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sábado, 10 de septiembre de 2011

De Géneros y Contradicciones

Por Eliana Gissara

 

Yousef Constantino y Leandro Ferreyra encarnan, cada uno desde su estilo, la naturaleza masculina de la danza oriental en las nuevas generaciones. En esta entrevista, los bailarines ilustran la relación que los une con la danza y las dicotomías que se presentan en el aprendizaje, la enseñanza y el escenario

 

Sus carreras dentro de la danza oriental están, de diferentes maneras, enlazadas por sus ancestros. En un caso desde lo absoluto de la sangre. En otro, desde el destino, siempre ineludible. Pertenecen a dos generaciones distintas pero conviven bajo un mismo paradigma, que es el de afianzar la masculinidad en una danza comúnmente asociada a la mujer.

Ser hombre y bailar danza del vientre se presenta como el primer interrogante a develar. Quizás no para aquellos que pertenecen al circuito amateur y profesional de esta danza, en la cual la figura del hombre está ampliamente naturalizada, pero sí para los que miran de reojo lo que en este ambiente sucede. Con la fuerza que esgrime la danza folklórica, Yousef Constatino pertenece a la segunda generación de bailarines argentinos que han avanzado en el conocimiento por las danzas autóctonas y tradicionales de Medio Oriente. Leandro Ferreyra, desde su frescura e histrionismo, está abriendo aún más el espectro del bellydance y las fusiones con otras disciplinas.

¿Cómo fueron sus comienzos en la danza oriental?

Yousef Constantino: Soy nieto de egipcios. Desde chico estoy inmerso en el idioma y la música oriental, de hecho mi madre tenía discos de pasta de las grandes orquestas. Empecé en la danza a los 13 años bailando folklore argelino y luego me fui interiorizando en los distintos folklores de Egipto y Medio Oriente. A los 15 años entré en un conjunto de folklore libanés y con ellos nos presentamos en el primer Encuentro Internacional de Danzas Arabes (EIDA) de Amir, en el Teatro San Martín. Recuerdo que había hecho una danza con dos bastones y enseguida Amir me convocó a su compañía. Desde ahí no paré: perfeccioné mis conocimientos en danza del vientre y con el tiempo llegué a ser el Primer Bailarín de la Arabian Dance Company. En 2007 fui maestro del EIDA en danzas tunecinas. Allí vio mi curso una bailarina de Italia y me llevó a enseñar a su escuela y poco a poco se me fueron abriendo las puertas en Europa, Centroamérica, México y otras geografías.

Leandro Ferreyra: Comencé a los 13 años con clases de ballet y modern jazz. A la par, mi madre bailaba danzas árabes pero no profesionalmente, de hecho fue alumna de Amir y de Yousef. Yo siempre fui reacio a la danza árabe, la veía desprolija y poco elegante. Pero a los 17 comencé a tomar clases folklóricas con Amir, entré a su compañía y me di cuenta que podía bailar aún siendo hombre. De todos modos me alejé un tiempo del árabe para empezar mi carrera en el Instituto Universitario Nacional del Artes (IUNA) y nuevamente por intermedio de mi mamá, que tomaba clases de danzas de la India, asistí a uno de sus seminarios y volví al mundo oriental, pero esta vez desde el bollywood. Me sentí atraído por esta danza, sus mudras. Paralelamente fui creciendo en la danza árabe y volví a ser convocado en la compañía. Ahora estoy dando mis primeros pasos en el exterior. Nunca pensé que este hobby se transformaría en mi profesión: lo que vivo, lo que quiero, lo que sueño y lo que veo a futuro.

Ambos expresan diferentes repertorios dentro del universo de la danza oriental. ¿Con qué estilos se sienten identificados?

LF: Mi repertorio es variado: bollywood, bellydance y danza contemporánea. Hoy no podría elegir uno de los tres. Soy de los que creen que nada te llena, todos estos estilos aportan en su medida. El bollywood me brinda lo alegre, lo exótico; la danza árabe me conecta con el lado femenino -el cual todos los hombres tienen- sin perder la masculinidad; y la danza contemporánea es un vuelo total, no hay límites, es la evasión, caer y volver a subir. Esas tres cosas me hacen sumamente feliz.

YC: Mi estilo es folklórico, desde el género egipcio, las danzas turcas, las danzas del norte de África. Años atrás la danza oriental no era mundialmente considerada una disciplina. Pero con los años ha crecido y los bailarines nos hemos enriquecido a través del conocimiento de todos estos folklores. Hoy tiene un lugar muy importante en el escenario, al haber podido incorporar la técnica de otras disciplinas pero nunca abandonando el estilo. Esta danza tiene un carácter distinto. Las personas estamos ligadas a la sociedad a través de movimientos fríos y lineales. Cuando uno se encuentra con movimientos completamente redondos y ondulantes cuesta conectarse con el cuerpo.

LF: Y desde el lado masculino es más rico todavía: transformar el movimiento redondo para un hombre, seleccionar los pasos y la forma de hacerlos.

¿Qué particularidades tiene el hombre en la danza oriental? ¿Cómo es la relación con los movimientos?

YC: En el hombre el trabajo es doble: por un lado tiene que ser masculino en el escenario, conservando su rol. Sin embargo, frente a sus alumnas tiene que plasmar “el personaje” de la bailarina oriental y para hacerlo debe conocer a la mujer, sus detalles en la vida cotidiana, cómo se maneja, la actitud. El hombre se vuelve detallista del sexo opuesto. El maestro que instruye frente a un espejo tiene que mostrar toda la sensualidad y el lado femenino para servir de modelo a la alumna. Yo siempre digo que uno es “bailarina” frente al espejo y “bailarín” frente al público.

