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martes, 18 de enero de 2011

Internacionales / Cuba

El Mundo Baila en La Habana (segunda parte)

Por Agustina Llumá

Del 24 de octubre al 8 de noviembre se realizó el Festival Internacional de Ballet número veintidós presidido por la prima ballerina assolutta Alicia Alonso. Cantidad de bailarines y coreógrafos de todo el mundo fueron invitados para actuar, reponer y crear con el Ballet Nacional de Cuba

 

Coreógrafos Invitados

La compañía anfitriona invita a coreógrafos para que creen obras expresamente para los bailarines cubanos. En general viajan a la Isla algunos meses antes del Festival para seleccionar a los intérpretes y comenzar con el montaje. Luego, poco antes de que comience la locura del encuentro, terminan sus obras para poder estrenarlas durante los días del Festival.

Así, este año Alicia Alonso propuso al español Antonio Ríos “El Pipa” (flamenco) una versión de El Amor Brujo sobre la partitura de Manuel de Falla que se estrenó en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana junto a la Orquesta Sinfónica del Teatro con la cantante Dayamí Pérez del Teatro Lírico Nacional.

El coreógrafo situó a la historia en un puerto, y en sus propias palabras tuvo poco de brujo y mucho de amor. Excelentes fueron las actuaciones de Viengsay Valdés (Candela) y Omar Morales (Carmelo), quienes cambiaron de amor por Jessie Domínguez (Lucía) y Alfredo Ibáñez (José). La obra comenzó con niños de la Escuela Elemental de Ballet Alejo Carpentier que recitaron algunas frases, palmearon y bailaron. “El Pipa”, cual Angel-Dios-Santero del amor, apareció digitando el destino de cada personaje, destacándose sus movimientos de manos y zapateos. El lenguaje usado para el BNC fue clásico mientras él se mantuvo en un flamenco puro, logrando combinar acertadamente los port de bras de ambos estilos, en una buena puesta en escena. Valdes, sólida en su actuación, convenció al público demostrando una vez más sus dotes actorales, inclusive al arrojarse desde el faro a los brazos de sus compañeros.

El canadiense Peter Quanz (contemporáneo) estrenó Le Papillon con música de Jacques Offenbach, también en el Lorca con su orquesta sinfónica. La puesta resultó un exquisito homenaje a Marie Taglioni y a su destacada y joven alumna Emma Livry, en una versión que no tiene conexión con la coreografía original sino con la relación de aquellas mujeres. Taglioni creó una única coreografía que fue para su alumna más prometedora, quien poco después fue una de las tantas víctimas del fuego en el escenario allá por el siglo XIX. Dice la historia, que una noche se negó a utilizar la protección que se exigía en la época -pues no le permitía moverse con libertad y además era antiestético- y envuelta en gasas y tules al acercarse a una luminaria de gas fue inmediatamente invadida por el fuego. La dramática historia no terminó ahí, sino meses después de una tremenda agonía.

En el más puro ballet clásico, Valdés fue Taglioni, Elier Bourzac su partenaire y Carolina García una excelente y severa -pero afectuosa- maestra. La escenografía discreta, de escenario desnudo, permitió ambientar una sala de ensayo del mil ochocientos con espejos incluidos, y a la vez un escenario, para un excelente final, mágico y cautivante.

El catalán Ramón Oller (contemporáneo) eligió una sucesión de postales habaneras en su Habanera Suite con las voces y la música de Liuba María Hevia, Marina Rossell, Carlos Cano (algunas canciones de autores argentinos) y Steve Reich. Esta vez enmarcados en el lenguaje de la danza contemporánea, Annette Delgado y Alejandro Virelles encabezaron las piezas inconexas, entre ellas la apertura con el regreso al escenario de María Elena Llorente acompañada por Javier Torres, mientras que el final fue con Todo Cambia de Julio Numhauser, también en el Gran Teatro de La Habana.

Por otro lado, también viajan coreógrafos para montar obras creadas con anterioridad. El italiano Luc Bouy (partenaire de Ana Laguna en la Giselle de Mats Ek) llevó El Perfume un duo de amor sobre la encantadora voz de la portuguesa Dulce Pontes y partituras de Frédéric Chopin. Aquí nuevamente Valdés se destacó por su calidad técnica, en pasajes del tipo cámara lenta perfectamente acompañada por Elier Bourzac.

Víctor Ullate llevó un fragmento de Samsara (2006) con música oriental, que encabezó Bárbara García junto al cuerpo de baile y solistas cerrando la Gala de Clausura de este Festival. La obra completa se basa en algunos aspectos cruciales de la vida del coreógrafo. “Creer que podemos encontrar algún placer duradero y evitar el dolor, es lo que el budismo denomina el Samsara, un ciclo sin esperanza que se repite indefinidamente una y otra vez y nos causa grandes sufrimientos”, palabras de Pema Chödrön, es una de las frases que Ullate proyecta (no en Cuba) sobre el telón de fondo.

