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sábado, 10 de septiembre de 2011

Córdoba | Entrevista

Encarnar a los Personajes

Por José Luis Thomas

Maximiliano Guerra, en un reportaje exclusivo para Balletin Dance, antes de salir a escena en su versión de Carmen, junto a Patricia Baca Urquiza y el Ballet del Mercosur en el Teatro Del Lago de Villa Carlos Paz, Córdoba estas vacaciones de invierno

Dos horas antes de la función, sala vacía, escenario iluminado, bailarines ensayando, la sensación única de sentir la dimensión del tiempo entre bambalinas, su olor especial, cables, objetos y trastos que quedan de otras puestas, y en el camarín Maximiliano Guerra y Patricia Baca Urquiza inician su conversación con este cronista. Ante los espejos comienza la lenta transformación de las personas en personajes, la realidad se vuelve una abstracción.

La cigarrera Carmen se impone concentrando las miradas en un creciente juego de sensualidad y fatalismo. El teatro repleto de un público atento como todas las noches -dice Guerra- experiencia que se repite desde Mar Del Plata, toda la Patagonia, Cuyo, el Noroeste, Olavarría y más…  

 

¿Influyó su paso por el programa Talento Argentino en la afluencia de público?

Creo que sí, la televisión debe haber sumado público que quiere ver qué hace Maximiliano Guerra arriba del escenario, aunque siempre fui muy popular.

Mientras su mujer aclara: “Maxi volvió a bailar clásico y la gente acostumbrada a verlo haciendo contemporáneo, rock, necesitaba este retorno a lo romántico. Su estampa viril, que se aprecia sólo con verlo caminar en el escenario, su vigor. En Carmen se lo ve como un hombre enamorado”.  La concepción coreográfica compartida entre Guerra y Gabriela Pucci mantiene el perfume de la versión de Alberto Alonso, que Guerra califica de genialidad, y aclara: “verán algo parecido con una concepción diferente. Nada es en vano, todo el camino que se hizo incursionando en el rock, en el tango, en lo contemporáneo con obras densas como Consecuencia o El Mito, trajo un público nuevo de todas las edades”. 

¿Cómo fue incluir en Carmen la visión de Manuel Callau desde lo actoral?

Soy coreógrafo, director de la compañía y bailarín. Para hacer el proceso del personaje hay que llegar a una especie de crisis y no me sentía capacitado para conducir a los bailarines en esta experiencia, dirigirlos y al mismo tiempo trabajar como colega. Entonces monté la coreografía, la dejé en manos de Gabriela Pucci y convoqué a Manuel (tipo bárbaro, director genial) para que hiciera todo el proceso de dramaturgia con nosotros: cómo se llega a sentir, generar el rol, internalización de los personajes. Trabajamos intensamente el por qué de determinados actos y situaciones.

Tuve la suerte a los 14 años de trabajar la actuación con Jorge Roca, con improvisaciones en la búsqueda del personaje y a partir de ahí lo implementé en todos los roles que hice en mi vida. 

La técnica, la actuación

La música de los tangos que integran la primera parte del programa llega al camarín entremezclando a estos personajes de una historia clásica con ritmos que también despliegan, como la música de Bizet, sensualidad y dramatismo. En ese clima Guerra agrega “Siempre trabajé la técnica, pero para mi tiene mucho valor contar el cuento, que se entienda lo que pasa más allá de cuántas piruetas haga o de cuánto salte”. 

El pasado

En la extensa conversación Maximiliano Guerra recordó entre otras muchas situaciones, cuando a los 18 años, luego de bailar con Julio Bocca y Vladimir Vassiliev en el Luna Park se hizo un brindis, y Vassiliev dirigiéndose a sus representantes dijo: “tienen que cuidarlos mucho, son dos joyas” es decir darles una educación artística integral.

Al remontarse desde sus primeros años de estudiante, Guerra confiesa: “Cuando comencé pensé: ¡qué bueno sería bailar en el Teatro Colón como primer bailarín! Y un día me encontré a los 21 años bailando en Leningrado (San Petersburgo) en el Kirov (Mariinsky), solito, saludando con un teatro que se caía”. En ese camino lleno de sorpresas “me sorprendió lo que dijo Nureyev de mí, el éxito en La Scala de Milán, las veces que giré el mundo, Japón, Moscú; que Griola me designara primer heredero de Vassiliev de Espartaco. También estas giras me sorprenden, que en Saenz Peña pusieran las entradas a la venta veinte días antes de la función y que se hayan agotado en solo dos jornadas. 

Las tablas, la creación

Maximiliano Guerra se muestra como un hombre sencillo, de una dureza algo retórica y un sentido humano muy pronunciado. Entre el bailarín y el coreógrafo le atrae más estar en escena: “Como coreógrafo me encanta manipular el espacio con cuerpos ajenos, está buenísimo. Me interesa que el bailarín esté cómodo. Es una acción muy creativa, placentera y como director soy muy exigente pero también muy cariñoso marcando lo que hicieron bien, aunque también por supuesto, les diré lo que hicieron mal. 

¿Seguirá con propuestas coreográficas clásicas?

Lo mío siempre fue la danza clásica, y Carmen es una vuelta a la danza clásica desde el ballet argumental. En Intimo (el espectáculo anterior) bailamos con Patricia una coreografía mía llamada Cuando Bailamos con música de Emerson Lake & Palmer. También hicimos Paquita, Raymonda y Don Quijote, y La Última Luna con música de Rachmaninov, un pas de deux también clásico. Pero Carmen marca un retorno a contar una historia. 

País Federal

Merced al programa televisivo que lo tiene como jurado, Guerra recorre todo el país en búsqueda de talentos, y considera que “es bueno que podamos darles una mano para que los vea todo el país”. Pasar por el concurso no es principio ni fin de nada. Ahora sí -aclara con la seriedad que lo caracteriza y los mismos ojos críticos cáusticos que utiliza al hacer las devoluciones a los participantes-: habiendo vivido sobre los escenarios y creyendo que es un lugar de gran posibilidad y vida, cuando le faltan el respeto me enoja mucho, no lo puedo evitar, y como soy honesto y sincero, les digo lo que tengo que decir.

Por otro lado el bailarín confiesa: Mi carrera en el exterior fue fantástica, pero un día me cansé de viajar, las cosas cambiaron. Hoy prefiero viajar por mi país -y agrega- abrimos una carrera en Mendoza, en la Universidad, para generar bailarines profesionales y profesores. En Córdoba también el seminario funciona muy bien. Formamos artistas dúctiles, que tengan posibilidad de expresarse.


 
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