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lunes, 11 de octubre de 2010

“¿Podrías probar no ser un japonés haciendo butoh si no ir más allá de eso?”

Por Laura Lifschitz

Del 23 al 28 de agosto Katsura Kan, gran maestro de la danza butoh, visitó Buenos Aires y en diálogo exclusivo con Balletin Dance, deslumbró por su brillantez para reflexionar sobre lo que  considera un arte de vanguardia en este siglo XXI

La razón de la estadía de Katsura Kan en la capital argentina, fue brindar un intensivo workshop para bailarines, actores y performers a la vez de una charla magistral abierta al público en general, que ofreció por invitación de la Dirección Nacional de Música y Danza de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Barrio de Almagro. La esquina de Billinghurst y Tucumán era testigo de dos mujeres que se movían al tiempo de un pianista. Desde una mesa, un hombre saboreaba un porteño café con leche. Era de mañana y pocos en el barrio sabían que quien miraba tras los vidrios de aquel lugar era Katsura Kan, quien visitó nuestro país a fines de agosto para dictar un curso a aquellos interesados por este arte nacido en el siglo XX y que, según el maestro, nunca deberá perder su carácter de vanguardia. Sin embargo, Kan no había desembarcado desde Japón. Hace un tiempo que es un artista nómade, y actualmente transcurre su vida en los Estados Unidos, pues considera que allí hay buenos cimientos para desarrollar la danza butoh.

Katsura Kan pertenece a las primeras generaciones de este movimiento. Se formó con Tatsumi Hijikata (creador del butoh), Yukihiro Hirota, maestro de la Escuela Kong de teatro Noh, y con Ben Shuharuto,  maestro de Danza Tradicional Javanesa en Jokjakarta, Indonesia. Ahora, Kan considera que el butoh en Japón se ha anquilosado y hasta es ignorado. Y más allá de la isla, la imagen que de la danza butoh se tiene parecería responder más al exotismo que a un movimiento genuino donde lo más humano del hombre debe ser conducido hasta los límites de lo inhumano y la no belleza. En eso el maestro Kan es claro y contundente.

La historia de la danza butoh revisada

Butoh es un movimiento artístico de vanguardia nacido en la Segunda Guerra Mundial. Lo interesante es que en Japón la comunidad accedió al butoh prácticamente dos décadas después, en 1976. Si bien la corriente había surgido en 1959, recién en la década de los sesenta fue conocida como arte performático, en sintonía con los aires de la época, como el grupo Fluxus, en el que artistas japoneses también participaban.

Pero el butoh siempre se enfrentó a las resistencias. Según Kan “los movimientos artísticos en cualquier caso siempre buscan por un nuevo vocabulario. Es difícil preguntarse acerca de si butoh es un arte o una danza. Lo principal que quiero demostrar es que butoh es un movimiento artístico, como el de la danza contemporánea. Y como cualquier otra experiencia artística, tiene sus diferentes líneas. Kazuo Ohno es como Isadora Duncan: filosofa y baila. Martha Graham ya tenía un estilo, y en ese sentido (Tatsumi) Hijikata está más cerca. Luego hubo una generación en la que estuvieron involucrados  Ko Morobushi, Carlota Ikeda y Yumiko Yoshioka, que se fueron a Europa en los setentas. Después se acercó Kazuo Ohno, Sanka Yuku y una vez, Hijikata. En las décadas de los ochenta y de los noventa muchos llegaron a Japón para estudiar butoh. Los occidentales que fueron a estudiar no tienen mucha idea de lo que es butoh, aunque así lo creen: terminaron por estilizarlo y fijarlo en una estructura que poco a poco se apaga. La mayoría de esta generación en general fijó su imaginación, lo que provocó una cerrazón para el movimiento de vanguardia”.

Generalmente se ha asociado al butoh a las experiencias de Hiroshima y Nagasaki, concepto con el que Kan está en desacuerdo. De ser así, cualquiera interesado por el butoh estaría pendiente de encontrar el horror específico de esa etapa histórica de Japón, lo cual impediría un avance del movimiento de vanguardia. Lo que sí puede decirse es que butoh expresa lo no humano que hay en cualquier experiencia histórica, y por ende, humana.  “El punto de la Guerra es un punto muy importante para guardar, para tener en cuenta. Pero no hay que creer que las bombas nucleares están relacionadas con butoh. El haber enfatizado este aspecto tiene que ver con cierto documentalismo que se difundió en Austria, relacionándolo con las deformidades producto de estas bombas. Especialmente los norteamericanos se sienten íntimamente culpables, y quizá por ello resultó atractivo para los europeos dar esta mirada de butoh. Pero es muy peligroso, porque fija una mirada. Yo quiero destruir esto todo el tiempo. Porque este tipo de tragedias están pasando en todo el mundo aún hoy”.