En cuanto a creaciones, también se presentaron a los trabajos ganadores del Concurso Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso, que organizan en conjunto la Sociedad de Autores y Editores de España junto al BNC, en forma bianual. Por primera vez este año se dio el primer premio en forma compartida para Espectral de Maysabel Pintado (Cuba) y Entomo de y por Elías Aguirre y Alvaro Esteban (España). Esta edición de la competencia no hace más que confirmar que el mundo atraviesa una crisis creativa.

Creaciones cubanas

También hubo estrenos mundiales de Alicia Alonso como es habitual en los festivales, y de otros coreógrafos cubanos. La directora ofreció tres propuestas dedicadas a importantes figuras de la cultura de su país, en el Gran Teatro de La Habana: Muerte de Narciso sobre música del cubano Julián Orbón, en homenaje y sobre un texto homónimo de José Lezama Lima (en el centenario de su nacimiento), que fue encabezado por Yanier Gómez. La Noche del Eclipse sobre música del también cubano José Manuel “Lico” Jiménez, con vestuario de Frank Alvarez, un dúo de amor interpretado por Anette Delgado (súper musical) y Yadil Suárez basado en la historia real de Juan Borrero y Carlos Pío Uhrbach y relata su primer encuentro el 10 de marzo de 1896. La Flauta Mágica sobre la original de Lev Ivanov con música de Riccardo Drigo (que nada tiene que ver con la de Wolfgang Amadeus Mozart), una obra que se había perdido en el tiempo y fue el director de orquesta Richard Bonynge quien la recobró para realizar una grabación con la Orquesta de la Royal Opera House de Inglaterra, en 1987. Y él mismo dirigió a comienzos de noviembre de 2010 a la Sinfónica del Gran Teatro de La Habana para este estreno, protagonizado por Viengsay Valdés y Elier Bourzac. La coreógrafa realizó una recomposición en base al argumento de Ivanov, a las partituras de Drigo y al dominio del estilo de la danza y la pantomima del período de la versión original, que dio como resultado un símil de Giselle.

Eduardo Blanco estrenó expresamente para Yanela Piñera y Javier Torres Idilio con música de Luis Enrique Bakalov, tierno, amoroso, cariñoso, si bien mantuvo la estructura de un pas de deux clásico, ofreció algo diferente.

Por su parte el destacado coreógrafo Iván Tenorio creó Ellos Bailan Preludios de Chopin, que fue interpretado por Anette Delgado, José Losada, Yanier Gómez, Serafin Castro, Osiel Gounod, Adrian Molina y Yonanh Acosta. Como su nombre lo indica fue una sucesión de preludios, con piano en escena (esta fue una edición del Festival con exceso de piano en escena) que permitió el lucimiento de las futuras estrellas del ballet cubano.

De las cuantiosas reposiciones firmadas por Alicia Alonso, se destacó Umbral con música de Johann Christian Bach, como muestra de prolijidad, de escuela, de comunión, con hermoso vestuario de Salvador Fernández y escenografía de Zaida del Río.

 

Recuperación del pasado

El Ballet Nacional de Cuba también revivió creaciones del pasado, olvidadas en la mayor parte del planeta. Fueron dos re-estrenos firmados por Agnes de Mille que dieron una imagen del mundo creativo de la genial coreógrafa estadounidense. Tres Vírgenes y Un Diablo con música de Ottorino Respiggi, a cargo de Ivette González, Ivis Díaz, Gretel Morejón y Ernesto Díaz. Una Rosa para Miss Emily sobre partituras de Alan Hovhaness protagonizado por Bárbara García y Javier Torres.

Por otro lado se mostró La Muñeca Encantada (The Fairy Doll) de Nicolai y Sergei Legat con música de Joseph Bayer, un trío lúdico en el que dos bailarines vestidos de Pierrot, juegan a seducir infantilmente a la muñeca (Bárbara García), con todo tipo de destrezas que permitieron disfrutar de los talentos de Yanier Gómez y Osiel Gounod.

Entre muchísimas (verdaderamente muchas) reposiciones, el BNC volvió a reponer Apolo de Balanchine en versión original completa (que ya no se monta en ninguna compañía del mundo) y que estuvo magníficamente interpretada por Sadaise Arencibia, Yanela Piñeira, Amaya Rodríguez, Ivette González y Javier Torres.

Y para la gala final el Grand Pas de Quatre de Jules Perrot sobre música de Césare Pugni por Viengsay Valdés (Taglioni), Yanela Piñera (Cerrito), Anette Delgado (Grisi) y Sadaise Arencibia (Grahn) en una excelentísima demostración del más puro estilo romántico.

Ver primera parte del informe publicado en Balletin Dance de diciembre 2010 (Año 17, Nº 194)


 
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