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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Entrevista a Carolina Agüero y Darío Franconi

 

Con John Neumeier

Por José Luis Thomas desde Córdoba

 

En ocasión de la visita de Carolina Agüero a nuestro país, primera figura del Ballet de Hamburgo que dirige John Neumeier, Balletin Dance conversó sobre su actividad en Alemania

 

Carolina Agüero, nacida y criada en Córdoba, viajó en sus vacaciones acompañada por su marido Darío Franconi, también bailarín y cordobés. Teresa Del Cerro, bailarina y coreógrafa reconocida internacionalmente, oriunda de la provincia mediterránea, fue una de sus principales maestras, y gracias a su gestión se acordó esta entrevista.

 

Precedida por críticas elogiosas que destacan la capacidad de Agüero para los roles dobles como Odile y Odette en El Lago de los Cisnes -tanto que la consideran como a la legendaria Margot Fonteyn-, la bailarina ha desarrollado un manejo técnico tan impecable que le permite abordar el repertorio hamburgués con libertad absoluta dejando fluir el otro aspecto fundamental del ballet, que es la emoción, los sentimientos, para convertirse en parte de la música.

 

Verla bailar es realmente un placer estético y espiritual. Más aún al conocer la evolución que alcanzó aquella niñita apasionada de la danza con enormes condiciones, al saber encausar su carrera de manera eficiente. El trabajo y la aplicación diaria, incluso en estos días de vacaciones en que toma clases con Del Cerro, habla de un profesionalismo que merece ser destacado.

 

Su personalidad fuerte y arrolladora emana una energía especial desde el escenario que llega a los espectadores, reconvirtiendo el instante en una suerte de vuelo nupcial.

 

Esta charla entre coterráneos se concretó en un bar del centro de la capital cordobesa.

 

­“Salí de Córdoba, -dice con su voz dulce- fui a Buenos Aires, estuve trabajando un tiempo con Julio Bocca, de allí a La Plata y después nos fuimos con Darío, mi esposo, a Chile, donde estuvimos un año con Ivan Nagy. El Ballet Municipal de Santiago maneja muy bien el repertorio clásico, incluso antes de comenzar a trabajar vimos una función que no olvidaré nunca, nos pareció europea. Esa experiencia hizo que quisiéramos abrir un poco más la cabeza y tratar de realizar otras cosas, algo más neoclásico, trabajar directamente con los coreógrafos.”

 

¿Cómo fue la experiencia cualitativa de integrar distintos elencos?

Fue un in crescendo muy positivo. En Europa se trabaja muy bien. Para un sudamericano al principio puede ser un poco shokeante porque uno tiene horarios y hay que respetarlos. Se trabaja con disciplina, es todo un reto, pero es el camino si a uno le gusta y quiere seguir su carrera. Quizás antes se trabajaba en el Colón de esta manera, algo que sé por mis maestros, Olga Ferri por ejemplo, aunque no fue lo que viví. Pienso que ahora trabajando en Europa es lo mismo que había sido en aquella época en Buenos Aires y me gusta mucho, lo disfruto. Siempre tengo algo para aprender, de un bailarín, de alguien que me corrige, ver otra gente, es un placer.

 

Apasionada

“Soy muy perfeccionista, pero no loca, no obsesiva, tengo más paciencia. Al salir de argentina creés que porque sabés girar, saltar y hacer piruetas ya está, pero hay otras cosas importantes para hacer como afinar el cuerpo, la técnica. Todo se va logrando a medida que uno va conociendo y ampliando su conocimiento, hay que entender muchas cosas para que salgan bien.”

 

¿Por eso toma clases aún cuando está de vacaciones?

“Y sí, tengo que hacerlo (risas), por lo menos dos semanas antes de que comience a trabajar tengo que ir un poco al gimnasio y hacer algunas clases. Ahora al llegar hacemos Un Tranvía Llamado Deseo y El Lago de los Cisnes y tengo que estar en forma.”

 

Ballet preferido

“En Chile hice La Bayadera y ese ballet clásico me encantó. En Finlandia hicimos con mi marido la premier de El Lago de los Cisnes y fue muy lindo porque bailé con él cosa que no hacemos habitualmente.”

 

Emoción

“Siempre me gusta preguntar hasta el último detalle del personaje. Tenemos la fortuna de trabajar con John Neumeier entonces puedo preguntarle a él directamente. Es una suerte tener al coreógrafo vivo. Me gusta conocer al personaje para interpretarlo con mucha naturalidad.”

 

¿Odette u Odile?

“El Cisne Negro por mi carácter. El Cisne Blanco es muy difícil, pero creo hacerlo muy bien. Cuando uno tiene la madurez suficiente puede hacer profesionalmente cualquier cosa. Mi personalidad es fuerte, me gusta mucho el drama, Romeo y Julita de John Cranko, me gusta mostrar sentimientos, pero creo que recién ahora estoy aprendiendo, y en esta compañía se aprende, aún haciendo drama.”

 

Un Tranvía Llamado Deseo

“Seré Stella, tengo que estar rubia, con el estilo de los cincuenta, es muy interesante para mí. Esa obra la creó en el ’75 o en el ’76. La película que ví con Marlon Brando comienza cuando Blanche va a ver a su hermana. Pero aquí en el ballet comienza por el final, él tiene que explicar todos los personajes, y hay que hacerlo con movimientos.”

 

¿Qué otros roles hará al regresar?

“En Ilusión, que es la vida de Luis de Baviera, hago la princesa.”

 

¿Cuándo conoció a Darío Franconi?

“Es cordobés, lo conocía porque íbamos a los mismos maestros. Pero fue cuando me fui a vivir a Buenos Aires cuando comenzamos a salir, yo tenía veinte años él es un poquito más chico, tenemos una muy buena relación.”

  

 

Darío Franconi a su lado, alto, muy escultural, permanece en un silencio admirativo hacia su mujer.

“Me gusta mucho trabajar en la compañía de John Neumeier -señala Darío-, es un desafío constante, hay mucho para bailar. Creo que en los últimos cuatro años hemos bailado más que en los quince anteriores de carrera. Tenemos más posibilidades de bailar roles diferentes, que son ideales.”

 

¿Qué personajes interpretó?

“Desde que estoy en Hamburgo bailé el príncipe de La Sirenita, que es un ballet que John creó para la compañía de Dinamarca y disfruté bailarlo. En Un Tranvía Llamado Deseo hago de Mich”, destacó entre sus predilectos.

 

“Si no amás lo que hacés, no podés ir a bailar a Hamburgo, quedás eliminado de entrada. Y por otro lado uno tiene que aprovechar el tiempo, porque se baila hasta cierta edad y se pasa muy rápido. Hay que estar en forma: terapia, masajes, descansar, comer bien, para estar en pie y bailar al ciento por ciento. Cada cambio que hemos hecho ha sido para mejor.”

 

Agüero agrega: “Estábamos en Finlandia, yo tenía 31 años, estaba muy bien, trabajamos con Neumeier tres semanas. Él explica tan bien lo que quiere, habla desde su propia perspectiva, hacía tiempo que queríamos algo así pero no sabíamos de su existencia y decidimos tirarnos el lance: le preguntamos si habría alguna posibilidad de ir a su compañía. Teníamos una expectativa positiva porque habíamos sido interesantes para él en un principio. Creo que no sabía que éramos pareja, lo que es muy lindo, cuando el coreógrafo gusta de las dos partes por separado. Hicimos la premier en Finlandia y una semana después nos llamó diciendo que nos contrataba para la temporada siguiente, el cambio fue duro, pero muy positivo.”


 
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