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martes, 10 de mayo de 2011

Dulces Devaneos

Por Carlos Bevilacqua

 

Un tono de liviano romanticismo distingue a las coreografías que Dana Frígoli montó en La Musa del Capricho, que continúa en cartel este mes en el teatro El Cubo

 

En un contexto de fórmulas repetidas, el montaje de un musical de tango que busque diferenciarse ya representa un intento valioso. Si además el resultado es tan consistente como ocurre con La Musa del Capricho, la noticia es definitivamente buena. La obra, estrenada el 17 de marzo, es una producción de la compañía DNI Tango que estará en cartel hasta el 19 de mayo en El Cubo, el teatro del barrio porteño del Abasto.

 

Con más danza que actuación, las acciones narran las vicisitudes de la joven protagonista (interpretada por Dana Frígoli) en su búsqueda de pareja. Ya el programa de mano hablaba de “la dulzura, el riesgo y el desafío que constituye todo encuentro”. Sensaciones que adquieren significantes potentes en los cuerpos de los nueve bailarines. Con un alto y parejo nivel técnico, interpretan coreografías de una original belleza que no se anclan en la gravedad típica del tango, sino que circulan hacia zonas más frescas, livianas, lúdicas.

 

“Quise trabajar con el humor y contar cosas fuertes, pero desde un lugar liviano. En parte para que mis condicionantes jueguen a favor. Tengo un elenco de gente joven y me pareció que con esas personas tenía más chances de llegar a un lugar verdadero si apostaba a un tono liviano. Pero también porque tenía ganas de salir de la tónica que venían teniendo mis espectáculos anteriores, muy teñidos de lo pasional y del amor-odio típicos del tango”, cuenta Dana Frígoli, bailarina protagónica y a la vez productora, coreógrafa y co-responsable de la puesta en escena de la obra.

 

Otro dato a tener en cuenta para entender el impacto emocional de los movimientos es que las coreografías grupales son muchas más que las habituales en shows de tango. Y el nivel técnico aludido se pone a prueba en secuencias de muy lograda sincronización. Pero los movimientos simultáneos de las parejas no son permanentes, sino que suele ocurrir que alguna de las duplas se va del movimiento colectivo para re-insertarse unos segundos después, tras haberse lucido con algún dibujo diferente. Un vestuario por demás elegante, diseñado por Lorena Lepone, suma encanto a las imágenes.

 

Respecto del proceso de elaboración, cuenta Frígoli: “Empecé a pensar los lenguajes y las coreografías sola, en marzo del año pasado. Después hice como una línea de tiempo sobre la que fui desplegando todos los recursos. Recién en septiembre empezamos a ensayar, primero tres meses seguidos y este año durante todo febrero”.

 

El lenguaje coreográfico con que se expresan los intérpretes, si bien básicamente tanguero, es ecléctico. Por un lado, porque combina formas tradicionales con algunos elementos del llamado “tango nuevo”. Por otro, porque incluye léxico de la danza contemporánea y, en menor medida, del folklore argentino. En particular, resulta un feliz hallazgo la interpretación de una zamba (Zamba Triste de Luis Salinas) con pasos de tango por parte de Frígoli y Adrián Ferreyra.

 

Al referirse a la génesis de la puesta, la creadora admite un cariz autobiográfico en los episodios. “Me parece que las obras siempre cuentan un poco de uno. En este caso en particular, yo me siento bastante desnuda en el escenario. Eso no quiere decir que yo haya vivido lo que pasa en la obra exactamente así, pero sí me interesó llevar algunas de las vivencias que tuve entre los 20 y los 30 a un lugar cotidiano, como para que cualquier espectador se pueda sentir representado”.

 

Los meritorios ejecutores de las ideas descriptas son Adrián Ferreyra, Maximiliano Carroz, Raúl Palladino, Rocío Lequio, Jonny Lambert, Virginia Vasconi, Juan Alba, Candela Ramos, Carina Quiroga, María José Martirena, Juan Pablo Canavire, Mariana Soler y Fernando Romero, además de la propia coreógrafa.

 

Casi siempre dentro de una musicalidad clásica, siguen piezas poco previsibles: desde Ausencia (del bosnio Goran Bregovic) hasta una milonga del argentino José Teixidó, pasando por una versión tangueada del clásico mexicano Cielito Lindo. En este rubro, resulta fundamental el trabajo de Edgar Ferrer, quien compuso especialmente la mitad de toda la música que se escucha en los sesenta minutos de la obra. Hasta creó, en asociación con Gastón Mazieres, las dos canciones que Frígoli canta desde grabaciones.

 

Como costado débil, podría señalarse que la dramaturgia queda algo diluida en algunos episodios relativamente aislados. Para lo cual conspira el desempeño de la protagonista, poco convincente en los tramos en que declama un texto.

 

Un fragmento de La Musa del Capricho se había podido ver los días 12 y 13 de marzo en el Parque de la Memoria, durante la última edición de Ciudanza, el festival de danza en lugares públicos que organiza el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Fue muy importante para nosotros ser seleccionados por los curadores -evoca Frígoli-. Y muy fuerte actuar en un lugar tan cargado de significados para la historia argentina”.

 

Al comparar este trabajo con los anteriores de DNI, la creadora opina: “Veníamos contando de una manera más poética. En A-Realidades, por ejemplo, trabajábamos mucho sobre las máscaras, las caretas, las formas en que uno se presenta ante los demás. La Musa del Capricho es más directa, más literal, más allá de que tenga sus momentos oníricos”.

 

Fundada en 2005 por Dana Frígoli y Pablo Villarraza (hoy alejado del proyecto), la compañía DNI Tango se caracteriza por una visión holística de la danza, en la que están contemplados no sólo asuntos obvios como la técnica sino también la preparación psico-física del bailarín a través de diversas disciplinas auxiliares, como la danza contemporánea, el contact, el fly-low y el yoga, entre otras. “Hacemos venir a los docentes y todos tomamos las mismas clases juntos en un lugar propio, donde funciona nuestra escuela -explica la directora-. Ese es uno de los factores que le da al grupo una cohesión especial”. 

 

En la agenda de DNI ya está anotada una gira con La Musa del Capricho por Alemania, Italia y Rusia durante septiembre y octubre de 2012. Para ese entonces, la obra tendrá dos cuadros más, según planea la coreógrafa.


 
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