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jueves, 11 de noviembre de 2010

Diez Cruces

Por Román Ghilotti

 

En la ciudad de Rosario, entre el 18 y el 26 de septiembre, se realizó el Festival El Cruce 2010, décima entrega del evento

 

Con organización de Coreógrafos, Bailarines e Investigadores del Movimiento Independientes de Rosario (Cobai) y del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC), en El Cruce 2010 pudieron verse trabajos coreográficos, intervenciones urbanas y obras de video danza.

 

Entre las obras, el viernes 24 se presentaron Linde por la Compañía Andrea Saltiel de Buenos Aires, Punto Ciego de Joel Inzunza de Chile, Stumbling de Pepa Sanz de Madrid (España) y Bicentenario de Marcos Peralta de Rosario.

 

Linde, espectáculo que tuviera temporada recientemente en Buenos Aires (ver Balletin Dance N° 189, julio de 2010), cobró, gracias a las mayores dimensiones del espacio del CEC respecto de la sala porteña, notable realce en términos de las imágenes que construyó con su dispositivo espacial, un laberinto de cartón donde evolucionaban los bailarines.

 

El solo de Inzunza, que se instaló en una suerte de repliegue espacial, armando sus secuencias de contrastes y control de esfuerzos en zonas reducidas de la escena, apeló a restringir fugas y proyecciones insistiendo en lo que su título anunciaba, esto es, en explorar el punto ciego del lugar en que estaba el intérprete.

 

El flamenco con aditamentos kinéticos de tinte contemporáneo, más los recursos gestuales que daban cauce a variaciones fuertes o sutiles del trabajo sobre el eje, fueron los componentes de la pieza de Sanz, Stumbling, ejecutada en un escenario de pequeñas dimensiones en el bar del CEC. El piso de ese tablado no era el más apropiado para el zapateo, cosa que la española, de excelente manejo de su lenguaje y haciendo de carencias virtudes, aprovechó para su obra (“stumbling” puede traducirse como “tropiezo” o “tropezando”).

 

Bicentenario con dirección de Susana Petrelli, combinando teatro de títeres y danza, y con la impronta de un espectáculo de variedades o de cabaret, reunió en su discurso de humor, crítica y disparate, una lectura del bicentenario de la Revolución de Mayo desde una perspectiva actual. La expresividad de Peralta, cruzando el manejo de títeres con danza y monólogos, todo con sesgo kitsch, recorrió los contrastes entre posiciones casi xenófobas, homofóbicas, oportunistas y tolerantes asociadas a políticas en uso.

 

El sábado 25 se vieron: Proyecto Vacío por el grupo Banfield Teatro Ensamble de Buenos Aires, Después de Mi del Grupo Seda de Rosario, Conversaciones con el Océano de Rodrigo Chaverini de Chile y Govinda por el grupo Namashivaya de Rosario.

 

Proyecto Vacío, con dirección de Silvina Linzuain, imágenes digitales y música de Marcelo Lupis e interpretación de Soledad Gutiérrez, instaló un dispositivo lumínico proyectado sobre la escena. Entre las luces blancas en fondo negro, que diseñaban figuras y habilitaban zonas donde ver y otras oscuras, Gutiérrez, de impecable dominio corporal, jugaba secuencias de movimientos y detenciones en las que se configuraban diálogos entre su cuerpo, el espacio, la música, la claridad y la sombra. La ideación que Linzuain puso en escena pasó por momentos plásticos, a modo de paisajes visuales de luz y cuerpo femenino, por otros más climáticos y de permanencia de estados y formas, y otros más rayanos en asociaciones a ámbitos siderales o de ciencia ficción. En estas transformaciones temáticas, y por sobre ellas, la relación entre el vacío y el cuerpo, se impuso como línea dominante para una poética sobre la efectiva posibilidad del juego entre luz, oscuridad y cuerpo en danza.

 

Con Después de Mi (dirección de Andrea Ramos e interpretación de Eugenia San Pedro y Elisa Pereyra), se asistió a un trabajo que, desde una temática intimista y emotiva, diseñó estructuras de danza en lenguaje contemporáneo.

 

El trabajo de Chaverini, Conversaciones con el Océano, consistió en un breve solo centrado temáticamente en los efectos del mar sobre un cuerpo. Con sonidos oceánicos, el intérprete jugó con poéticas de percepción y pequeños despliegues en movimiento evocando la presencia del agua, la marea y las olas.

 

Con un recorrido kinético apoyado en danzas indias e indonesias, transitando estilizaciones y juegos de formas y secuencias algo contemporáneas occidentales, Govinda, coreografía de Daniela Azar, con interpretación de Georgina Ranzuglia, Julia Ferres, Lucía Mantero, Daiana González y Yanina Capobianco, puso una nota étnica en el festival.

 

Y el domingo 26 la oferta fue: Caleidospectus de Proyecto Alunisono de Rosario y Danzadensa de Tamia Guayasamín de Ecuador.

 

La primera, una coreografía de acrobacia aérea que plasmó figuras en transformaciones, a modo de caleidoscopio, construidas por sus cuatro intérpretes de marcada destreza (Anabel González, Laura De Dominicis, Cecilia Bustamante y Caterina Stefanoff).

 

Tres hermanos, los Guayasamín (Tamia en dirección e interpretación, Natalia en música y José en video), hicieron, con Danzadensa, un espectáculo en el que se fusionaban las proyecciones, por detrás y sobre el cuerpo de la intérprete, con las diferentes figuras y presencias que desplegaba la bailarina y las entradas sutiles del paisaje sonoro. Básicamente visual, el efecto de conjunto, de parsimonioso desarrollo, rescataba aspectos anamórficos con los que el cuerpo en danza parecía correrse de la figura humana hacia otras corporeidades.

 

Varias intervenciones urbanas también formaron parte de El Cruce. Entre ellas, Diagonal de Soledad Verdún (Rosario), Antonia los Puntos de la Recta y… de Cecilia Pugin (Buenos Aires), Adaptaciones Simultáneas de La Licuadora (Chile) y Pasión por las Veredas sin Mosaicos de El Taller (Rosario), poblaron con experiencias simples, especialmente inclinadas a mecánicas sobre patrones de movimientos, la explanada del CEC, a orillas del Río Paraná. También en ese espacio, Homenaje a Pina Bausch, una intervención nocturna con dirección de Graciela Casanova (Instituto Superior Provincial de Danzas Isabel Taboga), con la participación de más de veinticinco intérpretes, recordó y recreó el imaginario de la coreógrafa alemana con citas a algunas de sus obras y nuevos desarrollos como posibles continuaciones de las mismas.

 

El Cruce incluyó varios seminarios, entre ellos: De la sensación a la composición, filosofía y movimientos (Marie Bardet, Francia), Going up thinking down - Going down thinking up (Sebastián García Ferro, España) y Colaborativo de flamenco contemporáneo (Pepa Sanz, España), entre otros.

 

También se realizaron dos mesas-foro, La problemática de la crítica y periodismo en danza, con periodistas especializados, y Festivales independientes, con organizadores de festivales de danza.

 

Asimismo se presentaron la publicaciones, Inquieta, Revista contemporánea de danza y artes del movimiento producida por Cobai, y los libros: Danza moderna y posmoderna, Configuración de un campo artístico de Marcela Massetti y Terpsícore en unos y ceros de Silvina Szperling y Susana Temperley, este último ya extramuros del festival, el jueves 30, oportunidad en que también se proyectaron selecciones de videos danza de VideodanzaBA 2010 y El Cruce 2010.


 
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