LF: Coincido plenamente con lo que dice Yousef. También creo que los movimientos están muy vinculados con la emoción. Cuando hablamos de sentir la danza árabe no debemos caer en la simulación de la emoción. Se trata de sentir en el cuerpo lo que expresa cada paso. La expresión se fue perdiendo a medida que ganó la técnica, pero ahora está ganando terreno la expresión como actuación y creo que eso tampoco es bueno, ahora ves que una bailarina tiene una cara para cada paso.

¿No es esto consecuencia de la enseñanza que se aplicó en los últimos años?

YC: Lo que pasa es que la danza oriental es compleja en cuanto al entendimiento: hay disciplinas que se basan mucho en la técnica mientras que la emoción pasa a un segundo plano. En la danza oriental pasa lo contrario, creo que es un 50 y 50; además de un marco teórico que hace referencia a la danza que estoy bailando, qué representa, por qué se usa el elemento, por qué se emplea ese vestuario.

LF: Y trabajar la emoción con una danza disociada a nivel corporal pero manteniendo el eje universal de la danza es complejo. También creo que hay que manejar distintas herramientas según el ámbito donde se ejecute la danza. Es decir, no es lo mismo bailar ante embajadores, que en un teatro o en una reunión social.

¿Son exigentes con ustedes mismos?

YC: Sí, a veces me ha pasado de no disfrutar una performance por imaginar problemas con el vestuario; en el folklore hay tanta ropa que a veces te preocupás porque todo esté bien. En las clases soy exigente conmigo y con mis alumnas. Por lo general preparo las clases en el momento, dejo volar mi cabeza y ahí trabajo las secuencias in situ. Como bailarín tampoco armo mis coreografías porque si no me esquematizo.

LF: Yo en cambio suelo preparar las coreografías con antelación, admiro a la gente que puede improvisar en el momento. De todos modos también tiene que ver con el momento personal, con el tiempo uno va ganando seguridad y se conoce a sí mismo. Esto empezó a aparecer recién ahora en mis shows, dejando partes libradas al azar, a lo que surja en el momento.

Ambos viajaron a Egipto. ¿Qué experiencias pudieron absorber del lugar?

YC: La experiencia fue tanto a nivel cultural como artístico. Por un lado me encontré con mis antepasados, pude comunicarme con la gente y conservar el lenguaje, recorrer los barrios, entender la música desde otro lugar… Por otra parte, absorbí la emoción con la que transmiten un paso básico o una ondulación de vientre. Y bailar en el festival Ahlan Wa Sahlan fue tocar el cielo con las manos. Allí me despedí de la Arabian Dance Company porque me estoy abocando de lleno a la enseñanza. Amo ser profesor, quiero seguir formando bailarines, es mi meta.

LF: Yo fui en búsqueda de lo oriental. Cuando uno aprende estas danzas aprende su cultura, la vive. Y la experiencia fue muy fuerte, días de llanto y risa en una sociedad con muchos contrastes, un súper auto y un burro esperando para avanzar en la calle, hombres caminando del brazo como algo natural… Desde la danza aprehendí esa emoción que transmiten las bailarinas, el shaabi que se baila en los boliches, ver a una grande como Dina cambiarse en 8 tiempos y dirigir todo… Porque la bailarina egipcia es una showoman: agarra el micrófono, para a la orquesta, se arregla el vestuario, controla al público.


 

Por último, ¿qué tomó cada uno de su maestro, Amir Tlabeb?

 

YC: Ante todo tomé muchas cosas de su persona, la presencia sobre el escenario, la organización de los eventos, la responsabilidad con la que encara su trabajo. Hemos compartido infinidad de viajes y supimos diferenciar el artista de la persona. Amir ha depositado su confianza en mí recomendándome a ciertos lugares y dejando muchas veces su escuela a mi cargo.

 

LF: Esa responsabilidad de Amir es fundamental para el artista. Yo tomé de él la locura, porque Amir es un innovador, está a la vanguardia y se retroalimenta siempre, por eso se mantiene. Y le reconozco su capacidad para abrir puertas, como también lo ha hecho Saida con otras bailarinas. Son referentes y creo que eso es sinónimo de respeto.

 

YC: Si bien ambos pertenecemos a la escuela de Amir, queda claro que Yousef es Yousef y Leandro es Leandro. Cada uno de nosotros estamos identificados por lo que hacemos sin tener que subrayar que estudiamos con Amir. Nosotros forjamos nuestra propia identidad.


La Fiesta de la Danza Árabe

Del 22 al 25 de septiembre tendrá lugar el XIII Encuentro Internacional de Danzas Árabes (EIDA) organizado por el Maestro Amir Thaleb. En esta edición las estrellas invitadas serán: Raquia Hassan (Egipto), Saida (Argentina), Bozenka (Estados Unidos), Munique Neith (España) y Leandro Ferreyra (ver nota).

A lo largo de tres días estas talentosas figuras impartirán workshops, para lo que se espera una nutrida asistencia de bellydancers en el tradicional Golden Center. En tanto, los días siguientes jueves, viernes y sábado por la noche, desde las 21 horas, se realizarán las Galas con la presencia de la orquesta Horus Arab Music, los diseños de Fernando Corona y las performances de la Arabian Dance Company, el Ballet de Cámara Amir Thaleb, Ángeles Cayunao, Carla Pedicone, Florencia Kirlis, Pablo Acosta y muchos bailarines más.


 
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