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lunes, 10 de octubre de 2011

 

Una de Suspenso

Por Carlos Bevilacqua

 

En la modalidad Salón, el Campeonato Mundial de Tango tuvo este año una definición antológica: la paridad entre dos parejas forzó un desempate. En Escenario también hubo mucha adrenalina, pero por la índole de la categoría

 

Fue una definición inédita: como las dos parejas mejor calificadas tenían exactamente el mismo puntaje, debieron medirse en un desempate. Inmediatamente después de recibir la noticia de parte de Fernando Bravo (conductor del evento), los colombianos Diego Benavidez Hernández y Natasha Agudelo Arboleda debieron competir con los venezolanos John Erban y Clarissa Sánchez bailando los mismos tres tangos, simultáneamente. El aire se cortaba con cuchillo. Los cuatro se movieron lo mejor que pudieron, tratando de minimizar los inevitables nervios. ¡Se jugaba tanto en esos pasos! Así transcurrieron los nueve minutos marcados por los compases de las orquestas de Di Sarli, Fresedo y Enrique Rodríguez.

 

El jurado terminó inclinándose por el estilo más sobrio, económico, pero de innegable elegancia y musicalidad de los colombianos. Tras escuchar el fallo, Diego y Natasha tradujeron toda la tensión en gritos, saltos, abrazos y puños apretados que los vincularon con los pocos pero ruidosos compatriotas que agitaban banderas tricolores en la platea, poblada por seis mil almas. Tal fue el desenlace de la final del 9° Campeonato Mundial de Tango, categoría Salón, celebrada el 29 de agosto último en el Estadio Luna Park, de Buenos Aires.

 

Con 34 y 28 años, respectivamente, los flamantes campeones son bailarines profesionales que se desempeñan como protagonistas de shows, docentes y productores de eventos en Medellín. Según contaron, hace quince años que se dedican al tango, pero sólo siete que bailan juntos. “Es una alegría muy grande, no sólo para nosotros sino para toda la comunidad tanguera de Colombia”, expresó el campeón, todavía con las pulsaciones alteradas. Ella, por su parte, opinó: “Me parece que también es una demostración de que conviene creer que sí se puede. Apuntamos a lo más alto y lo conseguimos”.

 

Llevados a mencionar referentes de peso para tan buen resultado, agradecieron especialmente las enseñanzas de los argentinos Daniel Nacucchio y Carlos Pérez, quienes los habían entrenado para la competencia.

 

Se impusieron en la final a otras 39 parejas. El resto del podio quedó conformado por los estadounidenses Brian Nguyen y Yuliana Basmajyan (tercer puesto), los italianos Mauro Zompa y Sara Masi (cuarto) y por la pareja argentino-japonesa de Cristian López y Naoko Tsutsumizaki (quintos). Curiosamente, de los diez bailarines mejor conceptuados, sólo uno fue argentino.

 

El jurado de esa noche estuvo compuesto por María Nieves, Eduardo Arquimbau, Carlos Bórquez, Guillermina Quiroga, Julio Dupláa, Jorge Torres y Miguel Ángel Zotto.

 

Otra categoría, otra historia

 

La noche siguiente, la final de Tango Escenario no tuvo una definición tan emotiva pero fue generosa en adrenalina por todo el impacto sensorial que implican siempre las exhibiciones de esa categoría. Sobre un total de veinte parejas finalistas, se coronaron Max Van De Voorde y Solange Acosta, quienes son oriundos de Resistencia (Chaco) y de Quito (Ecuador), respectivamente, pero representaron a la ciudad de Buenos Aires, ya que ella vive en la capital argentina desde muy niña y él hace ya un año y medio que se radicó en la reina del Plata. Llegaron a lo más alto con una performance muy sólida, basada en una notable técnica y una grata musicalidad, interpretando coreografías más bien básicas para el tango Zum de Ástor Piazzolla.

 

Max (21) y Solange (22) se prepararon con Germán Cornejo, campeón mundial de tango escenario 2005. “Fueron muchas horas de ensayo, muchas discusiones, algunos moretones y varios kilos menos…”, resumió Solange al referirse, ya en camarines, a “un período de rutinas extrañas”, porque ensayaban en diferentes horarios: a veces de tarde, a veces de madrugada, aprovechando los ratos libres que dejaban las obligaciones laborales.

 

Como muchos de los últimos campeones, fueron reacios a mencionar docentes que los hayan marcado particularmente. Ella opinó: “En el tango uno se forma solo”, a lo que él acotó: “Hay que ser como una esponja, para ir absorbiendo de acá y de allá todo lo que a uno le parezca bueno”. Sin embargo, él sí fue enfático al reconocer cuánto lo formó el bailarín Wálter Cocheret en la capital chaqueña.

 

El segundo puesto quedó para Cristian Correa y Manuela Rossi (representantes de la Ciudad de Buenos Aires); el tercero para Alejandro Burguer y Yésica Lozano Elías (de la localidad bonaerense de Lanús); el cuarto para Hugo Mastrolorenzo y Agustina Vignau (de Los Polvorines, también en el Gran Buenos Aires); y el quinto fue para los venezolanos John Erban y Clarissa Sánchez, los mismos que 24 horas antes habían conseguido el subcampeonato en la categoría salón.

 

Aunque fuera del podio, merecen también una mención los desempeños de Guido Palacios y Florencia Zárate Castilla (representantes de la localidad bonaerense de Ramos Mejía, que se lucieron con una alta calidad de movimientos) y, sobre todo, los trabajos de los paraguayos Armando Benítez y Seudy Villasanti (originales intérpretes de Mi Amigo Cholo con formas románticas, musicales, gráciles y fluidas) y los de Diego Benítez y Rocío Vargas (campeones de la zona Oeste del Gran Buenos Aires que innovaron con una coreografía de tono picaresco).

 

El jurado de aquella noche estuvo compuesto por Juan Carlos Copes, Ana María Stekelman, Claudio González, Gabriel Ortega, “Junior” Cervila, Nélida Rodríguez y Aurora Lúbiz.

 

Cada una de las parejas campeonas se alzó con el premio oficial de $ 30.000 y con otro cedido por la empresa Air France: un viaje ida y vuelta, estadía paga, para actuar en un escenario al aire libre junto a la mítica Tour Eiffel. Para los campeones de tango escenario se sumó un contrato para actuar durante dos meses en Japón, gracias a una donación de la asociación japonesa Min-On.

 

El Mundial de Tango es organizado por el Ministerio de Cultura del gobierno porteño y consiste, no sólo en la competencia (dividida en tres instancias eliminatorias), sino también en un rico programa de clases, milongas, conciertos y charlas relacionadas con el género típico rioplatense.


 
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