotros bailamos ondulantemente. Los cubanos cuando caminan son mmmmm, son ondulantes ¿te das cuenta? A lo mejor eran imaginativas mías, pero así lo sentía. Entonces empecé a trabajar aquí con el cuerpo de los cubanos y a encontrar cosas maravillosas en su cuerpo tomándolo como cubano. Utilizaba lo mismo que Graham o no, tenía que cambiarlo, darlo a la inversa, para encontrar un punto en que ya yo me sentía que estaba cubanamente bailando.

 

Además empecé a estudiar el folklore y una cantidad de cosas de nuestra idiosincrasia, la sexualidad del cubano que es muy peculiar, o escandalosa quizás. Empecé a tomar temas cubanos, músicos cubanos, escenógrafos cubanos, a trabajar con un grupo de artistas “cubanos”, que tenían la misma búsqueda mía, y ahí, explotó la bomba (risas). Hice el tenderete delante del Palacio. Porque verdaderamente el Palacio, y muy merecido, es el ballet aquí en Cuba, pero yo puse mi tenderete. Y ahí han salido generaciones, hay espectáculos por toda la isla ahora, muy bonitos e interesantes, hay un movimiento sustancioso.

 

Bailarines

En este momento nosotros tenemos muy buenos bailarines, como hay en el mundo ahora, todos los bailarines son estelares. Los creadores son los que están desapareciendo, cuántos hemos perdido últimamente, Pina, Béjart...

 

¿La creación es una necesidad de decir algo?

Yo soy muy necesitado de decir algo. Para mi la significación en la danza es muy importante, aunque respete lo mismo que en todas las artes la abstracción, que lo ves, te gusta y ya. Sin embargo la significación te deja pensando, investigando lo que viste ¿me gustó? ¿no me gustó? Tengo un libro que se llama Develando a la Danza, en el que me he metido en la semiótica y la danza, que recibió dos premios, los últimos que tuve, uno por la investigación y otro por el libro.

 

Investigación para la creación

Cuando hacía coreografías investigaba también. Cada obra mía ha sido un mundo especial, en el que yo me he metido y he involucrado a mis bailarines mucho, les he hecho ir a museos, ver tales películas, leer tales cosas. No ponerlos a bailar y decirles hagan esto, que puede ser muy bonito, pero mejor vamos a inventar algo, a pensar algo. Aunque no elimino que pueda haber otro punto de vista, para mí la significación en una danza y dejarle el cerebro a la gente en movimiento, es fundamental. Es una cosa que no veo mucho ahora.

 

Arte sucio

Lo que se está llamando el arte sucio, la literatura sucia, ya se está haciendo danza sucia también, vaya, no me place. Se puede llegar a límites, pero cuando pasan al mal gusto, a la chavacanería, al nonsense porque sí, no. Ya hemos tenido el nonsense en todas las artes, pero ha tenido su sabor en su época, en momentos determinados, si bien tu puedes volver atrás y utilizarlo a tu gusto, debe estar muy comprometido con uno mismo. Eso es muy importante, el compromiso del artista consigo mismo. Y eso es lo que los bailarines ahora no tienen, que quieren con un coreógrafo, otro, aquí, allá, experiencias, se cansan, así se van perdiendo los repertorios.

 

¿Qué tan importante es mantener el repertorio, ver hoy una obra de hace 60 años?

De vez en cuando. Yo disfruté ver ahora Tema y Variaciones de Balanchine y ese juego de los port de bras, me recuerda que valen la pena. Después hay otra cantidad de cosas, hay tonterías que no es necesario mantenerlas vigentes. Tienes que hacer vivo tu arte, tienes que estar siempre buscando. Pero hay una pérdida de vamos a buscar algo nuevo, siempre hay posibilidades en la naturaleza, en el mundo que nos rodea.

 

Inspiración

También puede ser que a uno se le acabe la musa, está muy bien, vale. Creo que a mi se me ha acabado. La última variedad que hice fue con un grupo de danza de obesos y monté una Fedra. Un grupo de gordos, donde además hice travestismo, Fedra era su director. No los puse en ridículo, sino que quise valorarlos.

 

¿Le quedó algo en el tintero?

Sí, una cosa (sonriendo), que siempre he querido hacer, es montar algo con La Noche en los Jardines de España de Falla, una música maravillosa que no se que haría con ella. España me tocó mucho, yo me descubrí mucho cuando estuve allá, descubrí al cubano, con nuestros defectos y virtudes. Pero ya no lo voy a hacer. Con Fedra me hice hipertenso! ya no quiero arriesgar mi vida (risas).

 


Distinciones

Ramiro Guerra recibió por su trayectoria el Premio Nacional de la Danza (2000), el Premio Alejo Carpentier de Ensayo (2000), la Orden Félix Varela (1988) y la Medalla Alejo Carpentier (1984).


 
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