El origen de butoh es otro. En 1959 se veía en Japón algo íntimamente relacionado con el tabú, y el sinsentido, al punto que se acercaba, para Kan, a la estupidez. Así empezó. Luego de diez años, butoh se vio influenciado por la danza contemporánea y expresionista, principalmente por Mary Wigman. A partir de allí, también se comenzó a hablar de cuerpos grotescos. “No se busca la belleza, sino estar detrás de la belleza, incluido lo bello que hay dentro de lo grotesco. Ahora bien, qué de grotesco hay en butoh y qué de grotesco hay por fuera de butoh no podemos saberlo. Es muy difícil discernir la frontera entre una performance en donde estas consideraciones pueden ser entendidas como artísticas y las que no. En tanto haya algo nuevo -que muestre algo más que el acto de existir de un movimiento del cuerpo- sí hay arte”, asegura el maestro.

Un arte de vanguardia

¿Cómo perseverar en hacer de butoh un movimiento de vanguardia que no pierda su dinamismo? Así lo explica Kan: “La actitud que yo desarrollo en mi trabajo es que estoy interesado en algo, no enseño nada. Pero trato de guiar a la gente hacia movimientos que no sean humanos. En este caso, es interesante cuando esos cuerpos generan algo que no está relacionado con lo humano pero que resulta interesante en escena. En muchos casos, al no poder categorizar bajo ninguna danza occidental, quienes asisten a estos eventos dicen finalmente: ‘Ah, esto es butoh’.  Inclusive Kazuo Ohno e Hijikata al ser preguntados dicen que no hacen butoh, no se preguntan por ello, sino que siguen el propio interés conjugado con la realidad, es algo surrealista”.

El butoh fuera de Japón

Para Katsura Kan, “filosóficamente, en Japón, butoh está fijado”. Por este motivo, él trabaja en sus obras aspectos que lo acercan a otras experiencias de vanguardia no niponas, como la obra Quad de Samuel Beckett, que está siendo presentada en los Estados Unidos junto a una serie de charlas que el maestro tiene planeadas para los próximos meses. Pues butoh no es un arte no verbalizable. Si bien su expresividad no sea la de un sistema filosófico, la articulación de un lenguaje para hablar de esta experiencia más allá de lo humano es necesaria como búsqueda de este artista.

En sus propias palabras: “Me fui de Japón porque allí no puedo sobrevivir como artista, pero además los artistas necesitamos trabajar más alrededor del mundo. Por otro lado, cuando vi butoh fuera de Japón me di cuenta de que es sólo una imitación incorrecta del cuerpo japonés. Por ello, Min Tanaka viene diciendo que butoh es sólo para un cuerpo japonés. No estoy de acuerdo con esto. Cualquier persona con un background cultural que le permita comprender la historia está disponible para trabajar con butoh. Mi propuesta es preguntar: ¿Podrías probar no ser un japonés haciendo butoh si no ir más allá de eso?”.

Respecto de su visita a la Argentina, el maestro Kan ve que “acá todos tienen mucha experiencia y vienen de distintas áreas. Es como si hubiera ido a Europa y hubiera tomado un puñado de líneas artísticas. No conozco aún otros países de Sudamérica, pero creo que puedo esperar que acá se vaya desarrollando un butoh bastante interesante. Nosotros nos enfocamos en el cuerpo y nos concentramos en la investidura del cuerpo. Quiero contribuir a la sociedad y a lo humano. No se trata de una psicoterapia. Somos lo humano, pero como proceso de la historia. Todavía no podemos categorizar en qué aspecto somos humanos”.

Para Kan, “butoh nace como invento de vanguardia. Es imposible conservarlo con el transcurso de los años. Es como una explosión que nació, pero debería seguir produciendo pequeñas detonaciones. Ese es el modo de poder seguir haciendo butoh. Mi contribución es mostrar mi butoh para unirme a otros intentos, por eso estoy trabajando con la obra de Samuel Beckett y la tragedia de Edipo. Es parte de la búsqueda de un nuevo estilo en la historia del teatro y de la danza. Al mismo tiempo quiero compartir mi espíritu con las nuevas generaciones para que vayan más allá de mí”.


 
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