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viernes, 10 de diciembre de 2010

Internacionales / Cuba

El Mundo Baila en La Habana (primera parte)

Por Agustina Llumá

Como cada año par, la capital cubana se llenó en octubre de bailarines, coreógrafos, productores y periodistas especializados de todo el mundo. Y este 2010 fue especial. Cumpleaños número 90 de de la directora del Ballet Nacional, año Alicia Alonso declarado por el país caribeño

 

El 22º Festival Internacional de Ballet de La Habana se celebró del 24 de octubre al 8 de noviembre de 2010, fundamentalmente en la capital cubana aunque también se incluyeron otras ciudades cercanas. Este encuentro se basa fundamentalmente en las presentaciones del Ballet Nacional de Cuba y de artistas y compañías invitadas del exterior, en un promedio de dos espectáculos diarios en tres teatros (Mella, Carlos Marx y Gran Teatro de La Habana).

Las funciones fueron programadas a las cinco de la tarde y a las ocho y media de la noche, pero durante el día las actividades comenzaban bien temprano. La Casa del Ballet Nacional de Cuba (BNC), ubicada en el barrio de El Vedado, a dos cuadras del Malecón que bordea el Mar Caribe, comenzaba a despertarse a las nueve. Clases del elenco local y de artistas invitados fueron impartidas por las más prestigiosas maestras de la compañía: Aurora Bosch, Marta García, Loipa Araujo, Svetlana Ballester, entre otros. Simultáneamente comenzaban los ensayos en distintas salas, a cargo de diferentes maestros repositores y coreógrafos de variadas nacionalidades.

Mientras tanto, cruzando la calle, el Centro de Prensa del Festival recibía la visita de los invitados para reunirse con los periodistas especializados. Los noticieros nacionales transmitieron durante todo el festival informes especiales, y muchas funciones fueron transmitidas en directo por la televisión cubana.

A continuación los días festivaleros continuaban con presentaciones de libros, de DVD, de documentales, exposiciones de artes plásticas, fotografía, presentación del sello postal en homenaje a Alicia Alonso, el Ministro de Cultura Abel Prieto entregó la medalla del Premio Lezama Lima a la máxima exponente del ballet cubano y hubo visita a la Escuela Nacional de Danza -semillero del BNC-, entre tantas otras actividades.

Alicia Alonso, fue la gran homenajeada de este año, pero también ella realizó sus homenajes. Impecable a sus 90, estuvo presente en todas las actividades, incansable, con su andar en dehors y sus sabias palabras, cada vez que aparece sobre el escenario, los aplausos de su público se extienden varios minutos en el antiguo Teatro. El presidente Raúl Castro asistió a su lado en el palco oficial, a dos espectáculos, para disfrutar de las funciones y a la vez para remarcar el apoyo estatal a la compañía nacional que es fundamental para su perfecto desarrollo.

Se realizaron reconocimientos a Galina Ulanova (en el centenario de su nacimiento) y a Vladimir Vassiliev, ambos en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana que comenzaron con exquisitos documentales mostrándolos con escenas bailadas a lo largo de sus carreras. Hubo también una gala en homenaje al gran escritor Lezama Lima (centenario de su natalicio) en la que Alonso estrenó Muerte de Narciso inspirada en un cuento homónimo.

Por su parte Vassiliev como presidente de la Fundación Ulanova, homenajeó a la Alonso con el premio Galina Ulanova, una preciosa escultura, también le regaló una pintura original suya (además de pintar hace unos años lo hace bien) que muestra el primer acto de Giselle, y de ofrecer encantadoras palabras, recuerdos y relatos de sus experiencias juntos.

El título de este artículo no es casual, tal el nombre del libro de José Luis Estrada Betancourt que compila entrevistas a invitados internacionales en diversas ediciones del Festival. El volumen fue presentado en el Museo Nacional de la Danza que dirige Pedro Simón, y cuenta con una alta calidad de impresión, papel y fotografías a todo color. Allí se reunieron entre otras nacionalidades, a algunos argentinos: artistas de la talla de Paloma Herrera, Julio Bocca, Maximiliano Guerra, el coreógrafo Jorge Amarante, el productor Oscar Viaño, la fotógrafa Alicia Sanguinetti y la periodista que escribe este informe. Visitantes frecuentes del encuentro bianual, relatan sus experiencias en La Habana, junto a la propia Alicia Alonso y tantos otros maravillosos bailarines, coreógrafos y directores de compañía.

 

El Ballet Nacional de Cuba

Efectivamente es el elenco cubano la máxima estrella del Festival. A su cargo tuvieron cinco ballets integrales -o de noche completa como se dice en el hemisferio norte- (Giselle, El Lago de los Cisnes, Coppelia, Shakespeare y su Máscaras y La Bella Durmiente del Bosque), cantidad de reposiciones, estrenos en Cuba y estrenos mundiales creados expresamente para ellos por los españoles Antonio Ríos “El Pipa” y Ramón Oller, el canadiense Peter Quanz, el italiano Luc Bouy, y los locales Iván Tenorio, Eduardo Blanco y la propia Alicia Alonso.

Una de las particularidades del BNC, como señala Loipa Araujo en el documental realizado por la televisión española que se presentó la noche de la apertura, es que influye sobremanera tener a todas las generaciones vivas presentes en cada ensayo. Al menos así sucede durante el Festival de Ballet: las generaciones anteriores, trasladan sus conocimientos a los bailarines del momento, en detalle, cada gesto, cada paso, cada desplazamiento, tiene su explicación.

Seriedad, respeto y trabajo. Premisas que se trasladan a la escena.

Se saltea a continuación cualquier referencia a la técnica propiamente dicha. Pues todos los bailarines cubanos se encuentran en perfecto estado físico, con precisión en sus movimientos, todos se quedan suspendidos en el aire al saltar, todos realizan miles de vueltas al girar, todos elevan las piernas altísimo, todos estiran sus pies, todos elastizan sus demi plies, todos se quedan en perfecto equilibrio cuando quieren, todos alcanzan velocidades siderales cuando se lo proponen. Cada actuación es un desafío nuevo para sus posibilidades técnicas, muchos complican aún más sus saltos, sus piruetas de partenaire, sus grands piruettes a la seconde.

Cuatro fueron las primeras bailarinas que encabezaron las funciones Viengsay Valdés, Anette Delgado y Sadaise Arencibia, y Bárbara García de la anterior generación. De ellas Valdés fue la que cautivó a la audiencia por su desarrollada técnica y por sobre todas las cosas su interpretación. Baila porque nació para ello. De dramáticas actuaciones, con fuerte personalidad y lúdicas apariciones.

Arencibia se destaca por su phisique du rol -de largas líneas y cuello de cisne-, en las obras románticas, en los ballets blancos y en aquellos personajes etéreos. Delgado por su parte, por su temperamento escénico también se ubica mejor en representaciones delicadas.

Sus compañeros más frecuentes fueron Javier Torres con una madurez interpretativa interesante, Elier Bourzac sumamente expresivo y descontracturé y Alejandro Virelles que avanza sobre la senda de los anteriores con distinguida elegancia. 

El cuerpo de baile, simplemente excelente. Cuando deben ir al unísono lo hacen, ya sean dos, tres o todos juntos. Manejan claramente las diferencias estilísticas propias de cada período del ballet de repertorio clásico, las formaciones sobre la escena son exactas, las líneas, las filas, las diagonales. En los pequeños detalles se hace la diferencia, todos tienen las cabezas en la misma dirección y pose, lo mismo ocurre con sus brazos, si son redondeados, estirados altos o bajos, incluidas sus manos.


 
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